El rock de una noche de verano (4): La voz de Medina

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«Señor Medina, si ve que su festival no encaja con la dinámica española, no hay problema, deje de hacerlo aquí. Los empleos temporales que crea no son ni tan siquiera un parche para nuestra situación de desempleo»

Unas declaraciones de Roberto Medina, máximo responsable de Rock in Rio, sobre España y sus «vicios» laborales llevan a Juanjo Ordás a replicarle.

 

 

 

Texto: JUANJO ORDÁS.
 

 

 

Cuando uno concede una entrevista tiene que tener cuidado con dos cosas. La primera, que se transcriba con justicia y que, si es capada, lo sea de una manera que no tergiverse ideas. La segunda, no decir sandeces si se quiere dar una imagen respetable. Cuando alguien concede una entrevista o hace declaraciones a la prensa, debe ser consciente de que sus palabras se proyectan al mundo (o al menos a quien las quiera leer), que los remiendos y acotaciones posteriores funcionan dependiendo de la seriedad del tema. Resumiendo, si se habla de algo serio, lo mejor es articular un discurso siendo consciente de que la prensa es un megáfono y que habrá que defender las ideas lanzadas a posteriori. Este mismo año, Bill Gates, entrevistado por uno de los principales periódicos de España, se preguntaba por qué en nuestro país los salarios no habían bajado. Estupefacción la del lector, ignorancia la de Bill. Cualquier ciudadano español es muy consciente de la continua bajada salarial que se lleva produciendo desde hace unos pocos años. Pero esta no es una sección política. Aunque hoy política y música se darán la mano. Decía anteriormente que cuando uno es entrevistado tiene que tener cuidado.

Hace poco leía en una revista musical española una entrevista a Roberto Medina. Medina es el arquitecto (económico e ideológico) de Rock in Rio, uno de los festivales musicales más conocidos a nivel  mediático en el mundo entero, una mezcolanza que según qué día satisface a una audiencia determinada, algo muy loable. En la citada entrevista, Medina hablaba de lo que el entrevistador llamaba los “vicios” de España y no parecía dudar a la hora decir que “Estamos en crisis y, sí, ¡hay que trabajar más! En España hay que cambiar de forma de pensar”.

Interesante. No tengo la menor idea de a quién se refiere con ese plural “estamos”, de hecho estoy seguro de que Medina y yo pertenecemos a estratos sociales muy diferentes, pero me llamó muchísimo la atención que un caballero brasileño dedicado al negocio del entretenimiento fuera capaz de soltar una píldora tan simplista, más propia de un titiritero de tres al cuarto que del inteligente empresario que sabemos es. Quizá no era su mejor día, quizá fue malinterpretado, quizá dijo exactamente lo que piensa. El primer supuesto casi se puede disculpar y el segundo se perdona al instante, pero en caso de tratarse del tercero de ellos, estaríamos hablando de ignorancia, estupidez y desfachatez. Y como tenemos pruebas de que Medina no es ni ignorante, ni estúpido y además dudamos mucho de que el medio haya tergiversado sus palabras, damos por hecho que Medina no tenía su mejor día cuando realizó semejante declaración.

Porque ese “trabajar más” como solución no solo es propio de patrón franquista miope (tendencia que vuelve, ¡puro vintage!), sino que implica un patético desconocimiento de una realidad compleja en la que intervienen muchos más factores al margen de la producción. Temporalidad de empleo, contratación fraudulenta, declive económico (¿real?, ¿artificial y provocado?), la consiguiente caída de la demanda, falta de estímulos económicos, reglas de mercado caducas… Podríamos enumerar muchos más, también explicar cómo Alemania ha reducido su desempleo mediante medidas que en absoluto recomienda a los demás países bajo su yugo.

Unos meses después, la agencia Efe recogía nuevas declaraciones de Medina una vez finalizada una nueva edición de su festival. La nota de prensa especificaba que el brasileño había “supeditado la continuidad de la franquicia española a que haya ‘cambios’ en el mercado y en la mentalidad empresarial” y, leyendo el texto entero, se dejaba entrever claramente el desencanto del empresario respecto a la mentalidad de los empresarios españoles, que no deben haber jugado a su juego como él habría deseado, algo que, por lo visto, sí hicieron en la edición de Portugal. ¿Una cuestión de actitud? Lo dudo mucho.

España ahora mismo es un país deprimido pero no idiota. Los cambios se producirán cuando los poderes fácticos lo permitan y muy pocos de ellos pasan por el pueblo llano, por mucho que Medina en nuevas declaraciones así lo asevere.  «España tiene una estructura fenomenal, pero hay un grave problema generacional: la gente debe dejar de esperar a que los políticos hagan algo. Hay una falta de actitud, y no se trata del gobierno, somos nosotros», ha dicho Medina,  nuevas declaraciones dignas de un ignorante fascista que, insisto, sabemos él no es. Pero lo cierto es que ya es hora de dejar de repartir culpas y, desde luego, es hora de impedir que cualquier ente ajeno a la realidad española sea capaz de juzgarla. Habrá que soportar el hipócrita dedo de Merkel señalando a España (¿hasta cuándo, por cierto?), pero de ahí a creer que cualquier inversor puede entrar en casa sin sacudir sus zapatos en el felpudo hay un trecho. A día de hoy, este país –con sus virtudes y defectos– funciona como funciona, se trabaja como se puede (cierto, hay que destruir la economía sumergida) y se gasta lo que se permite.

Señor Medina, si ve que su festival no encaja con la dinámica española, no hay problema, deje de hacerlo aquí. Los empleos temporales que crea no son ni tan siquiera un parche para nuestra situación de desempleo y cualquiera de los artistas estrella que suele traer están más que habituados a pisar suelo español gracias a promotores que siguen jugándose su dinero y a un público que, cuando responde, responde como pocos. Esas voces, son las mismas que hacen de España lo que a día de hoy es, para bien y para mal.

Anterior entrega de El rock de una noche de verano (3): A ti, lector.

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