Fotopress: César Prieto

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«En mi casa no había medios mecánicos que atrajesen nuestra atención, así que me tuve que conformar con las orquestas que el día de la fiesta mayor tocaban los grandes éxitos y con la voz de familiares que me los endosaban el resto del año»

Esta semana nos visita uno de los nombres esenciales de EFE EME, César Prieto, profesor de literatura con un buen gusto que tira de espaldas. Además de por aquí, también ha escrito de música en «Mondo Sonoro» y «Ruta 66», y parte de su tiempo libre, y dinero, lo invierte en el exquisito sello discográfico Discos de Paseo.

 

Fecha y lugar de nacimiento.
Barcelona, 25 de marzo de 1965.

¿Qué música sonaba en tu casa cuando eras niño?
Básicamente ninguna. No había medios mecánicos que atrajesen nuestra atención, así que me tuve que conformar con las orquestas que el día de la fiesta mayor tocaban los grandes éxitos y con la voz de familiares que me los endosaban el resto del año. Hasta los diez años puedo recordar el ‘Mammy Blue’ de los Pop Tops y ‘Te estoy amando locamente’ de Las Grecas, que aparecieron en la televisión de mi primo y que cantábamos compulsivamente. Entre una canción y otra van tres años. A los doce mi padre compró el primer pick-up y trajo con él una colección de discos: Manolo Escobar, «Ecos de París», tangos cantados por Ramoncito Gómez y mucha copla. En todo caso, y quede claro, mi educación musical fue oral y no industrial.

¿Cuál fue el primer disco que compraste?
Siempre me ha parecido falaz esta pregunta. El primer disco que compraste puede ser el primero que hiciste coger a tu padre. En mi caso fue el ‘Coming out’ de The Manhattan Transfer, en la época no había tiendas de discos, se compraban en tiendas de electrodomésticos. El primero que compré con mi dinero tuvo una gestión más problemática: acababan de abrir unos almacenes Sears en mi barrio y estuve una hora –frente al desespero de mis amigos– entre ‘I will survive’ y el ‘Goodnight tonight’ de Wings, no sé por qué me decidí por éste último. El disco que encargué, busqué y esperé fue el primer EP de los Secretos. Mi copia es la 2446.

¿Y el último?
Esta es más fácil. «The wonderful parade» –la despedida del sello Annika– en CD, y el primero de los Ginkas en vinilo.

Selecciona tres discos internacionales esenciales de tu colección.
El primero sin duda es el doble EP de «Magical Mistery Tour». Me lo regaló en primero de BUP mi amigo Álex porque su hermano lo compró diez años antes y no le hacía caso. No solamente es por el fetichismo, sino por las enormes canciones que contiene y que son las menos valoradas de los Beatles. Un par más, pues por citar –mañana diría otros– cualquiera de los recopilatorios de Buddy Holly que tengo y el «Snap!» de The Jam.

Selecciona tres discos nacionales esenciales de esa misma colección.
El “Heliotropo” de Vainica Doble, el EP compartido por Kaka de Luxe y Paraíso y “Un soplo en el corazón” de Family. Tanto estos como los anteriores en vinilo, «of course».

Un disco doble al que no le sobra nada.
Ahora voy a ser tópico: el doble blanco de los Beatles. Creo que cada uno dio por última vez lo mejor que tenía.

Un grupo o cantante a quien rescatarías del olvido.
Muchos, si me atengo a los casos de mala fortuna es sangrante el de Chicho Sánchez Ferlosio. Ni el documental “Mientras el cuerpo aguante” es reconocido como una de las mejores películas de Trueba, ni llegó a llevarse adelante el proyecto de editar conciertos y canciones perdidas. Solo hay constancia del libro de sus obras completas. Entre los actuales, creo que Violeta Gómez es un compositor con verdadera magia, pero no puede moverse más que por círculos ultraminoritarios.

¿Cuál fue el primer concierto al que asististe?
Que recuerde el de Camel y Jethro Tull en la Plaza de toros Monumental. Me regaló las entradas Ordovás en un concurso del «Diario Pop». Esto fue en agosto del 82.

