Greg Izor: Blues entre Vermont, Nueva Orleans, Austin y Madrid

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«Estoy dispuesto a tocar con todo el mundo, en cualquier momento, por cualquier cantidad de dinero… lo que sea mientras sea divertido. Si disfruto de la compañía de alguien toco donde haga falta»

El armonicista y vocalista de blues Greg Izor se ha dejado ver últimamente en España y planea regresar. Josep Pedro charla con él de sus peripecias musicales y vitales en una didáctica entrevista.

 

 

Texto: JOSEP PEDRO.

 

 
Desde su Vermont natal, la trayectoria del armonicista y cantante Greg Izor le ha llevado a recorrer e instalarse en algunas de las ciudades más emblemáticas del blues, como Nueva Orleans o Austin. Fue en la capital texana donde surgió la colaboración y amistad con el grupo madrileño King Bee y los catalanes Midnight Rockets que le ha llevado a visitar España en dos ocasiones, pasando por festivales y clubs. Hoy los viajes del blues, fundamentales en la conformación de distintos subgéneros, ya no son migraciones forzadas de sur a norte. Tienen poco y mucho que ver con la clásica mitología del bluesman agazapado entre los arbustos para colarse en un tren de mercancías. Aparentemente, la necesidad en el siglo XXI no es tanta pero los nuevos modos de vida tienden a estar marcados por exigencias de movilidad y flexibilidad laboral.

Superados algunos de los más grandes y reconocidos momentos de la historia del blues –su salida del ámbito rural y conformación en distintas ciudades norteamericanas, la popularización global y masiva a cargo de los ingleses y el boom de los ochenta impulsado por Stevie Ray Vaughan–, el blues sigue tratando de redefinirse constantemente en un ejercicio de reivindicación, combinación múltiple a partir de estilos establecidos, e interrelación de escenas locales. Greg Izor, músico de composición que se esfuerza en consolidar su propia voz dentro del estilo, nos habla con realismo de los tiempos recientes del blues.

Su alianza transoceánica con representantes del blues en España nos ayuda también a pensar y valorar mejor nuestra propia trayectoria. Si bien el género ha alcanzado una legitimidad y presencia global que todavía cuenta con algunos referentes clásicos como B.B. King o Buddy Guy (que han hecho entonar a Obama el ‘Sweet home Chicago’ en la Casa Blanca) y algunos “jóvenes” representantes, el blues nunca ha dejado de luchar. Se ha constituido como una forma cultural alternativa y de resistencia que se mantiene, más que por posibilidades de lucro, por compromiso y vocación. Las raíces del blues han crecido a lo largo del globo dando forma a tradiciones renovadas que, como la nuestra, todavía no han recibido el reconocimiento público y mediático que merecen.

¿Cuándo empezaste a interesarte por la música?
Cuando tenía 8 años vi un anuncio en televisión de unos cedés de Louis Armstrong que me encantó. “¿Quién es ese? ¡Yo quiero hacer eso!” Era tan genial… Empecé a tocar la trompeta, cuando tenía diez años y estaba a punto de cambiar de colegio. Mi nueva escuela tenía un director de orquesta de jazz que me inició en muchas cosas. Me decía: “bueno, si te gusta Louis Armstrong, entonces prueba con Roy Eldridge, Dizzy Gillespie…”. Me enseñó a conocer más cosas diciéndome que cuando te gusta alguien puedes averiguar qué le gusta al músico y rastrear hacia atrás. Realmente me abrió los ojos a un montón de música. Me enseñó a apreciarla y a profundizar un poco más. Toqué la trompeta de manera intermitente hasta que tenía más o menos veinte años. Pero en la escuela secundaria me metí en el rollo de Bob Dylan y cosas así y empecé a tocar guitarra y armónica al mismo tiempo. También empecé a leer sobre Dylan y vi que había escuchado a Sonny Terry, así que pillé algo de eso también. Más tarde, en el disco de Sonny Terry se mencionaba a Little Walter, así que seguí por ahí. Y entonces en un disco de Walter hablaban de Sonny Boy Williamson, y cuando escuché a Sonny Boy flipé. Empecé a aprender a tocar a base de escuchar discos, salir por las noches a meterme a tocar con grupos y levantarme para ir al colegio por la mañana. Por aquella época también vi el tema de Big Walter [Horton] con John Lee Hooker en la peli de los Blues Brothers y pensé que aquello era una pasada. Empecé a buscar discos de Big Walter, pero no teníamos internet y no podías encontrar ese tipo de cosas. Al final, la tienda de música recibió un disco de Big Walter; me lo compré y era cojonudo. Era un directo con Sugar Ray y los Blue Toes. El pianista terminó mudándose cerca de donde yo vivía en Vermont, así que cuando era joven toqué bastante con él. Aprendí mucho sobre como estar en el escenario y actuar. Me hablaron de otros músicos y todavía hoy leo mucho tratando de descubrir cosas que no he escuchado.

