Diez grandes riffs del siglo XXI

Autor:
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Franz Ferdinand.

Tras recordar algunos de los mejores riffs de los 50 y los 60, y hacer lo propio con los 70, 80 y 90, Fernando Ballesteros escoge diez buenos ejemplos en canciones de los últimos 18 años.

 

Selección y texto: FERNANDO BALLESTEROS.

 

En anteriores entregas hemos recorrido, a golpe de riff, el camino que iba desde la explosión del rock and roll hasta Nirvana, posiblemente la punta de lanza de la última gran sacudida de este negocio.

Ha llegado el momento de dar un paso más, meternos en el siglo XXI y seleccionar diez riffs de estos últimos dieciocho años. Se trata de diez grandes canciones. Algunas más obvias no podían faltar en una lista de estas características, mientras otras entran más en el terreno de la debilidad personal. La decisión es discutible y el resultado, espero, disfrutable.

 

The Dictators: “Who will save rock and roll” (2001)

Entramos en el nuevo siglo a través de la década de los setenta del pasado. Porque a esa época gloriosa del New York protopunk nos llevan los Dictators. Tres discos, cambios de discográfica y un éxito que no llegó, combinado con un sentido del humor que no todo el mundo entendió, les llevó a cerrar el primer capítulo de su historia con un epílogo en directo cuyo título era toda una declaración de principios: “Que les jodan si no saben aguantar una broma”.

Pero tras unos años en el olvido, se reactivaron. Primero con el proyecto Manitoba’s Wild Kingdom, en el que se reencuentra el núcleo del grupo, y más tarde a través de giras que les sirvieron para comprobar, en la década de los noventa, que su recuerdo estaba muy vivo en países como el nuestro. Así que decidieron grabar y se marcaron un discazo a la altura de la leyenda: Dictators Forever. Forever Dictators. El tema que abre el trabajo con su riff de sirena, “Who will save rock and roll”, se incorpora con justicia a la colección de clásicos para corear con el puño en alto que los neoyorquinos ya manejaban en épocas pasadas.

 

 

The Hellacopters: “By the grace of God” (2002)

Los suecos —que, por cierto, están de vuelta — fueron ampliando su paleta sonora con el paso de los años. Había mucho Detroit y hasta Motorhead en los principios de The Hellacopters, influencias que no desaparecieron pero compartieron protagonismo con muchas otras: Kiss, rock de estadio y hasta sonidos sureños que dejaban entrever en el título de su quinto disco. El álbum se abre con el temazo que le da título, “By the grace of God”. Allí había otros grandes riffs, como el de “Carry me home” o ese principio de “Better than you” que es puro Chuck Berry, pero me sigo quedando con aquellos primeros segundos de un disco por el que fuimos varias veces a la tienda antes de poder disfrutarlo.

 

 

The Hives: “I hate to say I told you so” (2000)

Algunos conocimos a estos escandinavos cuando aparecieron por aquí como teloneros de los Hellacopters. Apenas unos meses después, las cosas habían cambiado y mucho. Los garajeros The Hives habían superado en popularidad y éxito comercial a sus compatriotas y lo habían hecho a golpe de temazos como “Main offender” y, sobre todo, este “I hate to say I told you so”.

 

 

Queens of the Stone Age: “No one knows” (2002)

Otra de las canciones que no podía faltar. Los Queens of the Stone Age perfeccionan la fórmula y en su tercer disco, titulado Songs for the deaf, alumbran su mejor coleección de canciones. Atrás quedan los tiempos de las sesiones del desierto y la ortodoxia del rock fumeta de los tiempos de Kyuss en los que Josh Homme compartía aventuras con Nick Oliveri y Alfredo Hernández. Aquí domina la rotundidad rítmica de canciones como este “No one knows”. Nunca habían ido tan al grano.

