“El hombre de las mil caras”, de Alberto Rodríguez

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CINE

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“Alberto Rodríguez confirma que sabe como pocos canalizar el malestar subyacente en la España contemporánea en relatos e imágenes fascinantes a la vez que despiadados y que no dejan indiferente a ningún espectador”

 

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“El hombre de las mil caras”
Alberto Rodríguez, 2016

 

Texto: ELISA HERNÁNDEZ.

 

Da la sensación de que gran parte del cine español de los últimos años sigue, en general, dos tendencias muy marcadas. Por un lado, nos encontramos una serie de comedias poco irónicas, sinceras y sencillas, pequeñas pero divertidas películas que buscan transmitir encanto y dejar un buen sabor de boca a la salida del cine. En el lado totalmente contrario, poderosos y oscuros thrillers nos presentan el reflejo oscuro de nuestra sociedad, la verdadera cara de muchos de esos valores y discursos oficiales sobre los que tan poco nos preguntamos.

Con “El hombre de las mil caras”, y tras “Grupo 7” y “La isla mínima”, Alberto Rodríguez confirma que sabe como pocos canalizar el malestar subyacente en la España contemporánea en relatos e imágenes fascinantes a la vez que despiadados y que no dejan indiferente a ningún espectador. En esta ocasión nos cuenta la participación del agente de los servicios secretos españoles Francisco Paesa en la fuga y posterior detención del ex-director de la Guardia Civil Luis Roldán a mediados de los años 90.

La película está construida a partir de pequeños y emocionantes fragmentos de historia aquí narrada a partir de hipnóticos y cuidados encuadres y de diálogos escuetos pero muy significativos. En todo momento se recurre sabiamente a elementos de los mejores filmes del subgénero de espías, desde rápidos pero breves montajes de imágenes en sucesión y con voz en off hasta el uso de sombras y cámara lenta bajo la lluvia en escenas que podrían proceder de la adaptación de una novela de John Le Carré. La maravillosa música de Julio de la Rosa (que de nuevo colabora con Alberto Rodríguez, como ya hiciera con la hermosa banda sonora que compuso para “La isla mínima”) funciona como hilo conductor de toda la película, y nos acompaña e integra en ella tanto en los momentos más ligeros como en la tenebrosidad y tensión en que el filme poco a poco se va adentrando.

Con largos silencios, parcas conversaciones, señales casi inapreciables, desconfianza, miedo y tensión, “El hombre de las mil caras” es un filme inquietante, emocionante e interesante que no tiene nada que envidiar a cualquier producción llegada desde fuera. Sin embargo, hay algo intrínsecamente español en las imágenes que vemos. Se nos recuerda que hay mucho no resuelto detrás de nosotros y que, para colmo, se trata de hechos y sucesos de los que no parecemos haber aprendido nada. Alberto Rodríguez vuelve a conseguir, como gran maestro del género que es, recurrir a un pasado cercano (desde luego más cercano de lo que nos gustaría) para hacer que se retuerza nuestro presente.

 

 

 

Anterior crítica de cine: “The Beatles: Eight days a week”, de Ron Howard.

 

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