¿Cómo era la escena musical de Vermont?
Había músicos realmente buenos y, a mediados de los noventa, todavía había grupos que iban de gira por Boston y Montreal. Pasaban por Vermont porque estaba de camino. En noches entre semana se podía ver el Taj Mahal, Charlie Musselwhite, todo tipo de músicos de jazz… Había un buen festival también; hacían sesiones para chavales y llegué a escuchar a Max Roach hablar de música y conocer a algunos músicos cuando era niño. Creo que Vermont, para ser un lugar pequeño, tenía una escena musical muy buena en ese momento. Había un montón de diferentes tipos de músicos, pero fueron cayendo a finales de los 90 a medida que la escena se centró más en chavales universitarios y menos en gente mayor que escuchaba música en directo. Las cosas cambiaron mucho y se hicieron más populares los DJs y el indie rock malo. En el año 2000, cuando ya llevaba un año en la universidad, me echaron, trabajé durante un tiempo y luego me mudé a Nueva Orleans.

¿Por qué decidiste ir a Nueva Orleans?
Tenía un programa de radio en Vermont y siempre estaba escuchando música. La radio tenía toneladas de discos y siempre estaban recibiendo más. Recuerdo que estuve mirando la sección de blues. Me encanta la armónica, así que estaba descubriendo a armonicistas como Rod Piazza o William Clarke, que ya había muerto pero seguíamos poniendo sus discos. Un día puse un disco de Johnny Sansone. Era difícil saber lo que era. La portada es como una casa sin paredes, solo con las vigas y este tipo esta cantándole a una mujer mayor que baila con las manos levantadas. Pensé que era muy bueno. Me quedé con un par de cedés con distintos estilos de tocar la armónica. Era todo blues pero la forma de tocar era muy diferente. Cuando trataba de decidir dónde podía ir, pensé: puedo ir a California e intentar acercarme a Rod Piazza y a Rick Estrin o podría ir a Luisiana y buscar a [Johnny] Sansone. Ya había vivido en California durante un par de meses con una chica y realmente no me gustaba, así que no estaba dispuesto a volver. Me mudé a Nueva Orleans, busqué dónde tocaba Sansone y le dije: “Ey, he venido a [Nueva Orleans] para aprender a tocar de ti”. Me miró y me dijo: “¿En serio? Bueno, ¿quieres una cerveza? ¿Quieres comer algo?”. Empecé a salir con él y nos hicimos buenos amigos. No me enseñaba cosas directamente, no había lecciones ni nada por el estilo. Quedaba con él en su casa, hablamos y escuchábamos música. Luego iba a verle tocar y cuando iba a casa intentaba sacar lo que había estado tocando.

