El oro y el fango: ¿Son caras las entradas de los conciertos?

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borja-cuellar-04-10-13

«Los músicos saben lo que cuesta organizar un bolo, ellos saben que en estos momentos montar un concierto es pasearse por la cuerda floja sin red, ellos saben lo difícil que va a ser cuadrar la cuenta de resultados si no se vende un mínimo de entradas»

 

Ante la idea, cada vez más extendida, de que el precio de las entradas de conciertos es caro, Juan Puchades desglosa los gastos que conlleva la organización de un concierto. Adelantamos la conclusión: no, las entradas no son especialmente caras.

 

 

Una sección de JUAN PUCHADES.
Ilustración: BORJA CUÉLLAR.

 

 

La devaluación (económica, pero también artística y sentimental) de los discos ha arrastrado consigo a la propia música: si los registros sonoros no valen nada, el mismo hecho musical ha dejado de tener valor, o por lo menos cotiza muy a la baja. Es algo que se veía venir, pero los afectados no reaccionaron a tiempo, no se implicaron en la defensa de lo suyo y ahora, en tiempos de carestía generalizada, pagan con rigor las consecuencias. Lo peor es que la historia se repite: si en su día fue recurrente escuchar aquello de «los discos son muy caros», ahora es frecuente leer comentarios en redes sociales sobre lo caras que resultan las entradas de los conciertos. Cuando veo esas opiniones, me pregunto, ¿caras, comparadas con qué? ¿Con un café, con una entrada de cine, con una cena, con un gin tonic, con la entrada de un partido de fútbol, con un litro de suavizante para la ropa, con un pantalón de marca, con un billete de avión, con un coche, con un piso, con un globo aerostático?

Imagino a músicos agobiados al leer comentarios sobre el precio de las entradas de su próximo concierto en la ciudad X… porque ellos saben lo que cuesta organizar un bolo, ellos saben que en estos momentos montar un concierto es pasearse por la cuerda floja sin red, ellos saben lo difícil que va a ser cuadrar la cuenta de resultados si no se vende un mínimo de entradas. Ellos lo saben, el que se lamenta de que una entrada es cara, no, él no tiene ni la menor idea de los gastos que conlleva sacar adelante un concierto. Por si sientes curiosidad (y sin cobrarte nada), aquí va una aproximación bastante real a los números de una noche de concierto en tu ciudad:

Vamos a desarrollar este supuesto con una entrada que tiene un precio de 20 euros para la actuación de un grupo integrado por cinco músicos. Es decir, una banda de rock and roll, para entendernos. Y de las buenas, profesionales en lo suyo durante años, con camino recorrido, unos cuantos himnos a sus espaldas y que ahora tienen que bregar en pequeñas salas. También puede ser un grupo que resiste y trata de sacar cabeza, ya con dos o tres discos en su haber.

Lo primero que hay que saber es que al precio final de una entrada tenemos que descontarle el salvaje 21 % de IVA. Así que de esos 20 euros hay quitarle 3,47 euros que se agencia el Estado (que esa noche no toca, pero tiene que alimentar una maquinaria de proporciones desconsideradas, las cosas como son). Tu entrada, sin IVA, costaría 16,53 euros.

De esos 16,53 hay un 10 % que se queda SGAE en concepto de derechos de autor. Es decir, 1,65 euros.

En total, de los 20 euros originales al promotor o al artista le quedan 14,88 euros. Ese es el dinero que obtiene de cada entrada por la que tú has pagado 20. Supongamos que se venden 300 entradas, que multiplicadas por 14,88 hacen un total de 4.464 euros. Esa cifra es la que manejará el artista.

Ahora, lógico, hay que comenzar a descontar, que no todo es beneficio:

Los gastos por alquilar una sala con una capacidad para unos 300 o 400 asistentes (y pensamos en el típico local donde el público permanece de pie) vienen a ser de 300 euros (la cifra puede oscilar entre 200 y 500, depende de la ciudad y lo solicitada que esté la sala. O entre 1.000 y 3.000 si nos vamos a un local mayor, o a un pequeño teatro. Para grandes espacios, los precios se disparan).

