Aunque estemos muertos: Coque Malla transita la oscuridad

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Coque Malla: «El disco es inmersivo por la atmósfera que tiene y por el orden en el que se desarrolla»

 

A la escucha privada de Aunque estemos muertos, el nuevo álbum de Coque Malla que verá la luz el 17 de noviembre, asistió Carlos H. Vázquez. Un encuentro excepcional con el músico, que fue revelando algunos de los secretos de este repertorio tan oscuro, como esperanzador y, sobre todo, humano.

 

Texto: CARLOS H. VÁZQUEZ.
Fotos: JUAN PÉREZ-FAJARDO.

 

«Vuelvo a las noches de luna en los tejados… Vuelvo a mi hogar…». Al final del documental Jorge. Una travesía de Coque Malla, el protagonista de esta historia aparece tocando la guitarra en la azotea de su casa. Luce el sol en las alturas, mientras suenan los primeros acordes de “Como los gatos salvajes”, octavo tema de su nuevo disco Aunque estemos muertos (Warner, 2023). «“Como los gatos salvajes” es de las primeras y yo casi diría que es la primera. El riff, creo, es lo primero que compuse nuevo», desvela Coque Malla a Efe Eme.

El encuentro con el músico madrileño se produce ante una mesa de sonido, mientras prepara el orden de las pistas de su séptimo trabajo después de ¿Revolución? (Warner, 2019). «Si uno de mis discos necesita ser escuchado así, para entenderlo en toda su dimensión, sea cual sea, es este. Es inmersivo por la atmósfera que tiene y por el orden en cómo se desarrolla», explica Coque con orgullo, pues asegura haber conseguido respetar la atmósfera. «Durante todo el disco no hay una fisura», dice.

No habla de calidad, pues este es un asunto relativo, pero sí del estado natural de la atmósfera del álbum: «Esa atmósfera respeta totalmente el sitio emocional, psicológico y musical desde el que se ha escrito». Malla se refiere a la perplejidad, el vértigo, el miedo y la tristeza que produce tomar conciencia de que «esto» se acabará algún día. «Desde muy pequeñito sabemos que la muerte está ahí, pero hay un punto que, creo, tiene que ver con la edad, con la paternidad, con la muerte de seres cercanos; te das cuenta de que no es una broma. Somos frágiles, esto un día se acabará y es mejor vivir a tope y sacarle algo a la vida». De esta situación nace Aunque estemos muertos, con una corriente de tristeza y de oscuridad pero, paradójicamente, también de luz y luminosidad.

 

Coque Malla: «Somos frágiles, esto un día se acabará y es mejor vivir a tope y sacarle algo a la vida»

 

Latidos

En efecto, Aunque estemos muertos es un disco lóbrego. No solo por lo que ha explicado su autor, sino por los títulos de algunas de las canciones. Sirva “Bailo con los muertos”, la primera, que se presenta en azul oscuro casi negro: «Desde mi ventana veo como acaba el mundo / pierdo la alegría de sentirme indestructible / llego hasta el mar y comprendo que todo termina hoy / me dejo caer en un mundo donde nada existe / y bailo con los muertos».

Otros cortes presentan un semblante similar al de “Bailo con los muertos”. Por el momento, este tema inaugural no llega a explotar, tampoco le hace falta; va de cara Coque Malla cuando le canta a la muerte: «Cuento los anillos que he perdido en el camino / ya no importa nada, pronto dejaré mi cuerpo / Quiero rezar y pedir una última oportunidad / nunca tuve fe y ya es tarde para el misticismo». Late el corazón a través del bajo de Héctor Rojo.

Las notas graves mandan. Es fácil imaginarse a los esqueletos del clásico de Disney, The skeleton dance, ambientando la escena con serpientes de cascabel. «La banda ha tenido muchísimo que ver», continúa Coque, especificando que está compuesta por Amable Rodríguez (guitarra), David Lads (teclados y sintetizadores) y Gabriel Marijuán (batería y percusión), además de Héctor al bajo. «No se han limitado a ser unos músicos profesionales que llegaban y hacían su trabajo de forma fría, sino que la implicación ha sido brutal. Ha habido una libertad creativa y una capacidad de experimentación que yo jamás en mi vida, ni de lejos, he sentido grabando un disco», ha expresado.

