Operación Rescate: Rodrigo

Autor:

Rodrigo
“Rodrigo”
MOVIEPLAY, 1980

 

Texto: JUAN PUCHADES.

 

Cinco años después de publicar su primer disco en solitario, Rodrigo (ahora firma como Rodrigo García Blanca) grababa el segundo, el conocido, a falta de título, como «el de las mujeres». Porque aquí, el ex Solera y, por temporadas, ex CRAG, se recreaba en el firmamento femenino en una obra monográfica en la que recorría diferentes edades y estadios de la mujer… y del deseo masculino. Sí, porque la visión de este universo femenino es la del ojo masculino, la de la fantasía y la sensualidad del hombre. Ilustrado y sensible, como Rodrigo, pero hombre, a fin de cuentas.

Por aquí desfila la juventud de ‘Laura’ (una de las más logradas canciones de cuantas ha escrito el sevillano), el amor otoñal de ‘Doña Josefina’ (un tema tan de Rodrigo, de esos que parecieran provenir de otro tiempo, aunque la instrumentación, por contraste, lo arrima al rock), la lánguida lolita tropical de ‘Niña Luisa’ (¿se podría escribir y cantar una canción como esta, tan sensual, sobre una niña de trece años, en estos tiempos?), el costumbrismo de ‘¿Adónde vas, Pilar?’ (sobre esos amores cotidianos y tan frecuentes que nunca traspasan la frontera del deseo furtivo), ‘Una canción mientras tú duermes’ (o los lances fugaces del músico, los que duran lo que dura una temporada o la estancia de una joven extranjera en tierras de conquista), la magnificencia musical de ‘Rondar de madrugada’ (la búsqueda de la amada en noches de ronda, con su socio Guzmán en los coros y una guitarra eléctrica con el sello del Rodrigo más rockero), la edad que pasa inexorable para ‘Charo’ (donde sale el fabulador, el inventor de relatos) y esa ‘La abuelita Berta’ (que, como la ‘Niña Luisa’, dejó Cuba atrás) llena de recuerdos. Incluso la guitarra se entiende en esta colección como una espléndida fémina en “En el sofá”. Para acabar, casi a modo de coda –sólo voz, guitarra y cuerdas–, ‘Déjame deshacerte la cama’, canción de súplica masculina y de título bien explícito.

Este es un disco, en suma, enredado en las constantes habituales en la obra de Rodrigo –no muy extensa, todo sea dicho–, basamentadas en su escritura clásica y elegante, en su mirada sinuosa y en su endiablada capacidad narrativa. Siempre con esa escasa voz al frente, tan reconocible y única (aunque él mismo ha preferido escuchar sus canciones entonadas por Cánovas, Adolfo o Guzmán, sus compañeros del grupo imposible), y aquí con enorme presencia de su guitarra eléctrica, esa tan personal –con la que se ganó la vida e hizo fortuna trabajando para otros– que, sin embargo, cuando se glosan los méritos del trovador pop siempre se olvida reseñar, pues tanto es el brillo del autor que todo lo demás queda habitualmente en penumbra.

De los delicados arreglos, sutiles, discretos, se encargaron Eduardo Leiva, Joaquín Torres y el mismo Rodrigo, firmando la producción Torres. Sólo en algún momento (‘Una canción mientras tú duermes’), la mano se escora en exceso hacia el modelo más convencional de cantautor al uso, y eso en él, en Rodrigo, que siempre tuvo una brillante melodía pop que echarse a la guitarra, es un inexplicable desliz. Un detalle menor, en todo caso, en un disco soberano e inolvidable, al que conviene regresar de tanto en tanto, para recargar el ánimo con tanta belleza inasible.


Anterior entrega de Operación Rescate: The Byrds.

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