Little Steven en Madrid: Pasmoso devocionario del soul

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“Una banda concebida a la manera de las viejas orquestas de soul: cinco metales, dos guitarras eléctricas, bajo, dos baterías, órgano, piano y tres estupendas coristas negras”

 

El célebre guitarrista de Bruce Springsteen, Little Steven, desplegó su sonido negroide en las Noches del Botánico de Madrid. Una cita imprescindible a la que no faltó un maestro del género: Luis Lapuente, el Doctor Soul.

 

Little Steven and The Disciples of Soul
Noches del Botánico, Madrid
11 de julio de 2018

 

Texto: LUIS LAPUENTE.

 

Cuando Bruce Springsteen era “el futuro del rock and roll”, según la afortunada sentencia de Jon Landau, sus conciertos se parecían mucho a los que regala ahora el flamante guitarrista de su banda, conocido en todo el mundo como el consigliere Silvio Dante en la serie “Los Soprano”. Little Steven llevaba dieciocho años sin publicar un disco a su nombre cuando se descolgó el año pasado con el descomunal “Soulfire”, uno de esos benditos trabajos de resistencia que terminan convirtiéndose en clásicos subterráneos de culto. Parte del repertorio de aquel álbum revive ahora sobre el escenario de la mano de una banda de aromas negroides, los Discípulos del Soul, una concebida a la manera de las viejas orquestas de soul: cinco metales, dos guitarras eléctricas, bajo, dos baterías, órgano, piano y tres estupendas coristas negras, el acabose en manos de unos músicos mayúsculos (entre ellos, el legendario pianista de The Youngbloods Lowell “Mr Banana” Levinger).

Así las cosas, Little Steven arrancó el concierto con ese eterno aire de zíngaro irredento, a lomos de uno de los himnos del soul, marcando territorio con ‘Sweet soul music’. Enseguida fue explicando su libro de estilo con una clarividencia pasmosa, pasando de los viejos clásicos de su antigua banda, Southside Johnny & The Asbury Jukes (‘Love on the wrong side of town’, ‘Ride the night away’, ‘I don’t want to go home’), a los incunables del soul negro (el glorioso ‘Blues is my business’, inmortalizado por Etta James, ‘Standing in the line of fire’, de su amigo Gary US Bonds, y ese tremendo blaxploitation de James Brown, ‘Down and out in New York City’, de la película Black Caesar). Uno de los grandes momentos de la noche tuvo que ver con el recuerdo a los años formativos de este bendito todoterreno, cuando Van Zandt explicó emocionado los orígenes del rock and roll, los años de la explosión del doo wop en las esquinas de New jersey, de Nueva York, de Chicago, para culminar la clase de historia con una maravillosa recreación del tema ‘The city weeps tonight’, uno de los mejores de su último álbum, donde uno quería cerrar los ojos e imaginar en escena a los Five Satins o los Penguins.

Little Steven no quería irse, había prometido dos horas de buena música y fueron casi dos horas y media. Con el público entregado a este pasmoso devocionario del soul, el cantante y su banda culminaron el sobresaliente con nuevas versiones de Southside Johnny & The Asbury Jukes (“esa banda a la que pertenecí antes de que tú hubieras nacido, jovencita”, le dijo a una espectadora), los primeros U2 (el tremendo ‘Out of control’, del álbum “Boy”) y un original propio, ‘Out of darkness’, que cerraba el círculo, bendito círculo pintado de negro, de un músico prodigioso, leyenda viva del rock más pegajoso y genuino, aquel que bebe sin descanso en las fuentes de la música negra.

 

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