Los riffs que hicieron historia en los 70, 80 y 90

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Recorrer tres décadas a golpe de riff en solo seis paradas. Un reto al que se enfrenta Fernando Ballesteros, partiendo de Alice Cooper para llegar a Nirvana.

 

Selección y texto: FERNANDO BALLESTEROS.

 

1972: ‘School’s out’, de Alice Cooper

Para los jóvenes más inconformistas, los Stones son ya unos dinosaurios, los Who se dedican a firmar operas rock y los Beatles ya no existen. ¿Le faltan alicientes a la escena? Yo diría que no, a pesar de las veces que hemos escuchado que la revolución punk surgió por culpa de un panorama difícilmente soportable. No deja de ser una simplificación tirando a burda.

Porque sí, es verdad que está el rock sinfónico y que algunos de los grupos que actúan en estadios pueden llegar a aburrir, pero no es menos cierto que la Velvet, en el subsuelo, había puesto las bases de buena parte del futuro. Se acaban los Stooges y MC5, pero Nueva York está a punto de darnos a los Ramones, los Dictators y un puñado de grandes bandas.

¿Se había perdido la inmediatez de la música pop? Tengamos en cuenta que el Glam ya andaba pegando con fuerza. David Bowie y Marc Bolan se disputaban el trono y por allí, con esa etiqueta, andaban apelando a la diversión y a lo más básico del rock and roll, grupos como Slade o Sweet.

Tampoco eran de complicarse mucho la vida los abanderados del pub—rock. El paso de la década nos traía también el triunfo de Queen, los años gloriosos de Thin Lizzy y el nacimiento de Motorhead, por citar unos cuantos ejemplos.

Antes, en 1972, Alice Cooper había editado su quinto álbum de estudio, “School’s out”. Lo suyo era un paso más en el glam al que nos referíamos hace un momento. Alice heredaba aspectos de la tradición más teatral del rock and roll, la de un Screamin’ Jay Hawkins, para dar forma a una obra que llega hasta nuestros días y en la que abundan clásicos como la canción que daba título al disco y que nos recibía con un apoteósico riff. 

1977: ‘God save the Queen’, de Sex Pistols

En la sempiterna lucha por dominar el rock and roll, disputada por Estados Unidos e Inglaterra, los segundos se llevaron los laureles de la revolución punk. Las semillas se habían puesto al otro lado del charco, pero el momento culminante lo protagonizaron los Sex Pistols, por mucho que “New rose” de los Damned sea considerado como el primer single punk publicado en las islas.

Los orígenes venían del vigor y la energía cruda del garaje rock, pasando por Detroit, y había vivido capítulos destacados en la vibrante escena neoyorquina de la primera mitad de los setenta. Por allí estuvo Malcolm McLaren, que tomó buena nota de lo que estaba ocurriendo. El peculiar manager lo había intentado con unos New York Dolls en decadencia, pero fue con los Sex Pistols cuando sus métodos y tácticas pro situacionistas dieron resultado. Entre otras cosas, McLaren logró que ‘God save the Queen’ se convirtiera en la canción más censurada de todos los tiempos en el Reino Unido. No se radiaba y algunas cadenas de distribución ni siquiera vendían el siete pulgadas. El resultado de todos aquellos enfrentamientos fue la expulsión del grupo de A&M.

Es el momento de Virgin y del lanzamiento definitivo del single, y como la censura se cebaba con la banda, se decidió que coincidiera con el Jubileo de Plata, las celebraciones de los 25 años de reinado de Isabel II. Londres vivía engalanada a la espera del gran momento, como si no importase nada más. Lo que no esperaba la mayoría de los ciudadanos es que los Pistols se llevarían algún que otro titular en la prensa de la mañana siguiente.

Virgin alquiló un bote para el grupo. A Malcolm se le había ocurrido que navegaran por el Tamesis tocando ‘God save the Queen’ y el atronador riff de uno de los himnos del punk sonó junto a algún que otro insulto dedicado a la Reina. Como no podía ser de otra forma, la policía tomó cartas en el asunto, rodeó la embarcación y la dirigió al puerto, donde músicos y manager fueron detenidos. El objetivo estaba conseguido.