¿Y el mejor concierto que has visto?
Soy más de pequeñas salas que de grandes estadios, la cercanía y la ilusión son valores más positivos para mí que el perfeccionismo, así que destacaré el que a nadie se le ocurriría destacar: un grupo madrileño que solo sacó una maqueta, que se deshizo poco después y que traje yo a Barcelona, al Sidecar, y pese a la impericia ofrecieron un derroche de energía y elegancia pop y un montón de enormes canciones que ya nunca serán. Se llamaban Wendy. Fue el día que conocí a Guillermo, hoy en Wild Honey y los Mittens.

Elige y razona tu elección:

Serrat/Aute.
Ufff, esta es la que temo. ¿Cómo elegir? Serrat vuelca su mirada al mundo y sabe recrear como nadie sensaciones, Aute la vuelca hacia dentro y sabe tocar cada fibra de sentimiento. El uno es ‘Canción infantil’ y el otro ‘Las cuatro y diez’. Si me ponéis en el brete escojo a Aute, porque creo que está más olvidado.

Sabina/Calamaro.
No soy fan especialmente de ninguno de los dos, quizás Sabina porque hay media docena de canciones que me gustan muchísimo de él. Calamaro solo me gusta en Los Rodriguez, y eso no vale.

Nacha Pop/Los Planetas.
Nacha Pop, sin duda, pero es cuestión de educación sentimental. Y aunque de Nacha Pop solo valoro los cuatro primeros discos, “Buena disposición” me parece la colección de canciones más perfecta que ha salido en el pop español. Pero Los Planetas también me gustan, que conste, lo que pasa es que el rival aquí era muy fuerte.

Nacho Vegas/Quique González.
Quizás por eliminación Quique González, tiene la ventaja de tener a veces ese aire Enrique Urquijo que me entusiasma.

La Mala/La Bien Querida.
La Bien Querida, también por eliminación y porque aunque no me desagrada, creo que aún puede dar mucho más de sí.

Jacques Brel/Serge Gainsbourg.
Otro de los bretes. En esencia Gainsbourg, soy seguidor fiel, lo idolatro y sus canciones son arrebatadoramente magnéticas. El personaje, que es lo que se lleva ahora, me interesa bastante menos.

Frank Sinatra/Elvis Presley.
Elvis, pero la etapa de Las Vegas, ninguna otra. Apura tanto unas canciones ya de por sí maravillosas que las hace de otro mundo.

Marvin Gaye/Bruce Springsteen.
Hay muchas cosas que me molestan de Springsteen, muchas más que de Marvin Gaye, pero hay una razón de peso para que me decante por el segundo, y se llama “The River”.

Tom Waits/Lou Reed.
Lou Reed, por la Velvet, por el glam y por un buen puñado de canciones. Realmente de Tom Waits me gusta ‘Jersey girl’ y para de contar.

Michael Jackson/Prince.
Esta es la más fácil de todas porque digamos que… mmm… que nadie lo tome a mal, pero tengo muchos prejuicios sobre Michael Jackson, solo salvaría su primera etapa con los Five y eso vuelve a no valer. Así que por poco que haga Prince… Solo con ‘Little Red Corvette’ ya valdría.


The Rolling Stones/The Velvet Underground.

The Rolling Stones. Como ya he destacado a Reed antes, pues ahora les toca a ellos. Y por si necesito un punto de apoyo o una razón discográfica, esta se llama «Aftermath».

Bob Dylan/John Lennon.
Lennon tiene algunas cosas que no me gustan y Dylan muchas que me gustan, pero digamos que por respeto a mi adolescencia, Lennon. Dylan además tiene una clara desventaja: nunca estuvo en los Beatles, aunque los influyó, claro está.

Neil Young/Elvis Costello.
Me habéis vuelto a pillar. Aunque tengo claro que el ganador es Costello. La nueva ola es mi estilo, mi educación musical y mi colección de discos, así que no podría ser incoherente.

