I am not there anymore, de The Clientele

Autor:

DISCOS

«Un viaje más que estimulante y que seguramente no haya hecho más que empezar»

 

The Clientele
I am not there anymore
MERGE / POPSTOCK!, 2023

 

Texto: XAVIER VALIÑO.

 

Abrir el disco con el sonido de un chelo y luego dar paso a una pista endiabladamente bailable parece avanzar que algo ha sucedido en el universo de The Clientele. Y no es todo: en los ocho minutos de “Fables of the silverlink” aparecen voces aflamencadas cantando en español o interludios plácidos sin que nada resulte forzado. Otro tanto sucede en el single “Dying in may”, su primera canción sin guitarras ni acordes, solo un patrón de percusión repetido, una trompa, un chelo y un mellotrón, con un ritmo distinto al de la voz y los instrumentos. El atrevimiento se traduce en uno de los mejores cortes del disco y de su trayectoria. Y eso ya es decir, porque aquí hay diecinueve temas.

Sin ganas de repetir lo de siempre, ese pop de cámara en el que resultan infalibles —ellos resumen toda su obra como «la sensación de no habitar el momento en el que se encuentra tu cuerpo»—, el trío The Clientele se aventuró en esta ocasión, después de treinta y dos años, a experimentar componiendo y trabajando en el estudio. Por ello, hay canciones con textos recitados (“Conjuring summer In”, la maravillosa coda final “The village is always on fire”), bossa nova (“Claire’s not real”), pop barroco (“Lady Grey”) y varios interludios llamados Radiales escritos para piano y celesta por su batería, Mark Keen, con su acercamiento a la música clásica contemporánea o la electrónica, para hacer más ligero el tránsito entre los distintos nuevos caminos por los que transita el disco, aunque sin perder nunca su esencia.

Para no ser menos, los textos parten de los recuerdos del vocalista, guitarrista y letrista Alasdair MacLean de cuando murió su madre, hace ahora veintiséis años, que le sirven para rememorar su infancia e intentar así llegar a saber quién o qué es. Dicen que la culpa de todo la tuvo haber comprado un ordenador, que les empujó a jugar con las palabras y los sonidos. Buena inversión, pues, es la que ha motivado un viaje más que estimulante y que seguramente no haya hecho más que empezar.

Anterior crítica de discos: Nothing lasts forever, de Teenage Fanclub.

 

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