En gastos de promoción (diseño, impresión y pegada de carteles, distribución de flyers, inserción de anuncios, incluso alguien que gestione la imprescindible promoción a nivel local), y sin pasarse lo más mínimo, pueden irse unos 400 euros.

Para desplazar a cinco músicos entre, pongamos por caso, Madrid y Tarragona, hacen falta dos furgonetas: una para el grupo y otra para los instrumentos y aparatejos diversos, además del merchandising. En alquiler y gasolina podemos echarle 600 euros.

Vamos a dar por hecho que la sala tiene su propio equipo de sonido y a un técnico competente (y es mucho suponer), así que solo viajan siete personas: los cinco músicos más un «road manager» que además conduce una de las furgonetas (y no es lo más recomendable, lo mejor es confiar en un conductor profesional; pero, vale, esta gente son unos valientes y están dispuestos a jugársela en la carretera). En la segunda furgoneta solo viaja un técnico de «backline», que dominará todos los instrumentos (cosa difícil), además hará de pipa (carga, descarga e instalación) y conducirá la furgoneta (un fenómeno, el hombre). Son siete, pero en condiciones normales estaríamos hablando de entre ocho y diez personas. Pero, de acuerdo, caen chuzos de punta y este viaje lo estamos haciendo con lo mínimo.

Siete personas alojadas una noche en un hotel presentable y haciendo dos comidas a lo largo del viaje (lo normal serían tres, pero como son músicos, oye, ¡que se jodan!) vienen a ser 600 euros.

Aunque les fastidiamos una comida, vamos a ser buenos y a ponerles un poco de «catering» en el camerino, que pasan muchas horas allí (desde la prueba de sonido hasta el largo «besamanos» posconcierto), son humanos y unos sándwiches, fruta, tortilla, jamón (serrano, no te creas), patatas fritas, frutos secos y bebidas van a caer: 100 euros.

El road manager y el técnico que les han acompañado en el viaje, pueden cobrar 150 euros cada uno. Como son dos, 300 euros más a sumar.

En total, los gastos pueden rondar los 2.300 euros.

Como los ingresos son 4.464 euros y tenemos que descontar 2.300 de gastos, nos quedan 2.164 euros de ingreso neto (buen momento para recordar que el Estado, por el IVA de este bolo, y sin despeinarse, se ha hecho con 1.041 euros, que no está nada mal).

El grupo tiene una oficina de management que se ha encargado de toda la organización, por lo que cobra una comisión de entre un 15 y un 20 %. Puede suceder, depende de las condiciones pactadas, que el porcentaje lo liquide del bruto antes de descontar gastos o que lo haga después de restarlos. Vamos a ponernos en el segundo supuesto y a considerar que su margen es del 15 %. Así, de los 2.164 euros, se quedaría con 324 euros. Es decir, el neto bajaría a 1.840 euros.

Ha llegado el momento de que cobren los músicos, que son quienes han escrito las canciones, las han ensayado, se han subido al escenario y han dedicado alrededor de treinta y seis horas de su tiempo (desde que han salido de casa hasta que han regresado a ella) para tocar en tu ciudad. Lo que cobra cada uno puede variar mucho entre un solista con músicos de apoyo o un grupo democrático. En todo caso, vamos a dar por hecho que los cinco componentes de esta banda se reparten equitativamente el dinero. O lo que es lo mismo, dividamos 1.840 euros entre cinco personas. Nos da 368 euros por cabeza.