Háblame de tus principales influencias…
Muchas… los grandes armonicistas, por supuesto: los dos Sonny Boys, Little Walter, Big Walter [Horton], James Cotton y Junior Wells, a quien conocí cuando yo era muy joven. ¡Me hizo llamarle “hijo de puta”! Vocalmente al principio me encaminaba hacia Big Joe Turner. Me encanta Big Joe Turner, creo que es realmente especial. Aunque mi voz no es como la suya, me gusta mucho su fraseo. Cuando empecé en Bourbon Street intentaba hacer trucos para complacer al público. Hacía cosas llamativas con la armónica o forzaba cantando porque pensaba que a la gente le gustaba. Recuerdo que Sansone vino un día, se sentó justo delante de mí y se limitó a negar con la cabeza cada vez que hacía algo así. Finalmente me di cuenta de que no tenía porqué hacer eso. En realidad, aprendí a hacer lo que me resultaba natural; con mi propia voz, cantando a mí manera y tocando la armónica con mi estilo. A partir de ahí la gente decidirá si le gustas o no. Es igual que con una chica. Si sales con una chica y no paras de hacer cosas para impresionarla, nunca le vas a gustar. Pero si te comportas con naturalidad, o bien le gustarás o no. Es mejor así.

¿Cuál es la importancia de estar en un lugar tan histórico para el blues como Nueva Orleans?
En Nueva Orleans tampoco hay mucha gente tocando blues. Hay muchos que dicen que tocan blues pero tocan otra cosa. Hay mucha gente que sabe tocar blues pero realmente no hay muchos sitios donde tocarlo. Nueva Orleans era un buen sitio porque [Johnny] Sansone tocaba allí y eran tan bueno que podías aprender lecciones de años en horas. Había bastantes armonicistas buenos pero no daban muchos conciertos. Una de las cosas que Johnny hizo por mí y por otro armonicista, Thomas Walker, fue montar un grupo para que pudiéramos tocar todos juntos. Tanto Johnny como Thomas y yo tocamos la armónica y la guitarra así que íbamos cambiando, y teníamos un bajista y un batería. Nos llamábamos los King Briskit Boys y solíamos tocar en el sitio de barbacoas de [Clarence] «Gatemouth» Brown. Tocábamos todos los lunes y fue una gran experiencia para aprender.

¿Cómo viviste la llegada del huracán Katrina?
Aunque ya había pasado por dos huracanes antes del Katrina, estaba un poco nervioso. Recuerdo que estaba en la escuela trabajando y mi novia de aquel momento también trabajaba allí. Nos enteramos de que el huracán se acercaba y se puso muy tensa: “¡Tenemos que irnos!” Le dije: “Bueno, tengo que ir al festival mañana. Johnny [Sansone] iba a tocar y no lo había visto en mucho tiempo. No tengo ganas de marcharme”. Al día siguiente, el sábado, llamé a los del festival para preguntarles cómo llegar. “Hombre, no vamos a hacer el festival con el huracán en camino”. Recogimos a su amiga Kate y salimos a la carretera hacia Memphis. Nos dieron una habitación allí y vino también el novio de Kate. Cuando pensábamos que la tormenta ya había pasado vi en la recepción del hotel que la ciudad estaba inundada. El hotel estaba lleno de gente que había salido de Nueva Orleans y empezaron a desesperarse. Decidimos que no íbamos a volver al día siguiente como teníamos previsto. Mi novia se alteró mucho y al final yo conduje hasta Vermont y ella cogió un avión a California. Estuve trabajando unos meses y cuando volvimos a Luisiana habíamos perdido nuestros trabajos. Aquella chica empezaba unos estudios en Austin y me vine con ella. Realmente no quería irme de Nueva Orleans pero en aquella situación decidí que lo haría.

