Es la edad. Tocando los tambores con Los Salvajes, de Delfín Fernández

Autor:

LIBROS

«Una obra fundamental para entender el día a día de un conjunto en la España de los sesenta»

 

Delfín Fernández
Es la edad. Tocando los tambores con Los Salvajes
CHELSEA EDICIONES, 2020

 

Texto: ÀLEX ORÓ.

 

«Me gustaba reír, cantar y bailar. Era joven y salvaje. Fue la edad». Lo afirma Delfín Fernández en Es la edad. Tocando los tambores con Los Salvajes (Chelsea Ediciones), el libro que recopila sus recuerdos como batería de uno de los grupos más influyentes, ruidosos, peligrosos y divertidos del rock español de los sesenta. A estas alturas, todo el mundo ha oído o leído anécdotas de Los Salvajes. Son conocidas las penurias que pasó el grupo en una gira por Alemania en la que, siendo todavía unos adolescentes (Fernández tenía 16 años y el resto del grupo 18), curtieron y muscularon su estilo, pero también perdieron varios kilos de peso por el hambre que pasaron.

Delfín Fernández explica su visión de la jugada de una manera cálida, amable y cercana al lector. Párrafo a párrafo, consigue mantener el interés por las aventuras y desventuras del quinteto barcelonés. El lector podrá entender las difíciles relaciones que mantenían los grupos como Los Salvajes con las discográficas, más pendientes de los réditos comerciales que del interés artístico a la hora de elegir el repertorio de una banda. Pese a todo, Los Salvajes consiguieron grabar himnos generacionales como “Soy así” o “Es la edad” y las mejores versiones en castellano de los Rolling Stones (“Todo negro”, “La neurastenia”…). Fueron capaces de catalizar las influencias de la escena rhythm and blues británica y del beat más furioso. También crearon un sonido propio, el «sonido mosca», al ser los primeros en utilizar un pedal distorsionador que les fabricó una empresa barcelonesa, la misma que creó los amplificadores Sinmarc (que quería decir sin marca) copiando algunos de los elementos de los Fender que Los Salvajes habían traído de Alemania. También fueron pioneros en su forma de vestir, gracias a la Sastrería Garvi, que les proveía de los mejores, más atrevidos y llamativos trajes, pantalones o suéteres del momento. Al igual que otros grupos de los sesenta, la mili fue un verdadero dolor de cabeza para Los Salvajes que tuvieron que sustituir algunos de sus miembros mientras los componentes oficiales vestían de caqui o azul. También coquetearon con el soul por motivos comerciales hacia el final de la década, momento en el que el grupo entró en una cierta decadencia.

Todo esto lo narra Delfín Fernández como quien no quiere la cosa, desprendiendo una cierta bonhomía y sin histrionismos, lo que convierte a este libro en una obra fundamental para entender el día a día de un conjunto en la España de los sesenta. Complementa a la perfección Los Salvajes y yo (Lenoir, 2007), la autobiografía del indómito Gaby Alegret, el cantante del grupo, y el recomendable documental Sonido mosca (Nando Caballero, 2019), sobre la gestación del sonido salvaje.

Además, tal y como suele suceder con todos los volúmenes editados por Chelsea, Es la edad. Tocando los tambores con Los Salvajes está excelentemente presentado. Podemos ver y disfrutar de fotos del grupo en Alemania, en la Sastrería Garvi, en el patio del guardamuebles donde ensayaban, artículos de las revistas de la época, partituras incluso del carnet del Sindicato Vertical de Fernández, un documento que todos los jóvenes músicos debían tener para poder tocar. Una verdadera gozada para los ojos.

Es importante que se continúen publicando libros como este. Son necesarios para reconstruir y valorar la historia del rock y el pop español de la mano de sus protagonistas.

Anterior crítica de libros: Lo que no es tuyo no es tuyo, de Helen Oyeyemi.

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