Josele Santiago: “No queda más remedio que envejecer, así que intentaremos hacerlo con estilo”

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“En mis tres primeros discos en solitario estaba obsesionado con el directo riguroso, todo con sonidos naturales y a la vez”

 

Los días 9 y 10, Josele Santiago actúa en Madrid en dos conciertos que conformarán su próximo disco en directo. Carlos H. Vázquez habló con él sobre el oficio de escribir, su último trabajo con Los Enemigos y su etapa solista.

 

Texto: CARLOS H. VÁZQUEZ. Fotos: PATRICIA J. GARCINUÑO.

 

Alguien escribió en Twitter que si a Bob Dylan le daban el Nobel de Literatura, a Josele Santiago (Madrid, 1965) tendrían que darle el Cervantes. Tiene que ser complejo hacer una canción; contar una historia, componer una melodía, ponerle música y que luego vaya de la mano de la letra. Pero al final, a voz y guitarra, se puede defender el tema con una garganta afinada a base de pastillas Juanola (porque hace falta muy poco para ser feliz).

Estos días, 9 y 10 de octubre, Josele Santiago ofrecerá dos conciertos en Madrid para grabar su próximo disco en directo. Es el siguiente paso tras publicar “Las golondrinas etcétera” (EMI-Virgin, 2004), “Garabatos” (EMI-Virgin, 2006), “Loco encontrao” (El Volcán, 2008), “Lecciones de vértigo” (El Volcán, 2011) y “Transilvania” (Altafonte, 2017). Entre los dos últimos transcurrieron seis años porque se embarcó en una nueva gira de Los Enemigos (La Revuelta Enemiga), y en el lanzamiento de “Vida Inteligente” (Alkilo Discos, 2014). Pero la máquina compositiva, entre uno y otro, seguía funcionando.

El oficio de escribir

No son tanto los motivos sino las circunstancias por las que el observador Josele Santiago concede trazos de tinta al papel de su libreta. Ahí comienza el ciclo y la complejidad de hacer una canción que luego, vaya usted a saber, pueda terminar en un disco y marcharse de gira con una banda de rock and roll. Decía Fernando Fernán Gómez en “El tiempo amarillo” que, para la gente de su edad o similar, el tiempo tiene la delicadeza de pasar sin hacer ruido. Josele tiene 53 años y no quiere nada salvo “estar tranquilo y seguir haciendo canciones para grabarlas y girar por ahí”. ¿Será, entonces, como dice la canción ‘No se equivoca el mal’, que el propio mal se limita a esperar contemplando el tiempo? Su autor dice que no, que uno no puede limitarse a mirar, aunque sea una opción como otra cualquiera, que él lo contempla pero con sus conclusiones, aunque advierte que las canciones no hablan de él.

Como observador, considera que “es parte del trabajo —de escribir canciones— tener la antena puesta y contemplar, observar, fijarse…”. De hecho, trabaja caminando con una libreta en el bolsillo y un bolígrafo que procura llevar siempre para ir apuntando cosas mientras da paseos por algunos de sus lugares favoritos. Es simple: un lápiz, un papel, una guitarra y estar en contacto con la naturaleza, “si puede ser. Y si no, pues donde sea; también me apaño”. En los rincones preferidos, como todo el mundo, escribe y saca conclusiones. Es posible que para conocer las canciones de Josele haya que conocer también sus bosques favoritos.

 

La Revuelta Enemiga

Con la última reunión de Los Enemigos, al ver que merecía la pena grabar un disco, Josele Santiago se preguntó (y le preguntaron) si había material suficiente. Y sí, lo había, pero no del todo (“casi”, matiza), aunque podían intentarlo. “A mí esto me pilló trabajando en un hipotético quinto disco en solitario que tenía bastante avanzado”, aclara. Por lo tanto, algunas de las canciones que estaban destinadas a “Transilvania” acabaron en “Vida inteligente”. Ahora no recuerda cuáles, pero confirma que de las catorce publicadas en ese álbum de Los Enemigos solo la mitad estaban destinadas a formar parte del hipotético quinto disco en solitario.

 

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“No escribo para Los Enemigos, ni para mí. Yo escribo canciones y estoy todo el rato escribiendo”

Los Enemigos se reunieron de nuevo en 2012 para hacer algunos conciertos. En realidad, para un solo concierto, según admite Josele, pero luego decidieron continuar. Al cabo de dos años y algo se dieron cuenta de que estaban comportándose como un grupo vivo y que merecía la pena plasmarlo de la mejor manera: grabando un disco. “Aquello había traspasado la categoría de reunión puntual para convertirse en una etapa más de Los Enemigos”. Distanciada en el tiempo, pero una etapa más, al fin y al cabo.

