Georges Moustaki: El eterno aprendiz

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«La mayoría de los grandes cantantes que he tenido ocasión de conocer y tratar de cerca, han necesitado quince años o más para madurar y convertirse en artistas auténticos»

 

Para recordar a Georges Moustaki (fallecido el pasado 23 de mayo), publicamos esta conversación que, en 2006, mantuvo con él Javier de Castro y que permanecía inédita en castellano.

 

 

Texto: JAVIER DE CASTRO.

 

 

En 2006, recién cumplidos los 72 años, Georges Moustaki se paseó por España en la que constituiría una de sus últimas excursiones a nuestro país. Pocas horas antes de un concierto en Lleida, este entrañable personaje de enorme reputación artística pero poseedor siempre de un espíritu encomiable de rebeldía, nos obsequió con una cálida conversación en la cual brilló su brillante trayectoria artística pero, sobre todo, su fascinante personalidad.

Los franceses tienen fama de ser chauvinistas y muy celosos de todo lo suyo. ¿Cómo se explica entonces que algunos de los grandes iconos del show bussiness francés del siglo XX sean en realidad extranjeros asimilados, poniendo por caso los ejemplos de Henri Salvador, Jacques Brel, Adamo, Johnny Hallyday, Dalida, Sylvie, Claude François, Moustaki…?
O Edith Piaff, Yves Montand, Charles Aznavour, y muchos más… No creo realmente que los países acaben donde marcan sus fronteras políticas. Yo no soy francés de nacimiento y obtuve la nacionalidad de este país hace apenas veinte años. Pero antes de esto yo ya era ciudadano del idioma y de la cultura francesa. Para mí ser francés no es haber nacido físicamente en el territorio que abarca el estado de Francia, si no ser parte integrante de una cultura que me ha tocado íntima y afectivamente. Yo no llevo en mis venas ni una gota de sangre francesa, nada, pero ya me consideraba francés mucho antes de llegar a Francia e instalarme en su suelo. Pienso que el chauvinismo en el sentido que hemos mencionado no es, por desgracia, un sentimiento general y que se utilizan sus símbolos de una manera frívola. Solo se tiene que mirar cómo se utilizan las banderas en los torneos deportivos o, incluso peor, en las guerras. Yo creo que la cultura francesa es como la hispana, grandes culturas que ultrapasan las fronteras. La grandeza de la cultura francesa ha estado en tener la inteligencia de saber abrirse y acoger a personas com Picasso, todos los músicos que hemos citado u otros creadores y pensadores de todo tipo que han encontrado entre nosotros plenitud humana y un entorno favorable para desarrollarse en sus respectivos campos del conocimiento.

¿Cuántas veces ha cantado ‘Le métèque’? ¿Cree que será la canción por la cual será recordado para siempre?
Evidentemente, la he interpretado centenares de veces desde que la grabé en el año 1969. No estaría seguro, sin embargo, de la segunda afirmación que ha realizado. Creo que a lo largo de estos más de cincuenta años que llevo de carrera artística, he compuesto otras canciones importantes para mí com ‘Milord’, ‘Sarah’, ’17 ans’, ‘Il y avait un jardin’, ‘Ma solitude’ o unas cuantas más. No obstante, no puedo negar que ‘Le métèque’ me ayudó mucho a darme a conocer también fuera de Francia y me pemitió empezar a viajar por el mundo para actuar; cosa, por otro lado, que me ha ayudado a ensanchar mi vida con nuevas experiencias personales, a conocer gente maravillosa de todas partes y a entender a muchos pueblos lejanos a través de sus propias culturas y rasgos diferenciales. En cualquier caso, puede ser que sí, que ‘Le métèque’ haya sido para mí una canción clave profesionalmente.