Aquel single censurado inicialmente salió a la venta el 27 de mayo de 1977, y debería de haber sido número uno, pero nunca ocurrió de forma oficial porque «I don’t want to talk about it» de Rod Stewart ocupó su lugar. McLaren explicó varias veces que ‘God save the Queen’ vendió el doble, pero hubo muchas tiendas que no informaron de las ventas del single de los Pistols porque no querían verlos encaramados a lo más alto de la lista.

1980: ‘Breaking the law’, de Judas Priest

Llegados a este punto, ya podemos hablar con propiedad de heavy. Poco antes había emergido lo que se denominó como la nueva ola del heavy metal británico, un fenómeno incialmente underground que fijará muchas de las características que marcarán el género durante los años siguientes.

El comienzo de la década marca también el comienzo de la segunda vida de AC/DC, ya con Brian Johnson al frente. Los australianos son una fábrica de riffs desde hace más de cuarenta años, aunque la etiqueta heavy —y volvemos a Andrew O’Neill— no cuadra con su música, por mucho que hayan cargado con ella. Pero estamos en 1980 y en este momento ya no hablamos de protoheavy, ni de antecedentes, sino de una etiqueta que había tomado carta de naturaleza gracias, entre otras cosas, a la irrupción de Judas Priest.

Si Black Sabbath marcan el inicio del camino, sus paisanos de Birmingham pavimentan y aseguran esa senda, llevando el término unos cuantos pasos más lejos. Judas Priest crean el canon, despojan al sonido del influjo del blues que había estado presente hasta ese momento en favor de una música más reconocible como heavy. Una música en la que las guitarras corren a toda velocidad y se cruzan y en la que la voz de Rob Haldford alcanza unos registros que marcarán la pauta de lo que vendrá después.

En definitiva, lo que hacen es dotar al género de una personalidad propia, un sonido característico y una imagen icónica. Tras ellos, el cuero y las tachuelas se convierten en puro heavy metal.

Desde su debut independiente, Judas Priest vieron como su popularidad crecía y con “British steel” alcanzaron un gran éxito, cimentado en canciones como ‘Breaking the law’, que avanza a lomos de uno de esos riffs históricos de los que habíamos venido a hablar aquí.

1985: ‘Bastards of young’, de The Replacements

La década de los ochenta transcurre entre resacas punk, nuevos románticos y mucha laca. Son momentos delicados en los que muchos de los gigantes de la música graban algunos de sus peores discos, pero no todo es malo, ni mucho menos. Ahí están los Smiths, grabando “The Queen is dead”, The Cure, registrando algunos de sus mejores trabajos o los Jesus and Mary Chain de “Psychocandy”, convertidos en la gran esperanza de la prensa británica.

En Estados Unidos unas cuantas bandas son agrupadas con la etiqueta de nuevo rock americano: allí estaban Green on Red, Dream Syndicate, The Long Ryders o unos REM que terminarán arrasando con un riff de mandolina, aunque esa es otra historia. Además, se produjo un revival garajero con nombres como Cynics, Fuzztones o Chesterfield Kings. No estaba tan mal la cosa.

Además, había dos escenas: la hard y metalera americana que retrata con mucho sentido del humor el gran Chuck Klosterman en “Fargo Rock City”, y el underground que documenta Michael Azerrad en “Nuestro grupo podría ser tu vida”. Efectivamente, en el subsuelo estaba cobrando forma una camada de grupos que terminarían teniendo un hijo famosísimo.

Así que, Dinosaur Jr, Sonic Youth, Pixies y Husker Dü eran el indie alternativo que de dejaría de serlo para pasar a copar portadas en 1991. Pero no adelantemos contecimientos. Estamos en 1985, el año en el que The Replacements abandonan la independencia tras el éxito de “Let it be”. Pero no, nunca les llegará el éxito comercial masivo. Algunos, eso sí, llevamos unos cuantos años con el riff de ‘Bastards of young’ instalado en el cerebro.

