Hotel Chelsea. Habitaciones con vistas a la historia

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«La gente asociada con el hotel suele estar situada al margen de la cultura dominante, pero los que han acabado saliendo en el libro lo hacen porque me atrajeron de un modo u otro. Quizá por eso abundan las historias relacionadas con sexo, drogas y rock and roll»

 

Construido en 1883, el legendario establecimiento situado entre la Séptima y la Octava Avenida de Nueva York es el protagonista de un singular libro del irlandés Joe Ambrose. Eduardo Guillot nos lo presenta.

 

Texto: EDUARDO GUILLOT.

 

En la novela “Éramos unos niños”, evocación literaria de sus días junto al fotógrafo Robert Mapplethorpe, Patti Smith escribe: “Qué distinta parecía la luz del hotel Chelsea cuando iluminaba nuestras cosas. No era luz natural, sino luz vertida por la lámpara y la bombilla del techo, intensa e implacable, pero parecía impregnada de una energía única”. No tenían dónde caerse muertos, pero ambos se sentían especiales por haber logrado una habitación en un lugar legendario por la cantidad de artistas, músicos y escritores que había alojado, y que hicieron de él un centro cultural y artístico del mundo bohemio de Nueva York. Construido en 1883 y situado en el 222 Oeste de la Calle 23, entre la Séptima y la Octava avenida, fue el edificio más alto de la ciudad hasta 1902, pero su carácter singular deriva de su larga lista de huéspedes y residentes famosos. Arthur C. Clarke escribió allí “2001: Una odisea en el espacio”, y los poetas beat Allen Ginsberg y Gregory Corso lo eligieron como lugar para el intercambio filosófico e intelectual. También fue donde el escritor Dylan Thomas murió por envenenamiento de alcohol el 4 de noviembre de 1953, y donde Sid Vicious (Sex Pistols) apuñaló (presuntamente) a su novia, Nancy Spungen, el 12 de octubre de 1978.

Mark Twain, William S. Burroughs, Arthur Miller, Tennessee Williams, Jack Kerouac (que escribió “En el camino” en una de sus habitaciones), Simone de Beauvoir o Jean-Paul Sartre son otros de los escritores que fueron sus huéspedes, así como los cineastas Stanley Kubrick, Milos Forman y Dennis Hopper o actores como Uma Thurman, Elliot Gould o Jane Fonda. Y, por supuesto, la polifacética Madonna, que lo eligió como localización para una de las sesiones de fotos de su polémico libro “Sex” (1992).

No obstante, si hay un motivo por el que el hotel ha alcanzado condición mítica es por su relación con la cultura rock. No sólo por el siempre morboso capítulo de sucesos (Sid Vicious), sino porque entre sus cuatro paredes también se alojaron Keith Richards, Dee Dee Ramone (que incluso escribió una novela titulada “Chelsea Horror Hotel”), John Cale, Édith Piaf, Joni Mitchell, Bob Dylan (que compuso allí “Sad eyed lady of the lowlands”), Janis Joplin, Jimi Hendrix, Richard Hell, Ryan Adams (le dedicó el tema “Hotel Chelsea nights”), Rufus Wainwright, Leonard Cohen (inolvidable su “Chelsea Hotel #2”, sobre una noche compartida, precisamente, con Joplin) y Anthony Kiedis (Red Hot Chili Peppers), entre muchos otros. Sin olvidar que canciones como “Chelsea girl” (Nico), “Third week in the Chelsea” (Jefferson Airplane), “We will fall” (The Stooges) o “Like a drug I never did before” (donde Joey Ramone cantaba: “Hanging in the lobby of the Chelsea Hotel”) le rinden homenaje de manera explícita.

El último artefacto cultural relacionado con el lugar es “Hotel Chelsea Manhattan”, un libro de Joe Ambrose publicado originalmente en 2007, que la recién nacida editorial Libertos ha puesto a disposición del público español en traducción de Fernando Polanco. En palabras del autor, se trata de “una combinación de voces diversas sobre un hotel, sus superestrellas, bohemios, yonquis, perdedores y marginales. Con diversiones concerniendo a Harlem, Brooklyn, negritud, el Lowe East Side, punk rock, hip hop, historias de gloria beatnik y la soledad de la multitud de la ciudad”. Un libro repleto de anécdotas y evocaciones, a mitad de camino entre la ficción y el relato verídico, que incluye conversaciones con William S. Burroughs, Paul Bowles, Gerard Malanga, Herbert Huncke y Victor Bockris (biógrafo de Lou Reed y Patti Smith), entre otros, y que cuenta, por primera vez, la verdadera historia (o no) de lo que ocurrió allí con Sid y Nancy.

