Coplas del andar torcido, de The New Raemon

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DISCOS

«Instrumentalmente, se viste más que los anteriores y se llena de detalles en los fondos, pero también desnuda corazón y garras»

 

The New Raemon
Coplas del andar torcido
B-CORE, 2020

 

Texto: CÉSAR PRIETO.

 

Siempre me ha parecido curiosa la carrera de Ramón Rodríguez. Proveniente de grupos de finales de los 90, crea el sello Cydonia Records para lanzar sus trabajos, pero su propuesta es captada por B-Core, que lo coedita y acompaña su carrera desde entonces, siendo la suya una propuesta musical que se aleja un tanto de las perspectivas estéticas del sello. Su cruce de cantautor folk y miembro de banda de rock, como dos círculos tangenciales, no impide que a la vez haga versiones de grupos tan poco afines a su sonido como Manos de Topo y construya trabajos que ahondan, más de lo común, en las telas del desamor y de la vida.

Y esas telas todavía se vuelven más oscuras en el reciente Coplas del andar torcido, que es un disco construido con multitud de viñetas y en el que cada viñeta es un paisaje con verdaderas delicias plásticas. Paisajes muy mediterráneos en “Ropa mal colgada”, abierta y oxigenada, o paisajes nocturnos con fondos de naturaleza y un soberbio crescendo en “Luna creciente”. También paisajes en penumbra, en “En la feria de las atracciones”, donde las cuerdas finales acompañan la letanía de un rotundo verso de cierre: «es el último verano”».

De la misma manera es un disco barroco en el sentido de que funde vida y muerte en una misma amalgama y de que en ocasiones llega a ser obsesivo, su disco de fondos más abigarrados. Empezamos a morir al nacer: es el mensaje de “El árbol de la vida”, lánguida, pesimista y de marcha lenta. Los títulos van a la par y “Pronto todo será sombra” parece haber salido de la pluma del mejor Quevedo y se constata como su corte más folk: solo acústica, con un impresionante violín y empapada de esa esencia de toques populares.

También de raigambre tradicional es “Aunque maldigas entre dientes”, que va creciendo desde el minimalismo y mezcla a The Cure con algo como hondura de siglos. O la electricidad en parte bucólica de “En un zarzal”. Pero si hay alguna canción que anude todas estas líneas del disco es “Días de rachas grises”, con ese inicio que si les da por escuchar discos de folclore oirán mil veces. Tomen, por ejemplo, “Caravel de caraveles” de Amancio Prada y verán que son los mismos mimbres. Después, recuerda al folclore tratado, como el de La Búsqueda en su primer elepé. Las palmas finales dejan claro el asunto.

Un disco que, instrumentalmente, se viste más que los anteriores y se llena de detalles en los fondos, pero también que desnuda corazón y garras y lleva la propuesta de los barceloneses un poco más allá: recoger la belleza que está en la tensión y la ambigüedad.

Anterior crítica de discos: La conquista del espacio, de Fito Páez.

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