Felinas, de Nat Simons

Autor:

DISCOS

«Un granito más para que las mujeres del rock nos den lo que tienen que darnos, que es mucho y bueno»

 

Nat Simons
Felinas

AUTOEDITADO, 2024

 

Texto: CÉSAR PRIETO.

 

La portada lo dice todo. Fuerza femenina, figuras de otra época, olvidadas, por supuesto —¿quién podría reconocer en ella a Suzy Quatro, en el dibujo de Cherie Currie, o a alguna de las Runaways? ¿Quién usa ya zapatos de plataforma?— que supusieron un revuelco en el rock. Primero, porque la presencia femenina trasmitía y adquiría poder y no era el manejo de una industria que la fagocitaba. Las cantautoras habían abierto su camino, pero en el rock solo la figura señera pero aislada de Janis Joplin representaba a la mujer rabiosa y llena de fuerza. Pero Janis Joplin era otro mundo.

En casi quince años de carrera, Natalia García Poza —para la música Nat Simmons— ha pasado de unos inicios folk, que después se electrifican, a acompañar a Loquillo en la gira de su cuarenta aniversario y, ahora, a una sana variedad de criterios sonoros que tienen como eje en este disco la electricidad a mansalva y como cauce las canciones que componían su trabajo de 2021, Felina, que aquí reinterpreta —junto a nuevas composiciones— acompañada de algunos compañeros.

El tono ya lo da “Queens of noise”, la legendaria canción de The Runaways, interpretada junto a Cherie Currie, la no menos mítica cantante del grupo, con quien ha hecho una gira conjunta que poseyó todo el espíritu del 77. Rock por la cara, directo, guitarras callejeras y pasión. Son tres minutos y medio de pura emoción. En “Ley animal”, se sitúa un lustro atrás para que esas guitarras se vuelvan enormemente glam —rock and roll con pintalabios, que dijo John Lennon—, y tiene como marca ese sonido, fuerte, potente que tan bien represento Suzy Quatro. También tiene bastante de glam rock “Televisión”, con esos coros directos que tiran para arriba la canción.

Caso aparte son las versiones. Acompañando a la de The Runaways que hemos comentado, tenemos “La noche es…”, donde junto a Aurora Beltrán, de Tahúres Zurdos, recrea ese “Because the night” que pertenece a medias a Bruce Springsteen y Patti Smith, con una versión más que digna, potente y con nervio. También, con Rufus T. Firefly, encara “Llamame”, el “Call me” de Blondie, que ya tenía versión en castellano cantada por el propio grupo, con el mismo espíritu de pop efervescente que la original. Para concluir, el clásico de Luz, “No me importa nada”, a la que sienta muy bien el dúo y los punteos de fondo, que poco a poco van creciendo para envolver un delirio de melodía.

Los extremos son “Déjalo ser”, con Vega y Rufus T. Firefly de nuevo, más comercial y convencional, a la manera de Fleetwood Mac, aunque los tres la logran llevar a su mundo, cosa que no es difícil para grandes constructores de pasión como ellos. Por el contrario, “Extraña religión” es rock sin complejos, sin más ansia que recorrer paisajes eléctricos y hacer canciones bonitas. Entre medias, “Pequeña guerrera estelar” —junto a Nina de Juan y Los Estanques— comienza con un piano de caja de música, que da paso a una canción que habla del poder femenino y concluye con la densidad de una guitarra que puntea hasta el cielo.

El conjunto culmina con “Macabro plan galego”, que ya aparecía en Felina, pero aquí con una letra en esa lengua, lo que le da un aire más folk, pero de nuevo lleno de fuerza. El proyecto va, además, acompañado de un libro en el que la propia Nat Simons va desplegando historias que se aliñan con las voces y entrevistas de artistas y mujeres relacionadas con el mundo de la música. Un granito más para que las mujeres del rock nos den lo que tienen que darnos, que es mucho y bueno.

Anterior crítica de discos: Cristal medium blue, de Lewis Ofman.

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