Youssou N’Dour/Fela Kuti.
Sin conocer especialmente la carrera de ambos, me decanto por Fela Kuti, por pionero y por más afín a estilos que me gustan.

¿Por qué decidiste dedicarte a la crítica musical?
Es que yo no decidí dedicarme a la crítica musical. Ni siquiera soy crítico musical, y pretenderlo me parecería una falta de respeto a esta profesión. Simplemente, tuve un fanzine, Juan Puchades me llamó para que se lo enviara, le hice una propuesta, y así empecé. Solo soy un chico loco por la música y dicen que con buen pulso al escribir. Y tanto las reseñas para EFE EME, alguna otra vez que he escrito para «Mondo Sonoro» o «Ruta 66» o mi sello discográfico derivan todo de lo mismo: difundir la música en la que creo.

¿Quién fue tu maestro periodístico?
Como decía en esta sección mi amigo Jam Albarracín, Diego A. Manrique “tiene rayos X en los oídos”. En erudición y habilidad para escribir él es el mejor. Ahora bien, en el aspecto sentimental y la música como pasión me ha enseñado todo Juan de Pablos. Julio Ruiz también, y en general todo Radio 3.

Un equipo de fútbol.
Aquí voy a ser tajante y claro: El Fútbol Club Barcelona. Aunque tengo siempre una pulsión por el equipo de mi barrio: el Sant Andreu, cada año pendiente de ascender a segunda A.

Un político.
Lo siento, ninguno. Como orador entre los actuales, Rubalcaba, pero solo como orador. Y si he de escoger alguno, pues los perdedores. Cualquier político que esté en este momento en prisión por defender sus ideas, sean del signo que sean.

Una ciudad para vivir.
Barcelona está bien, y me he acostumbrado a ella. Sin embargo, a veces cansa y me gustaría ser pseudonómada, pasar un mes de tanto en tanto en otra, en mi aldea perdida de Galicia, en Santiago –que es la ciudad más bonita del mundo–, Madrid también me gusta, Cádiz… Del extranjero La Habana u Oaxaca.

El disco que detestas y que despierta alabanzas entre tus compañeros.
Pues el “Nevermind” de Nirvana. Seguramente representó la ultima plasmación del «angst» juvenil, ese es su gran valor. Pero a mí me pilló recién salido de la juventud y ni lo entendí y ni siquiera hice el esfuerzo.

¿Vinilo, CD o mp3?
Desde luego, vinilo, me parece el sistema más cálido para escuchar música y el más perfecto como objeto. Después el mp3, pero como sustituto. El poder llevarte fuera de casa lo que quieras sin arrastrar cajas ni reproductores enormes es impagable. El CD me parece feo, antiestético y defectuoso.

La película que nunca te cansas de volver a ver.
Los clásicos, siempre. El cine actual me interesa escasamente. Digamos dos para cubrir lo nacional y lo foráneo: «Amanece, que no es poco» y «Laura», de Otto Preminger. Pero mañana diría otras.

El libro que nunca te cansas de releer.
Millares, como es una pregunta a la que he de contestar frecuentemente –además por mi trabajo de profesor de literatura– he escogido un libro para en estas ocasiones decir siempre el mismo. Ahí va: «Ada o el ardor», de Vladimir Nabokov.

Una serie de televisión.
Las clásicas, también. No sigo estas actuales que parecen tener enganchado a todo el mundo. De afuera, incluso ahora, «Pippi Langstrumpf» me parece una delicia. De adentro, «El pícaro», que hizo Fernando Fernán Gómez. O cualquiera de las de Jaime de Armiñán.

Si estuviera en tus manos elegir la música que suena en los supermercados, ¿qué discos seleccionarías?
Depende de la hora, cuando estuviera cansado de clientes, a los Sex Pistols. Más que autores o estilos, que variarían en cada canción, buscaría calidad. Jobim, Elis Regina, Benny Moré. Tiraría por lo hispano.

Anterior entrega de Fotopress: Silvia Grijalba.

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