El disco del día: Serge Gainsbourg

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«Es un álbum raro en la discografía de Serge Gainsbourg, ignorado por la memoria popular, la misma que acoge como propios sus éxitos eurovisivos o sus canciones de jadeo»

Serge Gainsbourg
«Histoire de Melody Nelson»
UNIVERSAL

 

 

 

Texto: CÉSAR PRIETO.

 

 
“Melody Nelson” es un álbum raro en la discografía de Serge Gainsbourg, ignorado por la memoria popular, la misma que acoge como propios sus éxitos eurovisivos o sus canciones de jadeo –inmediatamente anteriores–, el filtro de la crítica lo ha sancionado como uno de los más completos e influyentes; apenas hay estructuras ni melodías reconocibles, pero anticipa gran parte de lo que será el mejor rock en esa década de los setenta que el disco casi estrena. Es desacostumbrado y nada conceptual –a pesar de que sus comentaristas así lo vean–, es simplemente narrativo: desarrolla una historia, no un concepto. Todo esto viene a colación porque Universal acaba de dar a luz una edición del proyecto con extras que –por fin– sirven para dar una idea más cabal de lo que Gaisnbourg se traía entre manos. Básicamente, un documental sobre su gestación y las tomas alternativas completas.

Vayamos por partes: la idea de hacer una comedia musical y la búsqueda de una estética perversa habían sido paralelas para el judío parisino hasta el momento en que se juntaron para ofrecerle forma y tono a finales de los sesenta. Quizás fuera la relación con Jane Birkin –que el documental se refleja desde sus inicios en el rodaje de “Slogan”; él insultante, ella pidiendo acogida– o quizás la obsesión por la figura de Humbert Humbert, más luminosa que la de Lolita, pero el caso es que tenía dos motores para llevar adelante su intención. Fue un proceso largo, casi dos años, pero al fin consiguió editar el disco que él quería, con la valiosa ayuda –casi se puede entender que son un dúo– del arreglista Jean Claude Vannier, porque los arreglos son una parte fundamental y envolvente de las canciones.

La historia es introducida en la primera, ‘Melody’, el Rolls Royce del narrador impacta con una muñeca de pantalón blanco que circula en bicicleta, los fondos orquestales derivan a veces a paisajes tétricos, a veces a estampas pastoriles. Es la canción que da la medida porque a partir de aquí las claves van a ser similares, aunque cada tema, escucha tras escucha, posea diferentes resoluciones. Una característica común, eso sí, es que la voz es un mero recitado, un recitado que en esta canción que abre anticipa a Lou Reed, de la misma forma que la guitarra adopta los mismos elegantes fraseos que después serán clave en Roxy Music. No es casualidad que fuera grabado en Inglaterra porque es el de sonido y espíritu más anglosajón en toda su trayectoria.

En ocasiones la acústica ofrece un aire de ingenuidad y se alía a la perfección con unos arreglos de trompa barrocos, como en ‘Ah! Melody’, en ocasiones la orquesta ofrece un tono edulcorado de banda sonora de Michel Legrand. De golpe, el sonido se vuelve cósmico, sucede en la extraña, llena de risas de una Birkin niña que su hermano había grabado en un cassette, ‘En Melody’. A veces los coros son envolventes retoques gregorianos, otras veces el bajo y la batería trenzan líneas funk. En general, es un disco extraño pero soberbio, cada minuto parece derramar una sonoridad diferente, pero al final todo encaja en un conjunto medido, bien ensamblado; un conjunto que parece impenetrable pero que al final se resuelve en su historia de “amour fou” más embriagadora.

Anterior disco del día: Sílvia Pérez Cruz & Javier Colina Trío.

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