Corriente alterna: Internet fomenta la cultura de la mendicidad

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«Lo bonito de la música es que perdure, quizá décadas, quizá para siempre, y para ello va a necesitar, a la fuerza, un soporte físico que internet no da»

 

Sostiene Juanjo Ordás que los discos sin edición física no van a ningún sitio, que no crean cultura, que están condenados al olvido.  

 

 

Una sección de JUANJO ORDÁS.

 

 

Leo que en la red, que en internet, está la cultura. Y es cierto, la cultura está ahí, como en tantos lugares físicos. Sin embargo, es triste pensar que la red puede generar cultura de calidad, más que nada porque no es así y de hacerlo tampoco sería capaz de empujarla con la fuerza suficiente. El mejor nuevo grupo del mundo puede empezar a hacerse oír en Myspace (medio muerto, ahora parece querer reactivarse) o YouTube, pero nada más, si no hay un «input» desde el mundo físico sencillamente no ocurrirá nada con esa nueva banda. Un artista puede editar los discos digitales que le dé la gana, pero si no existe una contrapartida física, estaremos hablando de jodidos fantasmas que irán a parar a un limbo llamado disco duro. Otra cosa es utilizar esos lanzamientos digitales exclusivos como una senda paralela al trabajo real, al que se edita distintos formatos constituyendo la espina dorsal de una carrera discográfica. Pero cuando un artista basa su carrera en álbumes digitales está dirigiéndose hacia el más absoluto de los olvidos. Lo bonito de la música es que perdure, quizá décadas, quizá para siempre, y para ello va a necesitar, a la fuerza, un soporte físico que internet no da. ¿Van los adolescentes del futuro a realizar escarceos a través del disco duro de sus progenitores? Si lo hacen no será para buscar música, pero en caso de que esa fuera su misión: ¿Cómo van a computar los datos en su cabeza? ¿Cómo van a asociar portadas y música si no las pueden acariciar? La memoria no funciona así.

Lo mismo ocurre con toda esta nueva generación de pseudoperiodistas musicales que paren textos haciendo casi calco de la Wikipedia  o cualquier otra página web. Ellos son otro producto más de esa famélica “cultura” que produce la red, como los artistas de trayectorias digitales antes mentados. O peor aún, ¡los que regalan su obra! Madre mía. El colmo de los absurdos, mendigar porque le escuchen o lean a uno. Seamos valientes, hagámonos el hara kiri si vemos que lo que hacemos no va a ningún lado y solo le gusta a dos de nuestros amigos. ¿Se crea cultura en la red? Sí, pero la cultura de la mendicidad.

Anterior entrega de Corriente alterna: El mundo necesita a Jaime Urrutia.

 

 

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