Carlangas, de Carlangas

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DISCOS

«Un conjunto lleno de energía y potencia imaginativa, crisol y cóctel de decenas de músicas . Carlangas es un erudito musical»

 

Carlangas
Carlangas
ERNIE RECORDS
, 2023

 

Texto: CÉSAR PRIETO.

 

Fui muy feliz mientras existió Novedades Carminha, esa combinación de energía que se arrancaba del punk, de la new wave y del desenfado de los grupos españoles de los últimos setenta. De ellos, extrajeron riffs de guitarra sencillos, pero efectivos, estribillos magnéticos y una ironía en las letras quede mostraba su buen hacer literario. Sus conciertos eran sudorosos e intensos, lo puedo corroborar porque asistí a algunos de ellos. Todo esto se necesitaba a finales de la primera década del nuevo milenio.

Vinieron seis discos largos, que poco a poco iban incluyendo nuevos paisajes. Ritmos más bailables, más cuidados en su sonido, paseos por ámbitos tropicales, callejeros o suburbiales, hasta que el año pasado anuncian un parón indefinido. Necesitaban coger aire y fuerzas. Su vocalista y guitarra, Carlos Pereiro, «Carlangas», continuó probando estos nuevos sonidos que habían ido ampliando sus estéticas, editó algún single con Baiuca o Bronquio, y nos sorprende ahora con todo un elepé con nueve canciones que a la vez están a años luz y al lado de sus inicios. Ahí mezcla todo, rock y electrónica, disco y cumbia, hip hop y rumba.

En todo caso, este no es un disco que recoja simplemente los cuatro sencillos que han ido apareciendo desde hace un año, sino una visión de futuro. O, más bien, un engarce entre el futuro y el pasado. Pongámonos en una de las que parece más abierta, de las que más llegan en una primera escucha, “Los dineros”. Y desde el primer segundo se nos abre un espacio de disco music, con todos sus trucos y clichés. Pide pista, noche y bolas de espejo. Y una producción de Giorgio Moroder. Pero también acoge algo de rumba suburbial —la guitarra final es puro Chichos— y de sofisticación de soul suave en su saxo. Sabe encajar tres o cuatro estilos a la vez, salir airoso y ser moderno a la vez.

Sofisticada y elegante es también “Que si quiero o que si tengo”, los instrumentos parecen tocados por la magia, bien conjuntados, tan suaves como la seda y no menos ligeros. En “O día que volvín nacer” se pueden adivinar fondos que remiten a Barry White, pero después juega a rapear, aunque, pensándolo bien, Barry White también rapeaba a su manera.

Hay otras bibliotecas de sonidos. Ya desde la apertura del disco, “Se acabó la broma”, juega con texturas, con todo el acervo popular junto a los trucos de estudio más actuales: cuñas plásticas y cinematográficas, vientos de pachanga y cultura de barrio. Música de calle es también “Regalado”, donde nos sorprenden esas guitarras ácidas de los setenta y tiros electrónicos, aparentemente minimalistas, pero densos de fondo e imaginativos.

Incluso hay un tercer reducto, que es el iberoamericano. En “Cabeza loca” oímos flautas andinas, carracas y bongós, y la miniatura instrumental que es “Contigo” se llena de sabor tropical. En “Cae la noche”, con Manu Chao, ya nos encontramos con una verdadera cumbia, llena de todos los trucos actuales que se puedan imaginar, pero también con todo ese bagaje caribeño que en Galicia es sustrato desde hace muchos años.

Las letras son aparentemente sencillas, conversaciones a pie de fiesta, novelas de barrio con las calles llenas de prestancia amorosa y chulería. Aparentemente —como la música— minimalista, pero con fondos ocultos, ironías y bromas privadas. Todo ello da un conjunto lleno de energía y potencia imaginativa, crisol y cóctel de decenas de músicas —Carlangas es un erudito musical, aparte de comunicador radiofónico— pero compacto y sabroso.

Anterior crítica de discos: The Ballad of Darren, de Blur.

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