¿Cómo de distinto era Austin de Nueva Orleans?
Es totalmente diferente. La escena aquí está mucho más instaurada y la gente lo tiene más en cuenta. Me costó mucho tiempo encontrar a las personas adecuadas con las que tocar. Estoy dispuesto a tocar con todo el mundo, en cualquier momento, por cualquier cantidad de dinero… lo que sea mientras sea divertido. Si disfruto de la compañía de alguien toco donde haga falta. Pero cuando llegué aquí era como “¿quién eres tú? ¿a quién conoces?”. Por suerte, conocía a Ronnie James y a Kim Wilson, de los Thunderbirds. Kim no vive aquí, pero Ronnie sí. Fue una gran ayuda para superar esas tonterías. Me ha llevado un tiempo, pero al final he encontrado a las personas adecuadas. A veces, la gente en Austin parece estar preocupada por saber que tocan mejor que unos y por debajo del nivel de otros. Los tíos con los que estoy tocando ahora no son así en absoluto. Son abiertos y animan a otros músicos. Si alguien se presenta en un concierto y dice que toca le digo que se meta en un par de canciones. O bien el tipo es malo y durante dos canciones le ayudas a sonar mejor, se siente bien, pasa un buen rato y tú pasas un buen rato porque le estás ayudando a aprender, o bien el tipo es cojonudo y aprendes algo de él. Para mí ambas situaciones son buenas.

¿Qué piensas de que Austin se proclame la capital mundial de la música en directo?
Creo que es una tontería. Es la tienda de música en vivo del mundo. Hay muy pocos clubes que realmente paguen por tocar. En algunos sitios te tratan peor que a un empleado. No espero ser tratado como un artista ni nada de eso, pero al menos que me traten como alguien que trabaja allí. No se puede ganar dinero y la mayoría de los lugares ni siquiera te dan cerveza o comida gratis… Odio cuando la gente se hace una idea de un grupo antes de escucharlo, y hay mucho de eso aquí. La gente dice que alguien es bueno, entonces alguien oye que es bueno, y al final está en la prensa, todos piensan que es muy «cool», y todos tenemos que conocerle. Cuando vas a verlo, a menudo es una actuación artística buena pero la música es una mierda. Por otra parte, hay muchos músicos buenos, sobre todo mayores, y muchos de mi edad que vienen y tocan buen blues, country o lo que sea. Esta ciudad atrae a buenos músicos pero desafortunadamente se dan por sentado. Incluso en 6th street cuesta que te paguen. Toco muy poco ahí porque no es divertido. Vas y tienes que entrar todo el equipo, no te pagan, no tienes bebida… nada. Luego vas al coche y la policía no te deja acercarlo para coger tus cosas. No es divertido, así que dejé de hacerlo. Si me llama un amigo con quien tengo ganas de tocar voy, pero no voy buscando conciertos por ahí porque te tratan peor que al que barre el suelo.

¿Cómo ves otros clubs clásicos como TC’s, Antone’s o el Continental?
TC’s lo traspasaron y ahora se llama Sahara Lounge. Ahora estamos tocando en un sitio llamado White Swan. Solía tocar allí cuando todavía el dueño era negro, pero lo vendieron también. Gran parte del lado Este se está gentrificando, la gente está comprando y convirtiéndolo en un lugar de moda. El tipo que compró el White Swan ha montado un lugar agradable, se ve bonito por dentro y me gusta tocar allí. Antone’s programa muy poco blues y cuando lo hace es un domingo por la noche. Es desgarrador ir a ver a Derek O’Brien un martes y que no haya nadie, porque es tan jodidamente bueno que me gustaría ver que la gente le apoya. He tocado en el Continental pero no sé cómo se es acordar un concierto allí.