Aunque lleva trabajando como músico desde mediados de los años cincuenta, no obtuvo éxito relevante y gran popularidad hasta estar muy cercano a cumplir cuarenta años. ¿Qué piensa de los jóvenes talentos que a los veintipocos años ya lo han conseguido casi todo?
Es la pura realidad. Después de casi quince años de trayectoria musical profesional, logré alcanzar mi primer grado de popularidad a los treinta y cinco o treinta y seis años cuando, por supuesto, no era ya ningún chavalín. Pero mire el caso de Johnny Hallyday, que empezó a destacar en el negocio musical con apenas diciocho años y aún es un ídolo para la gente de su propia generación de los sesenta, aunque también lo es para las posteriores que han ido sumándose durante estas últimas décadas ¡Hablamos también de casi cincuenta años de permamencia, nada menos! En Francia se le respeta aún de manera casi unánime. Yo me inicié como músico muy pronto; como compositor, algo más tarde; y como cantante, ya se ha apuntado ciertamente, algo más talludito. Aunque no se pueden extrapolar conclusiones infalibles al respecto. Fijémonos en Mozart, que a los ocho o diez años ya consiguió ser reconocido artísticamente en sociedad como auténtico prodigio musical; que a los ceinte años ya había compuesto prácticamente todas sus grandes obras maestras; y que poco después de los treinta ya era un juguete roto. No hay reglas sobre esto. Cada uno tiene su propio ritmo biológico y a cada uno le llega su momento de la vida en el cual iniciar y desarrollar itinerarios. Yo nunca he querido ir rápido sino tomarme el tiempo necesario para aprender. Existen demasiadas cosas que es necesario que aprendamos. La experiencia no es a pesar de todo una cuestión de puro azar. Mire los casos de Barbara, Hugues Aufray, yo mismo, Jacques Brel… La mayoría de los grandes cantantes que he tenido ocasión de conocer y tratar de cerca, han necesitado quince años o más para madurar y convertirse en artistas auténticos.

Desde que alcanzó fama y notoriedad a comienzos de la década de los años setenta, ni ha parado de actuar en vivo ni de grabar discos. A pesar de que esto último lo haya venido haciendo con cierta tranquilidad, ha alcanzado sin embargo la treintena de álbumes. Valore de manera somera que ha supuesto en conjunto y hasta la fecha su obra musical.
Creo que he alimentado mi trayectoria, básicamente, con encuentros personales, situacionales y espaciales. Antes de llegar a Francia, ya era francés por la lengua y por cultura formativa; lo que decíamos al principio de esta charla. Allí me topé con gente como Brassens, como Henri Salvador, como Piaff… Enseguida empecé a trabajar y a componer canciones para ellos y también para Juliette Gréco, Barbara, Yves Montand u otros. Pero cuando escribía cualquier cosa para cualquiera de estos magníficos artistas era por que me inspiraban cosas y sentía la necesidad de decirlas con palabras y a través de mis composiciones. Más adelante, al convertirme en intérprete de mis propias canciones, empecé a dar vueltas por el mundo, cosa que a su vez me ha propiciado muchísimos nuevos encuentros, muy trascendentes también para mí: Jobim, Theodorakis, Morricone, y un largo etcétera. Lo que creo que me caracteriza mejor y que puede resumir mi carrera, es este cúmulo de encuentros con gente de culturas y países diferentes al mío o, incluso, de lugares dispares y desconocidos dentro de mi propio país. Creo que alguien definió aún mejor que yo mismo esto que me acaba de preguntar: mi trabajo me ha permitido llevar lejos todo lo que Francia me ha enseñado; y, al mismo tiempo, ha hecho posible que yo traiga aquí todo lo que he visto y aprendido en confines lejanos.

Como ya hemos comentado, al inicio de su carrera tuvo ocasión de trabajar y colaborar con grandes estrellas del mundo del espectáculo francés. Pero fue quizás Serge Reggiani quien más le influyera a usted artísticamente?
Es probable. En cualquiera de los casos, Reggiani es la persona para la que he escrito más canciones. Al haber trabajado mucho juntos es lógico que ambos compartiéramos tiempo y vivencias juntos y, por lógica, que nos influenciáramos bastante mútuamente. El resultado práctico de esa relación profesional y de amistad, fueron quince o dieciséis composiciones. No osbstante debo decir que Serge acostumbraba a rechazarme según qué cosas, que yo, a continuación, trataba de mejorar. Estos esfuerzos me ayudaron a superarme en mi trabajo compositivo dado que una canción no se da por acabada hasta que alguien la canta finalmente o la graba. La experiencia que atesoré durante aquellos primeros años de carrera, me sirvieron para madurar profesionalmente y un auténtico aprendizaje que me ha sido de utililidad hasta ahora mismo.

Entre las diversas temáticas que ilustran sus canciones, el amor y las mujeres aparecen de forma muy recurrente. ¿Son acaso los sentimientos lo que más alimenta su inspiración?
Me inspiro en todas las emociones en general. Las mujeres, es verdad, me producen mucha emoción [risas]. Creo que de alguna manera todas mis composiciones son, efectivamente, canciones de amor; pero no solo las mías. Si nos parásemos a pensar, la gran mayoría de las canciones que se pueden escuchar son de amor, de desamor, de falta o exceso de amor o de pasión hacia lo que sea. Una persona, una situación, una historia, un conflicto, la política… Debo reconocer que también me inspiran mucho los placeres de la vida, los sentidos, todo lo que sucede a nuestro alrededor, lo conocido, lo desconocido…