Se desvanece la voz al terminar “Bailo con los muertos”. Es el turno de “Místico”, la segunda. El orden no es casualidad. Coque ha puesto cuidado en colocar las canciones —insiste en ello—. Sin embargo, “Místico” va en otra onda, en esa que llaman «setentera», de cuando Led Zeppelin. Fuerza en las guitarras y en los coros, repitiendo entre exclamaciones el apelativo «¡místico!». ¿Será la canción ese chispazo de luz? Lo es. Y también “El saco de los sueños”, tercera, con sus reminiscencias al Wurlitzer de Roger Hodgson (Supertramp). Pero, en realidad, las influencias de Coque Malla en este trabajo ha sido The Smile —«¡Me han volado la cabeza!»—, el grupo paralelo de Thom Yorke y Johnny Greenwood (Radiohead).

 

Sonido de muertos

Amable Rodríguez y José Nortes (productor, sintetizadores y coros) han sido fundamentales en el resultado sonoro de Aunque estemos muertos. Ha llevado un mes y medio aproximado grabar y mezclar, en Black Betty, el elepé —Coque entiende el disco en el formato del vinilo— y cerca de un año la composición y los ensayos: «Muchas veces, cuando [José Nortes] me envía mezclas, sufro hasta que consigo hacerle entender cómo quiero que suene. Pero con este disco me llegaban las mezclas y se me caían las lágrimas. Suena precioso». Malla ha soltado las riendas, ya no está encima de cada nota y de cada arreglo «de manera psicópata». Ha conseguido no tener un control férreo sobre todo lo que ocurre en la grabación o en los ensayos, y da lugar a la experimentación, a la improvisación y a la libertad creativa del resto de los componentes: «Por eso disfruto tanto de este disco, porque lo escucho. Lo que más tenía en la cabeza era controlarme, dejar que las cosas ocurriesen y no forzarlas».

La cuarta, “Aunque estemos muertos”, resulta ser el avance del disco. Es onírica, herencia de “El saco de los sueños”: «Duerme, duerme con los ojos entreabiertos / Sueña, sueña que no estamos siempre tristes», comienza la letra de “Aunque estemos muertos”. Explica Coque que escribir acerca de la muerte no consiste en levantarse un día y decidir que uno va a hacer un disco sobre ella: «El proceso te va llevando y empiezas a hacer un poco de terapia y de movida freudiana. Llevaba tres canciones sobre los muertos y la muerte y vi que había un clima». Dice que se encuentra en un momento de reflexiones, remitiéndose a lo enumerado al principio de este texto: la paternidad, la edad, la muerte de seres cercanos… La fragilidad.

 

Coque Malla: «Lo que más tenía en la cabeza era controlarme, dejar que las cosas ocurriesen y no forzarlas»

 

La cara A cierra con “Bla, bla, bla”, quizá con una pátina de crítica social: «Y morirán la poesía / y la ciencia ficción / y brillarán los policías / Jueces de juguete / sabios de salón / no sabéis quién sois». Es de vida corta “Bla, bla, bla”. «Habíamos hecho El último hombre en La Tierra y ¿Revolución? con mi hermano Miguel, con esa cosa orquestal y de banda sonora, pero aquí tenía en la cabeza hacer un disco de banda. Me apetecía volver esa cosa garajera». Teniendo en cuenta su lugar en la mitad de la tabla del tracklist, y que el orden está concebido de esta manera, su condición como canción es la de charnela. Un tema directo, rozando a veces el recitado, un atisbo punk en la atmósfera.

 

La cara B

“¿Volverá?”, ya en la cara B, era un boceto que grabó en su teléfono móvil. Cuando lo escuchó en su momento, pensó que era «una mierda». Su visión cambió la mañana que se levantó de la cama con aquella idea en la cabeza: «Creo que las canciones, las melodías, tienen el poder de llamar a tu puerta y decir: “No soy una mierda. ¿Te acuerdas de mí? Pues no te voy a dejar hasta que no me conviertas en una canción”. Entonces cogí la guitarra y la resolví. Es una de mis favoritas del disco y estuve a punto de tirarla». También pertenece a ese grupo de luminosas, aquí por partida doble: letra —«¿Volverán las historias con final feliz?»— y música —cercana al rock de finales de los ochenta y principios de los noventa—. Mucha atención al solo de guitarra.

