“Flores raras” (1998), de Christina Rosenvinge

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ACÚSTICOS

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“Una fotografía sonora de una artista que, aunque ya tenía una consistente carrera a sus espaldas, todavía estaba explorando nuevos caminos”

 

Hace dos décadas que Christina Rosenvinge registró “Flores raras”, el disco acústico que grabó justo antes de mudarse a Nueva York para iniciar una etapa más experimental e introspectiva. Javier Escorzo se sumerge en él.

 

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Christina Ronsenvinge
“Flores raras”
WEA, 1998

 

Texto: JAVIER ESCORZO.

 

“Cumplimentando compromisos contractuales”, que dirían años más tarde sus amigos de Los Planetas. Eso es lo que pretendía Christina Rosenvinge cuando grabó el acústico “Flores raras” (Warner Music Spain, 1998). Y es que la chica rubia que diez años antes había hecho “¡Chas!” y había aparecido a nuestro lado, ahora quería hacer justamente lo contrario: desaparecer. Pongámonos en antecedentes.

Tras la separación de Álex y Christina (que, rásguense las vestiduras los puristas, grabaron canciones que a día de hoy siguen siendo enormes), la hispanodanesa se dispuso a emprender su carrera en solitario. El primer paso lo dio con “Que me parta un rayo” (1992), un álbum en el que colaboraron Pancho Varona, Antonio García de Diego (ambos estrechos colaboradores de Joaquín Sabina), Alejo Stivel, Álvaro Urquijo y Juan Luis Giménez (de Presuntos Implicados). El disco funcionó muy bien tanto en España como en Sudamérica, gracias a canciones como ‘Voy en un coche’, ‘1.000 pedazos’ o ‘Tú por mí’, pero no satisfizo por completo a Christina, que tenía en mente algo más acústico y sencillo, con menos relumbrón.

 

 

Para su segundo trabajo, ‘Mi pequeño animal (1994), quiso acerarse más al sonido que buscaba (lo que significaba alejarse de los estándares manejados por el pop rock mainstream), y para ello confió las labores de producción a Steve Jordan y Niko Bolas. A diferencia de lo que sucedió con su antecesor, este se grabó con todos los músicos tocando a la vez en los estudios de Le Château, cerca de París (los mismos en los que su admirado Davd Bowie había registrado su mítico “Low”). Aquí el nivel creativo seguía siendo muy alto, pero el resultado final era más visceral y áspero. Posiblemente, la canción más conocida fue el primer single, ‘Pálido’, pero también escondía otras gemas como ‘Días grandes de Teresa’, que recuperó muchos años después para su gira con Nacho Vegas, ‘Días de tormenta’ o ‘Alicia’, cuya letra narraba los sentimientos de una mujer que había sufrido una violación.

 

 

Siguió evolucionando en el tercero, “Cerrado” (1997), el primero que firmó sin Los Subterráneos, en el que contó con miembros de Soinc Youth. Christina había trabado amistad con Lee Ranaldo, guitarrista de la banda neoyorquina, que acabó siendo su productor. Este trabajo se situaba ya muy claramente fuera de los estrechos márgenes del pop más comercial y las radiofórmulas; como puede suponerse, la discográfica (WEA, que había sido absorbida por Warner) se mostraba inquieta y animaba a la cantante para que volviese a una senda más convencional, asegurándole que, si lo hacía, podría vender tantos discos como los artistas que copaban las listas de éxitos en aquella época (Miguel Bosé, Alejandro Sanz…). Sus cantos de sirena no fueron atendidos porque ella tenía claro que quería seguir buscando, y como el acuerdo se antojaba imposible, decidieron que a partir de entonces seguirían caminos separados. Todavía le quedaba un disco más por contrato, y una grabación en directo parecía la manera más fácil de terminar.

El 15 de abril de 1998, en los estudios Cinearte de Madrid, se registró “Flores raras”. Estuvo acompañada por una banda magnífica que, además de los consabidos guitarra, bajo y batería, también incluía sección de cuerda. La selección de temas estaba extraída de sus tres discos en solitario y se abría con ‘Lo siento’, en cuyo estribillo cantaba: “Soy yo, yéndome otra vez. Soy yo, lo hago sin querer. Lo siento”. Seguramente, cuando escribió estabas frases no estaba pensando en su carrera artística, pero bien podían resumirla en ese momento. ‘Pulgas en el corazón’, de su primer disco, sonaba aquí más polvorienta, con una producción más cercana a la que ella había imaginado. Lo mismo sucedía con los otros tres rescates de su disco de debut. ‘Alguien que cuide de mí’ y, muy especialmente, ‘1.000 pedazos’ y ‘Tú por mí’ guardaban pocas similitudes con las versiones incluidas en su opera prima; en esta nueva encarnación lucían ralentizadas y dibujadas con una instrumentación tenue, casi minimalista.

 

 

Además, había dos temas en inglés (‘Easy girl’ y ‘Glue’), extraídos de su anterior trabajo, el ya mencionado “Cerrado”. Recordemos que este disco se grabó en 1998, cuando España asistía a la primera eclosión indie, en la que la gran mayoría de los nuevos grupos cantaba en inglés. Sin embargo, en el caso de Christina no se trataba de una mera pose estética; se encontraba en pleno proceso de búsqueda y, de la misma manera que ansiaba encontrar un sonido propio, también quiso probar las posibilidades que le ofrecía escribir en otro idioma que, al tener muchos más monosílabos, facilitaba considerablemente la construcción de frases que encajasen en las melodías. Por estos tiempos, también, se trasladó a vivir a Nueva York, por lo que el cambio de idioma surgió de una manera natural, de la misma manera que, años más tarde, volvió a escribir en castellano cuando regresó a España.

 

 

“Flores raras” constituye una fotografía sonora de una artista que, aunque ya tenía una consistente carrera a sus espaldas, todavía estaba explorando nuevos caminos (cosa que sigue haciendo a día de hoy). Además, sirve como epitafio de su primera etapa en solitario, formada por tres discos de un valor artístico incuestionable. La discográfica, sabiendo que era un disco de despedida, no se esforzó demasiado en promocionarlo y a Christina, que ya tenía la mente puesta en su nueva vida (personal y artística) en Estados Unidos, no pareció importarle. Había conocido el éxito masivo con Álex y Christina y con su primer disco en solitario y tenía claro que no era eso lo que quería. Así que, como decíamos al principio, hizo “¡Chas!” y desapareció de nuestro lado. Se instaló en Nueva York y grabó dos grandes discos (“Frozen pool”, 2000, y “Foreign land”, 2002). Incluso el arisco Lou Reed la vio tocar en una ocasión y tuvo palabras de halago para ella. Después volvió a España y registró los mejores discos de su carrera (“Continental 62”, 2006, “Tu labio superior”, 2008, “La joven Dolores”, 2011, “Lo nuestro”, 2015, y “Un hombre rubio”, 2018). Pero esa es otra historia. En 1998, lo único que quería era desaparecer. Como decía en la presentación de (la canción) ‘Cerrado’: “Esta canción habla sobre el derecho a no estar, a no jugar. O a jugar a otra cosa”. La partida todavía continúa y sigue siendo ella la única que marca las reglas.

 

 

Anterior entrega de Acústicos: “MTV Unplugged” (1996), de Kiss.

 

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