 

 

Jet: “Are you gonna be my girl” (2003)

He sacado de la lista a los New Christs para meter a estos otros australianos cuyo único gran éxito terminó cansando: Jet. Me siento un poco culpable, pero vamos a pasar el trago. El caso es que siempre pensé que había más de hype y éxito inesperado vía anuncios que chicha en estos jóvenes. Sin embargo, hay que reconocer que el riff deudor del “Lust for life” de Iggy Pop que preside “Are you gonna be my girl” nos hizo mover la cabeza antes de que comenzaran los problemas de digestión.

 

 

The White Stripes: “Seven nation army” (2003)

Y aquí llegan unas notas que, hoy en día, asociamos más al fondo de un estadio de fútbol o a la celebración de un título de la selección de turno que a una canción pop. Pero no perdamos la perspectiva. Antes de “Somos campeones de Europa” con el soniquete en cuestión, existió “Seven nation army”, el título que abría Elephant. Con este trabajo, The White Stripes revalidaban el éxito cosechado con su tercer álbum, White blood cells. Corría 2003 y nos vendían que las guitarras habían vuelto desde Nueva York, aunque Meg y Jack habían llegado desde Detroit.

 

 

Franz Ferdinand: “Take me out” (2004)

La vuelta del rock de guitarras, que en realidad nunca se había ido, también hacía escala en Escocia. Allí, el disco de debut de los Franz Ferdinand contenía uno de sus grandes himnos. “Take me out” tardaba en arrancar, pero tras el minuto inicial se terminaban las dudas. Un brutal cambio de ritmo daba el pistoletazo de salida al jolgorio de explosión rítmica que marca el riff machacón y brillante de la canción.

 

 

Jay Reatard: “Always wanting more” (2008)

 

Uno de los útlimos grandes genios de esto del rock. Jay Reatard dejó su huella en más de veinte discos y una lista casi interminable de singles desperdigados por múltiples sellos. Con The Reatards, con Lost Sounds y ya en solitario, por citar sus más destacadas aventuras, el de Memphis tuvo tiempo de edificar una carrera que tira de espaldas.

Sus últimos años, firmando como Jay Reatard, parecían acercarle a un público más numeroso, y el caso es que potencial no le faltaba: grabó dos discos sobresalientes y un par de recopilaciones de singles. En la segunda de ellas, para el sello Matador, se incluía “Always wanting more”, editada como single junto a “You mean nothing to me”. La canción tiene un riff alegre y vibrante y un texto que habla abiertamente de drogas. Las mismas que estuvieron detrás de su muerte en 2010, cuando aún no había alcanzado la treintena.

 

 

The Black Keys: “Lonely boy” (2011)

Desde 2001 llevan dando guerra los Black Keys. El dúo formado por Dan Auerbach y Patrick Carney y su rock básico de raíz blues fue cocinándose con el paso de los años y las grabaciones. Así fue hasta llegar a sonidos más elaborados en su sexta referencia, Brothers, donde el single “Tighten up” les abrió el camino de audiencias mayores. Su siguiente paso, El camino, consagró a la banda de forma definitiva. En aquella colección de canciones, “Lonely boy” triunfa con ese riff bailón que incita al oyente a imitar al personaje que aparece en el clip. El éxito volvió a catapultar a los chicos al triunfar también en los Grammy. El resto es historia.

 

 

Courtney Barnett: “Aqua profunda” (2015)

Sometimes I sit and think, and sometimes I just sit es uno de los mejores discos de los últimos años. Una de esas obras cuyo siguiente paso coloca a su autora, por aquello del listón elevado, en una tesitura complicada que la australiana ha solventado, a mi juicio, con éxito en el más que notable “Tell me how you really feel”.

Courtney Barnett cuenta más que canta y lo hace con piezas inmediatas y envueltas en riffs poderosos. Historias como las de “Nobody really cares if you don’t go to the party”, la inicial “Elevator operator”, el brillante single “Pedestrian at best” o una debilidad personal titulada “Aqua profunda!”. Es muy difícil ganar a esta canción en inmediatez, brevedad y la sencillez de su riff.

 

Anterior entrega: Los riffs que hicieron historia en los 70, 80 y 90.

 

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