Malla cuenta el resto de bocetos que había archivado. Asegura que canciones terminadas, ya grabadas, no ha desechado ninguna. Para estos menesteres tiene una técnica que, advierte, es «muy de vago»: «Cojo el móvil y empiezo a grabar cualquier cosa que se me ocurra, algunas cosas un poco más desarrolladas con la guitarra… Hago discos cada dos años y a veces más. Desde ¿Revolución? hasta ahora han pasado cuatro años. Entonces se acumulan muchísimos bocetos que pueden parecer chorradas pero, cuando te juntas con ciento ochenta bocetillos en el móvil, de ahí sacas un disco». Igual que en un collage, reuniendo una frase de aquí y otra de allá. De ciento ochenta bocetos, ha tirado a la basura ciento setenta para quedarse con diez.

Regresa la danza con la muerte en “Baila en la oscuridad”, con una letra que invita a la esperanza con garantías empíricas: «Baila sin miedo a través de la oscuridad / toda la luz de tu cuerpo te guiará / Cruza sin miedo la línea que nadie ve / yo la he cruzado y te juro que sigo bien». Y una estructura musical basada en los sintetizadores, diferenciándola del resto. Coque comenta los muchos planos y climas diferentes creados con una banda —repite— implicada y con un autor que ha dejado fluir, que se ha dejado llevar. ¿Es improvisada la resolución —guitarras mediante— de “Baila en la oscuridad” en ese cierre instrumental? Creer que sí mantiene la magia.

 

«Esa mezcla de colores de la portadad contienen mucha tristeza y miedo, pero también mucha alegría y mucha vida»

 

¿Fin?

“Como los gatos salvajes”, mentada al inicio, guarda semejanzas de soul con “Cachorro de león”, perteneciente a El último hombre en la Tierra (Warner, 2016). Es un rasgo característico en el cancionero de Coque Malla, así como los recitados. «Y vuelvo a las noches de luna / en los tejados / vuelvo a mi hogar». Un clásico. Sería interesante escuchar “Como los gatos salvajes” con los arreglos de Miguel Malla. Los coros, de rasgos góspel, aquí son firmados por Álex Olmedo, Anni B Sweet, Jacobo Sera, Araceli Navarro y María Ovelar. «Han llevado los coros a un nivel que yo no he tenido jamás. No son coristas, son cantantes, son artistas, y cuando aparecen sus voces, muchas veces en primer plano, es brutal», confiesa.

Fue Álex Olmedo quien propició que Aunque estemos muertos estuviera ilustrado con la pintura de la portada. Cuando Roberson, el artista, supo que Álex se encargaría de dirigir la parte de los coros, se ofreció para la labor de la carátula: «Dile a Coque que le hago una portada gratis. Lo que quiera». «Yo pensé lo típico», recuerda Coque, «que era un marrón y un compromiso, porque si me mandaba la portada y no me gustaba, ¿qué? Pero cuando me la mandó, flipé. Es el alma del disco. Esa mezcla de colores contiene mucha tristeza y miedo, pero también mucha alegría y mucha vida. La consciencia de la muerte trae consigo vida».

Con la penúltima, “El dragón”, hay otra etapa de oscuridad. La calma solo se rompe en el estribillo para volver a su estado inicial, luego aliñado con el recitado de Coque: «Pena, prisa, humo, voz / calles, luces, voces / antes, nunca, cuando, siempre / miedo, miedo, miedo…». Termina “El dragón” como empezó, y se despide dándole paso a “Como la mañana”, con un recado instrumental previo a la voz, en lo-fi, de Coque Malla. ¿Un final feliz? No del todo: «Recuerdo una comida en casa con unos amigos. Les conté el concepto del disco y les pregunté si lo acababa en plan «vamos a morir todos» o con esperanza y luz». Le resultó curioso que la respuesta unánime fue «vamos a morir todos». Nadie le sugirió que acabara bonito, con esperanza. De hecho, “Como la mañana” es una canción luminosa y bonita que acaba torciéndose.

Cree Coque que después de Aunque estemos muertos todo empezará a ir cuesta abajo. No sabe si tendrá energía para este tipo de concentración. Coque Malla está mayor para la tensión emocional.

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