Probablemente el sitio con más historia sea el Victory Grill, pero también allí han tenido dificultades…
Es difícil, y en un lugar como el Victory Grill es una verdadera pena, porque ese sitio es muy importante históricamente. Bobby Bland tocaba allí en los años cincuenta, antes de hacerse famoso. Es realmente triste en algunas cosas pero los clubs de rock del centro van muy bien. Tal vez sea un buen momento para la música rock, pero, por desgracia, algunas de las cosas más históricas se están viniendo abajo. Es difícil conseguir que la gente vaya. Hay un sitio aquí, donde yo vivo, llamado el Café Evangeline y el dueño, Curtis Clark, es uno de los últimos buenos que quedan. Trata a los músicos muy, muy bien. Nos paga, nos alimenta, nos da bebida y es un gran tipo. No sé cómo se mantiene en el negocio. Debe vender mucha comida a mediodía. Pero no queda mucha gente así, que realmente se ocupe de los músicos. Gary Clark Jr. está recibiendo mucha atención y tal vez eso traerá un poco de atención al blues en Austin. Es genial ver a uno de los buenos contar con el apoyo de las discográficas y los medios. A menudo pillan alguna mierda ,así que me alegro por Gary porque tiene mucho talento. Esperemos que atraiga a más gente. Vamos a ver qué pasa.

¿Cómo fue la grabación de tu disco «I was wrong» (Shortstack, 2010)?
La hicimos justo a las afueras de Austin, con un tipo llamado Billy Horton, que tiene un estudio. Es como yo, le gustan los equipos «vintage». Soy adicto a los micrófonos y amplificadores antiguos. A Billy le gusta todo eso y construyó su estudio para sacar sonidos puros y limpios, como los antiguos. Cuando escuchas los discos de Chess Records son claros y buenos, y Billy puede conseguir ese sonido que me gusta tanto. Ya había grabado allí antes y lo pasamos muy bien. Había ido posponiendo la grabación de un disco desde hacía mucho tiempo y al final me dije: “voy a cumplir treinta, debería grabar un disco”. Durante un tiempo, me puse a escribir un montón de canciones, escogí las que más me gustaban y algunas versiones que eran importantes para mí. He hecho grabaciones en discos de otra gente y he visto dinámicas distintas en estudio diferentes. Puede llegar a ser estresante y es preferible que la gente con la que estés tocando se maneje bien para no empeorar las cosas. Estos tíos [Willie Pipkin: guitarra; Mike Keller: guitarra; Johnny Bradley: bajo] tocan muy bien y añadimos a un gran baterista que en realidad ahora vive en Austin, Jason Corbiere que creció conmigo en Vermont. Solía ​​estar en Roomful of Blues y tocó con Eddie Kirkland durante mucho tiempo. Hemos estado tocando juntos desde que éramos adolescentes. Todos sabíamos exactamente lo que íbamos a tocar antes de entrar al estudio. Tocaron tan bien que la única vez que hicimos tomas extras fue porque yo no estaba contento con lo que había tocado. Todavía hoy cuando escucho el disco hay un millón de cosas a las que me gustaría volver y cambiar. Otra cosa es que estaba enfermo, mal de los pulmones, cuando lo grabamos. No podía cantar, pero sí que podía tocar todavía. Grabamos el disco entero, susurré las partes vocales y un par de meses más tarde añadí la voz. Hay muy pocas personas con las que pueda pasar ocho horas al día durante dos días seguidos en un estudio. Pero Billy Horton es el hombre adecuado. Nos llevamos bien y tiene buen oído.