Por otra parte, cabría preguntarse si alguna o algunas de esas canciones que iban para un quinto trabajo y no entraron en “Vida inteligente” acabaron formando parte de “Transilvania”. Pero Josele responde con un “no” tajante que en dos segundos se convierte en un “creo que no”. Todo tiene explicación: “Yo lo veo desde dentro como una cosa bastante más continua. Quiero decir, no escribo para Los Enemigos, no escribo para mí. Yo escribo canciones y estoy todo el rato escribiendo”. Y añade: “No recuerdo si alguna de las que escribí después con la idea de que fueran a ‘Vida inteligente’ están ahora aquí. Me parece que no”, porque prácticamente tuvo que empezar de cero… y viceversa.

 

Vestir una canción

Josele no piensa en estilos. Alguna vez se ha sorprendido pensando en ello, pero se lo ha quitado de la cabeza de inmediato. “Para mí, una canción es una melodía, una letra y una estructura. Si esa canción sale bien, digamos, luego la puedes vestir con cualquier estilo”, sea rumba, sea rock and roll, sea charleston o… sea lo que sea. Se puede adaptar una buena melodía, una buena letra e incluso puedes cambiar la estructura. En el pasado 2016, el programa de RTVE “Cachitos de Hierro y Cromo” propuso a Josele Santiago versionar el tema “La tristeza de ser un electrón”, de Antonio y Carmen, hijos de Junior y Rocío Dúrcal. Pese a la marcianada, Josele resolvió la propuesta vistiendo de blues y de chanson la canción, mejorándola incluso: “Cuando la escucho, veo que hay una buena canción, y digo: ‘¡Coño!’. Entonces es cuando te planteas ver qué vueltas le puedes dar y qué puedes hacer. Fue muy divertido, de hecho. Es lo que te comentaba: una buena canción la puedes vestir como quieras”.

 

 

Sus Menudencias

Desde que publicó “Las golondrinas etcétera”, su primer disco en solitario, encontrar una banda estable era uno de los problemas principales con los que se había topado. Tras dejar Los Enemigos, Josele se hizo llamar Maestro Pocero, “un pseudónimo que decidí utilizar, en un principio, cuando salía por ahí a tocar, a tantear un poquito con la acústica”, dijo en 2004 en IndyRock durante la presentación de “Las golondrinas etcétera”, donde trabajó con Nacho Mastretta en la producción y con Luca Frasca, Ricardo Moreno, Pablo Navarro y Pablo Novoa como banda.

Después, en “Garabatos”, es el propio Pablo Novoa quien coge el mando de la producción y son Luca Frasca, Mac Hernández, Ricardo Moreno, Nacho Mastretta y Marina Sorín los nombres que conforman la banda del segundo disco. Con el siguiente, “Loco encontrao”, se incorpora el nombre de la banda: Josele Santiago y Sus Menudencias, que son, además del propio Josele, Luca Frasca, Pablo Novoa, Javier Rojas, Jorge “Koke” Santos y David Krahe, de Los Coronas. Con “Lecciones de vértigo”, sin embargo, vuelve a desaparecer el nombre de los músicos de la portada, pese a que son prácticamente los mismos: Pablo Novoa, Jorge “Koke” Santos, Luca Frasca y David Krahe, con la incorporación de Héctor Rojo. “Lo que pasa en ‘Loco encontrao’ es que tuve el capricho de ponerle un nombre a la banda, nada más. Nunca he tenido músicos fijos y lo de ponerle nombre era para ver si, de una puta vez, se quedaban fijos”, aclara Josele entre risas. Además, añade que, con ese nombre (Sus Menudencias), “aquello tenía que ser una broma”.

Continuando con “Lecciones de vértigo”, desarrolló la producción mano a mano con Pablo Novoa, que recordó así sus comienzos con Josele en esta entrevista en EFE EME, en 2012: “Me llamaron en 2001 para tocar una pandereta, un piano, una guitarra… Para ‘Obras escondidas’ y ‘Obras escocidas’ (discos en directo de Los Enemigos). Yo le tenía miedo a Josele, era como muy serio y yo muy tímido. Pero nos hicimos medio amigos. Fue la época en la que yo grabé mi disco (“Novoa cruza el Atlántico”). Josele dijo que tenía ganas de ver lo que hacía y se vino un día al estudio. Me vio con Nacho Mastretta de productor, y con cuatro músicos, y se pilló el lote: su primer disco lo produjo Nacho y también eligió a la banda de mi disco. El segundo disco se lo propuso a Nacho de nuevo, pero Nacho tenía otra producción y me dijo que me encargase yo, y me quedé con el puesto. Hemos hecho muchos conciertos los dos solos, hemos tenido una historia muy intensa. Nos ha pasado de todo, lo hemos pasado mal, nos han robado, ¡yo le he comprado calzoncillos!”.