El irlandés Joe Ambrose, que fue cliente del hotel, es un autor peculiar, que también ha trabajado en el cine y ejerce eventualment como disc jockey, ha escrito una biografía de Iggy Pop (“Gimme danger”), ha colaborado con artistas como Marianne Faithfull, Chrissie Hynde o Lydia Lunch y actualmente prepara un ensayo sobre la participación de radicales irlandeses en la Guerra Civil española. Hace unos años, se instaló en Manhattan mientras trabajaba en un libro titulado “Moshpit culture”. “Me fui al Chelsea para trabajar en él y no tardé en empezar a tomar notas sobre los encuentros que iba teniendo en el hotel y por las calles de la ciudad”, comenta el autor, que reside habitualmente en Tánger (Marruecos). “Fui a Nueva York esperando que me impresionara, y debo decir que, por una vez, mis expectativas se vieron colmadas. Me impregné de inmediato del ambiente, aunque, por supuesto, ya no es la ciudad que era en los tiempos de Andy Warhol, Ramones o ese tipo de disidencia con la que me siento identificado”.

Que aquellos primeros apuntes fueran tomando forma de novela fue un proceso natural para Ambrose. “Fui concertando encuentros con gente a la que admiro mucho, como Bockris, Malanga o el periodista Danny Fields (descubridor de MC5, The Stooges o Ramones), y hablando con marchantes de arte como Barry Neuman, que me ayudó a localizar al fotógrafo y cineasta Billy Name (colaborador de Warhol), y durante un breve periodo de tiempo en que dejé el Chelsea y me alojé en el Hotel Gershwin, empecé a toparme a menudo con Sylvain Sylvain (New York Dolls). Entonces acudí a un evento en honor de Gregory Corso, que había fallecido recientemente, y allí estaban Debbie Harry (Blondie), Patti Smith, el escritor Taylor Mead y muchos otros. Poco a poco, el proyecto creció, y cuando terminé mi texto para el libro, decidí añadirle unas entrevistas inéditas con Ginsberg y Burroughs que había hecho mi amigo Spencer Kansa. Luego, el músico Frank Rynne escribió algo sobre Herbert Huncke, y obtuve permiso para reproducir un par de ensayos suyos sobre el hotel. Así se fue componiendo lo que finalmente es el libro”.

Así se explica que el volumen, pese a contar con la sólida columna vertebral que le proporciona la narración de Ambrose, presente múltiples voces y perspectivas, aunque no establezca una conexión entre los variopintos ocupantes del lugar que aparecen en sus páginas. “No tiene un tema específico. La gente asociada con el hotel suele estar situada al margen de la cultura dominante, pero los que han acabado saliendo en el libro lo hacen porque me atrajeron de un modo u otro. Quizá por eso abundan las historias relacionadas con sexo, drogas y rock and roll”.

Con “Hotel Chelsea Manhattan”, Joe Ambrose pasa a formar parte activa de la mitología de un edificio que siempre va a estar sociado a nombres famosos, pero que no hubiera alcanzado su carácter legendario de no ser porque Stanley Bard, su comprensivo director, se mostraba generosamente dispuesto a aceptar obras de arte a la hora de cobrar el alquiler a sus inquilinos más necesitados. Aunque no a todos. En el citado “Éramos unos niños”, Patti Smith cuenta que nunca le convencieron sus trabajos o los de Mapplethorpe, y que siempre tuvieron que pagar la tarifa correspondiente.

 

ETERNA FUENTE DE INSPIRACIÓN

Un lugar con las connotaciones del Hotel Chelsea no es sólo una tentación para los escritores. Diversos cineastas se han introducido en el recinto para rodar películas en las que el edificio, por su carácter peculiar, es un personaje más. En 1966, Andy Warhol y Paul Morrissey filmaron allí “Chelsea girls”, un largometraje experimental sin aparente estructura narrativa en el que seguían a diversos residentes, entre los que se puede localizar a varios habituales de la Factory, como Gerard Malanga, Nico, Ondine, Edie Sedgwick o Mary Woronow. Posteriormente, en 1981, Nigel Finch dirigió el documental “Chelsea hotel”, producido por la BBC, pero fue en 2001 cuando se convirtió en escenario de ficción. Fue en “Chelsea walls”, debut como director de largometrajes del actor Ethan Hawke, que narra cinco historias diferentes en el transcurso de un día. Jeff Tweedy (Wilco) firmó la banda sonora. El iconoclasta Abel Ferrara presentó en 2008 “Chelsea on the rocks”, un documental en el que aprovechaba para arremeter contra los nuevos administradores del local, empeñados en convertir la leyenda en un impersonal hotel-boutique. Finalmente, “Hotel Chelsea” (2009), de Jorge Valdés-Iga, utilizaba el espacio para localizar en su interior una historia de suspense protagonizada por una pareja japonesa en plena luna de miel.

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