1987: ‘Sweet child o’mine’, de Guns N’ Roses

En las listas de Estados Unidos, estrellas como Michael Jackson, Prince o Madonna ven como algunos melenudos les logran plantar cara. Suelen ser los más pulcros, la cara más amable del rock duro. Def Leppard primero y Bon Jovi más tarde son dos claros ejemplos de ventas millonarias a cargo de los chicos “duros”. Y no son los únicos: Mötley Crüe, bastante más macarras, con sus pinturas de guerra, le dan al glam-metal y abren un camino por el que otros terminarán triunfando a lo grande.

Y es ahí donde se cuelan los Guns N’ Roses. Su elepé de debut, el ya mítico “Appettie for destruction”, era pura dinamita, doce trallazos, producción perfecta o, mejor dicho, la producción que pedían a gritos aquellas canciones, imagen… visto con perspectiva, aquello no podía fallar.

Sus cinco miembros parecían chicos malos, peligrosos. A su alrededor parecía desatarse el caos, y si no, era su vocalista AXL Rose el que se encargaba de desatar la tormenta.

Pero el disco no fue un éxito de la noche a la mañana. Digamos que le costó arrancar. Sus primeros singles habían cosechado un reconocimiento más bien modesto y los chicos giraban y giraban teloneando a otros grupos y haciéndose un nombre en el circuito. La historia no iba mal, pero era la de muchos otros grupos.

Fue la elección de ‘Sweet child o’ mine’ como tercer sencillo la que cambió la historia. Se abre con un riff que ya es un clásico y que, sin embargo, nació casi como una broma de Slash imitando la música de circo. Era un juego y a la vez un ejercicio que el guitarrista utilizaba a modo de calentamiento en los ensayos. Poco a poco aquel esbozo se convirtió en una obra coral en la que los cinco músicos aportaron su parte.

Duff, el bajista del grupo, declaraba años más tarde que fue compuesta en cinco minutos. Simplemente tres acordes y una intro muy peculiar. Casi nada.

1991: ‘Smells like teen spirit’, de Nirvana

Y llegaron los noventa y el vuelco total. Nirvana editan “Nevermind” y un riff pone el mundo patas arriba: el de “Smells like teen spirit”. Poco más que añadir.

Hasta ese momento, la escena rockera la dominaban Guns N’ Roses, a los que habíamos dejado en lo más alto tras el éxito de su debut. Ellos marcaban la pauta: eran estrellas orgullosas de serlo y de comportarse como tal, con todos los clichés y vicios que uno pueda imaginar.

Los Ángeles es el centro, muchos grupos consiguen contrato y venden una cantidad respetable de discos. Cada compañía busca a los siguientes Guns y muchos aprovechan la coyuntura. Lo habitual en estos casos. Entonces, Kurt Cobain y los suyos cambian las reglas. Ellos representaban justamente todo lo contrario y su aparición supone una revolución en un doble sentido. La industria cambia sus miras: los grupos hardrockeros de segunda división dejan de tener oportunidades e incluso alguno de los de la máxima categoría comienzan a pasarlo peor. Con Nirvana en todo lo alto, haciendo gala de su ética punk y de unos referentes muy claros, salen a flote algunos supervivientes de la era alternativa que se había desarrollado en el subsuelo durante la década anterior. Sí, básicamente los del libro de Azerrad (“Nuestro grupo podría ser tu vida”).

El riff de ‘Smells like teen spirit’ recuerda al de ‘More than a feeling’ de Boston o al de ‘Louie Louie’. Es curioso: Kurt intentaba copiar a los Pixies o eso reconocía en sus declaraciones de la época, pero le salió algo que evocaba a un grupo AOR muy lejano, en principio, a su universo.

Fue, como él mismo decía, un riff cliché, tanto que la primera vez que lo tocó delante de sus compañeros, el bajista Krist Novoselic, le miró y le dijo simplemente: “Es tan ridículo…”. No lo fue.

Anterior entrega: Los riffs que hicieron historia en los 50 y los 60.

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