De esos 368 euros, cada cual tendrá que descontar sus gastos: ineludiblemente el 21% de IRPF, lo que deja el total en 290 euros. Y hay que restar el porcentaje para pagar autónomos, mantenimiento y amortización de equipo (una guitarra, un bajo, un teclado o una batería no los compras y, ¡hala, ya funcionan perfectamente hasta el fin de los días!) y vestuario (un músico, por mal que vista, sale a escena con la ropa que cree adecuada, y hay que comprarla; ¡incluso hay que lavarla!). Además, con toda seguridad, habrá que dejar dinero de reserva para poder financiar la grabación (quizá también edición) de su próximo disco, que ahora casi todo el mundo tiene que grabar por su cuenta y riesgo (en todo caso, siempre queda la esperanza de que con el merchandising vendido en cada bolo, al final se cubran gastos).

Además, tenemos que pensar que este grupo no podrá volver a Tarragona hasta que, por lo menos, transcurra un año, o solo irán a verlo los fieles más entregados. Es decir, tras de sí deja tierra quemada en lo profesional.

El grupo, si está presentando obra nueva, durante los fines de semana de un mes tocará en cuatro ciudades. Así que multipliquemos 290 euros brutos por cuatro, lo que hace 1.160 euros de ingresos por persona y mes (y no olvidemos que hay que descontar los gastos: solo la seguridad social en el régimen de autónomos, aunque hay muchas bases de cotización, puede rondar los 260 euros mensuales). Pero los que se dedican a la música saben que cuatro conciertos en un mes es la excepción, y sostener ese ritmo durante muchos meses, algo completamente utópico: ahora mismo no hay público para ello. Y con los discos ya no se gana nada. Así que, en un año, hay pocas probabilidades de que consiga mantener esa cantidad mensual.

¿De verdad te parece caro el precio de una entrada? ¿Tú cuánto cobras al mes?

Y no hay que perder de vista que estos números se han realizado en el supuesto de que acudan 300 personas al concierto. Pero si son 200, se bordea el colapso. Con 400 el tema puede ponerse bien (quizá compensar las pérdidas de un bolo en el que pinchen).

De ahí la importancia de la venta anticipada en estos días aciagos, única forma de valorar si un concierto dejará pérdidas o ganancias. Por eso muchos se suspenden, porque la venta anticipada va mal y desaconseja desplazarse ante la posibilidad de encontrar una sala vacía y, directamente, perder dinero. Es por ello que si eres seguidor de un artista o un grupo, tienes interés por verlo en directo y va a tocar en tu ciudad, apóyalo comprando por anticipado: estás ayudando a que el concierto salga adelante.

Nota: Evidentemente, estas cifras se han planteando en el supuesto de que el grupo vaya «a empresa», es decir, que él mismo organiza el concierto. Otra posibilidad es que un promotor organice el bolo, pague al grupo un caché fijo y él trate de ganar algo (que no suele ser mucho). Otra variante (cada vez menos frecuente) es que sea la propia sala la que contrate al grupo por un caché, y esté dispuesta, incluso, a hacer frente a pérdidas en la taquilla en la confianza de recuperarlas con las barras. También, y para abaratar costes, se puede alquilar en la ciudad en la que tocas, por ejemplo, la aparatosa batería, y contratar a un técnico de «backline» local, tratando de ese modo de viajar en una única furgoneta de mayor capacidad, evitar comidas y habitación de hotel. En todo caso, estas cifras se aproximan mucho a las que se manejan en un concierto de estas características, y han sido contrastadas.

Nota 2: Hay que aclarar que la parte que cobra SGAE, revierte en los compositores de los temas que se han interpretado durante el concierto. Esa es una fuente más de ingresos que tienen los escritores de canciones.

Nota 3: No hay que perderse el detalle de que nuestra nunca suficientemente bien amada Administración, en el ejemplo desglosado, además del IVA recauda 78 euros en concepto de IRPF por músico, que multiplicado por cinco son 390. En total (lo que le saca al local, a los técnicos, a la agencia de management, al hotel, etc., serían otras cuentas), el concierto le depara a las arcas públicas 1.431 euros. ¡Es a quien mejor le ha ido la noche! ¡Ella sí que está por la música en directo!

 

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Anterior entrega de El oro y el fango: De patrocinadores y del indie como nuevo mainstream.

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