También ha trabajado para el cine y para el teatro habiendo diversificado de esa manera un poco su actividad cotidiana. ¿Cómo ha vivido estas experiencies artísticas paralelas?
Así es. Antes de cantar, trabajé bastante componiendo música para el teatro, para la televisión, para la gran pantalla e incluso para cortometrajes documentales de tipo cultural, además de bastantes jingles publicitarios. Todo ello me servía para ganarme bastante bien la vida, al tiempo que ya empezaba a escribir canciones para artistas consagrados. Aquellas otras experiencias profesionales también me enriquecieron y no tengo ninguna duda que supusieron igualmente un magnífico campo de aprendizaje profesional. Más tarde, con el paso de los años, he vuelto a trabajar en bandas sonoras aunque ha sido en proyectos mucho más ambiciosos que los de antaño y junto a directores de mucho prestigio que también me han ayudado a seguir creciendo como artista. Si tenemos en cuenta que una canción es en sí misma algo un poco cerrado y con límites expresivos evidentes, cuando escribes por encargo y para una finalidad como la del cine con un argumento concreto, la expresividad y el cromatismo que debes alcanzar son bastante más grandes y, por supuesto, complejos. Si al acabar de componer la música de una película, se demuestra que esta ha encajado suficientemente bien en las imágenes rodadas, entonces no cabe duda alguna que se ha superado el reto planteado. Si eso sucede, la sensación que uno percibe es de lo más gratificante.

Ha venido muchísimas veces a actuar a España donde hay mucha gente que admira su trabajo. ¿Qué sentimiento le granjeamos la gente de aquí?
Venir a España, en general, y a Cataluña, en particular, me ha producido siempre una gran emoción, desde mi primera visita, allá por 1971. Debo confesar, sin embargo, que aquella primera vez era un perfecto desconocedor de vuestra realidad. No conocía España pero tenía, a priori, una imagen muy mala de vuestro país. Sí, por supuesto, vivíais los últimos coletazos de una dictadura horrible pero es que además me desagradaban especialmente esos tópicos que el régimen de Franco quería proyectar hacia al extranjero: un turismo un poco vulgar, el flamenco, las corridas de toros, etc. Afortunadamente, al poco de llegar y tras conocer más de cerca a algunas personas y lugares hermosos que me abrieron los ojos y mi interés a otras realidades lejanas de aquellos tópicos, una especie de magia operó en mí y, de verdad, empecé a sentirme como en mi propia casa. Tanto es así, que considero a este país com una especie de patria ocasional aunque, por supuesto, no viva aquí. A Lleida, concretamente, es la tercera vez que acudo a cantar. Es una ciuidad que tengo muy grabada en la memoria, porque la primera ocasión que me trajo aquí no he podido olvidarla nunca; fue un día de diciembre de 1981, y ahora se cumplen exactamente veinticinco años. Poco antes de iniciar el recital me comunicaron el fallecimiento de mi madre… Así que venir aquí me produce una mezcla extraña y ambivalente de sentimientos en la que la nostalgia, la melancolía y una viva emoción conviven de una forma un poco estraña.

¿Está al día de la música que se produce actualmente en nuestro país? ¿Ha seguido el canbio generacional que ha vivido nuestra canción de autor? ¿Le suenan nombres como los de Pedro Guerra, Jabier Muguruza, Santiago Auserón o Ismael Serrano?
De los cantautores españoles de mi generación, por supuesto, no he dejado nunca de seguir a grandes creadores com Paco Ibáñez, Raimon, Serrat o Lluís Llach. De entre los más jóvenes, si que has mencionado a algunos que he tenido ocasión de escuchar y que me agradan: puedo destacar a Pedro Guerra, a quien encuentro muy inteligente, también a Ismael Serrano, con quien tuve la ocasión de compartir escenario durante una actuación conjunta que tuvo lugar hace algún tiempo en Badajoz. Creo que es un magnífico compositor y que, como algunos de los veteranos, hará historia. A los otros que has citado, por desgracia, no los conozco pero estoy seguro que son también grandes artistas.

Una última pregunta en tono de absoluta elucubración. [Moustaki era un gran aficionado y excelente jugador de tenis de mesa] Si pudiera jugar una partida de su deporte favorito con algún político o personalidad mundial relevante y el vencedor del match tuviese la potestad de decidir una gran acción que toda la humanidad haría suya ¿Con quién querría jugar? ¿Y, en caso de ganar, que escogería hacer?
Me gustaría jugar con Nelson Mandela. Y le dejaría ganar para que fuese él mismo quien escogiese lo que se tiene que hacer. Estoy absolutamente identificado con su visión del mundo y si más personas con su talante y humanidad pudiesen decidir el destino de todos nosotros, seguro que las cosas nos irían mucho mejor.

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