El disco ha sido descrito como una mezcla de blues de Luisiana, Texas y Chicago. ¿Cómo de distintos son estos subgéneros?
Creo que con el tiempo muchos de los regionalismos han cambiado. Solía ​​haber sonidos realmente distintos en Chicago, Luisiana y Texas, pero creo que con internet y los discos eso ha cambiado mucho y los músicos pueden tocar cualquier cosa en cualquier lugar. Para mí, tal vez sea solo una aproximación distinta. Hay ciertos sonidos que vienen de Texas, especialmente los sonidos de guitarra, hay ciertos «shuffles» que salieron de Chicago, y ciertas formas de tocar la armónica que salieron de Luisiana. En Luisiana los tresillos son muy populares. Para mí, lo de los subgéneros solo es una forma de que la gente identifique lo que estás haciendo. En realidad mi forma de tocar no cambia mucho. Toco como toco, y quizás sea una mezcla de todas esas cosas porque es lo que he escuchado. Creo que cualquier músico es, de manera natural, el resultado de una mezcla de todo lo que escucha. Sin ir demasiado lejos, la comida que comes, las cosas que ves todos los días, y lo que haces influye en tu forma de tocar. Me gusta tocar música que sea relajada pero musculosa. Me gusta el ataque y fraseo, las cosas que son fuertes y relajadas. Por ejemplo, me encanta escuchar el estilo de los armonicistas de la Costa Oeste pero la manera de tocar no me resulta natural. Los estilos de Chicago y Luisiana me resultan un poco más naturales.

Háblame del contacto con los grupos españoles King Bee y Midnight Rockets.
Yo estaba tocando en TC’s. Emilio y Álvaro de King Bee estaban allí y Emilio tenía algunas preguntas sobre armónicas. La banda, Little Elmore Reed Band, no es mi banda. Ahora estoy fijo pero solía tocar con ellos solo de vez en cuando. Es la banda del baterista, así que no siempre puedo decirle a la gente que se meta a tocar. Me estaba haciendo preguntas sobre el amplificador, la ecualización y el micro que estaba usando. No sé si cambia mucho, pero me gusta probar cosas distintas. Estábamos hablando y le dije: “mañana por la noche toco con otro grupo. Será más relajado y me encantaría que pudierais venir”. La noche siguiente vinieron a la pizzería donde tocaba. No había nadie excepto el camarero. Empezamos a hablar y me contaron que tenían un grupo en España. Álvaro cantó, Emilio sopló la armónica y yo toqué un poco la guitarra. Sonaban muy bien. Seguimos hablando y me dijeron: “¿alguna vez has pensado en venir a España?”. Les dije: “Me encantaría ir a España. Nunca he estado allí antes”. Creo que se volvieron poco después. Al cabo de un tiempo me pasó lo mismo con estos dos chicos de Barcelona. Tienen un grupo llamado los Midnight Rockets. Conocían a Willie y se sentaron con nosotros en TC’s. Les dije: “¿por qué no venís a cenar a mi casa mañana?” Vinieron, cociné algo y estuvimos hablando de música. Eran muy buenos tíos. Unos meses más tarde recibí un email de Emilio preguntándome si querría ir a España a tocar en un par de festivales y clubs. Le dije: “¡hombre, si hace falta estaré allí mañana!” Me explicaron que iban a tratar de montar unos conciertos y me dijeron más o menos cuánto dinero podría salir. Tío, no estoy preocupado por el dinero. Mientras tenga un sitio donde quedarme y pueda cubrir los gastos, estoy contento. Ni siquiera necesito volver a casa con pasta. Si sobra algo al final del concierto, perfecto, pero si no, deberíamos hacerlo igualmente. Así que fui, nos lo pasamos bien y vi un montón de sitios por España. Salimos por la playa, la montaña… y me encantó Madrid. Terminé conociendo a una chica con la que estoy pasando mucho tiempo. Quiero a esos tíos. Nos hicimos muy buenos amigos y sentí un vínculo natural con ellos.

¿Cómo de distinto es tocar blues en España?
Con respecto a los grupos, la gente en EE.UU. no ha escuchado tantas cosas como los de aquí. En general el trato en los clubs es mucho mejor y también pagan más. En algunos sitios hay públicos de blues y otra gente que solo quiere escuchar música. Prefiero tocar para alguien que quiere pasar un buen rato que para alguien que quiere escucharte tocar un tema de Little Walter nota por nota. En realidad, no sé hacer eso. He disfrutado mucho y cada concierto ha sido distinto. En los clubs hay una relación más personal con la gente, puedes verles mucho mejor que en un festival.

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