A falta de pan…

El 23 de junio de 2017, Josele Santiago tocó en el festival sevillano Nocturama acompañado de David Krahe, Javier Vacas y Roberto Lozano, la mitad de Los Coronas. Hacía muchísimo tiempo que no tocaba su repertorio con banda. “Desde que nos juntamos Los Enemigos, lo que he hecho con mi repertorio ha sido tocarlo en acústico. En parte, porque no tenía banda, y, en parte, porque tampoco me habían llamado mucho para esto. Pero de repente me llaman de Sevilla y me dicen que vaya a tocar con banda. Claro, yo no tenía banda, así que llamé a David [Krahe] y le pregunté cómo andaban Los Coronas para ese día y si se apuntaban. Nos quedó un bolo de puta madre”. Sin embargo, muchas veces va con formatos más reducidos: “Más de la mitad de los bolos que hago son acústicos o en dúo. La mayoría de las canciones soportan sin problemas este formato. Lo que ocurre en mis tres primeros discos en solitario es que yo estaba obsesionado, hasta lo enfermizo, con el directo riguroso y grabar en directo, todo con sonidos naturales y a la vez. Se me metió en la cabeza”.

 

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“La naturaleza está a punto de colapsar, pero parece que no nos importa mucho. Lo único que importa es seguir haciendo dinero rápido, el fútbol y poco más”

 

 

A partir del cuarto trabajo, “Lecciones de vértigo”, esa idea se le fue pasando. No tenía reparos en incluir overdubbings (siempre que no afecten a la respiración de las canciones) y añadía la voz al final, como hizo en el quinto, “Transilvania”, el disco en el que más jugó con el estudio. La producción corrió a cargo de Raül Fernández “Refree”, una idea que tenía en mente desde hacía mucho tiempo: “Raül y yo llevábamos hablando de trabajar juntos y hacer algo —sin exagerar— más de diez años, desde la fiesta del aniversario de ‘Rockdelux’. Hicieron un concierto en Barcelona y otro en Madrid y el director musical del evento era él. Total, que me llamó para contar conmigo como invitado —le dije que sí, claro— y conectamos a la primera”. Mucho después, cuando los tiempos y los planetas se alinearon, Josele, que ya vivía en Barcelona y tenía bastante material avanzado, llamó a Raül, a quien le encantaron las canciones, y se pusieron manos a la obra al cabo de la semana. La grabación transcurrió con parones en medio, ya que ambos tenían que seguir con sus respectivas giras.

 

Observar con cierto estilo

Como creador de canciones, ¿lo más extremo que tiene es la realidad? “Pude decirse, y se constata, que la realidad supera a la ficción. Y últimamente, la realidad está siendo bastante extrema y absurda al máximo. Ya lo creo que sí. Nos estamos yendo a la mierda. Es un hecho. La naturaleza está a punto de colapsar y nosotros formamos parte de ella, pero parece ser que no nos importa mucho. Lo único que importa es seguir haciendo dinero rápido, el fútbol y pocas cosas más”, puntualiza.

Josele vivía en la Colonia de Juan Tornero, al lado de Caño Roto, en Madrid, bastante cerca del estadio Vicente Calderón. Su padre, su abuelo y él son del Atlético de Madrid, pero deja claro que no le va la vida en ello ni cambiará sus planes por un partido. “Mi padre me llevaba a ver los partidos del filial del Atleti porque era gratis. De hecho, me gusta mucho ver fútbol base en la calle y en el barrio. Cuando estuve una temporada en Galicia, fui a ver al equipo del Bueu”, refiriéndose al Club Deportivo Bueu, en la actualidad jugando en el grupo XIII de la Tercera División.

“Este es un tópico que habrás escuchado muchas veces, pero somos muchos los músicos que nos quedábamos fascinados de pequeños con las orquestas de las bodas y las verbenas”. De hecho, no recuerda haber querido ser otra cosa que no fuera músico, ni bombero ni futbolista: “Siempre tenía la sensación de querer estar ahí, de hacer eso que veía”. En casa de Josele, además, ya había una guitarra (española), porque su padre tocaba, aunque poco: “No era un gran guitarrista, pero tocaba con mucha gracia”. La siguiente guitarra, una acústica “que no estaba mal”, se la regaló su padre. Tenía dieciséis o diecisiete años, pero fue rozando los veinte cuando llegó a sus manos la primera guitarra eléctrica. “La que usé con Los Enemigos en el IX Concurso Villa de Madrid del 86 era una Fender Coronado que me prestaba Alberto Haro, que en paz descanse. Tocábamos mucho con guitarras prestadas”. Al ganar el concurso, con el dinero que les dieron (unas trescientas mil pesetas), se compró una Telecaster que todavía usa. ¿El instrumentista y su instrumento se deterioran con mejor o peor estilo? Dentro de las pocas posibilidades que deja la cosa, “a uno no le queda más remedio que envejecer, así que intentaremos hacerlo con cierto estilo”.

 

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