Amaro Ferreiro y Prefab Sprout

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PUNTO DE PARTIDA

 

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“Hay ciertas canciones que solo hace falta escucharlas una vez para que formen parte de ti”

 

Días antes de que publique “Biólogo”, disco que verá la luz a finales de abril, le pedimos a Amaro Ferreiro que nos hable del álbum que más le marcó antes de ser músico. Y se teletransporta a 1990, a una clase de inglés, cuando escuchó por primera vez la canción ‘Bonny’.

 

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Prefab Sprout
“Steve McQueen”
KITCHENWARE, 1985

 

Texto: AMARO FERREIRO.

 

Siempre es difícil hablar de un único disco que nos ha marcado la vida. Podría elegir varios, pero me he decidido por “Steve McQueen”, segundo disco de Prefab Sprout del año 1985. En la portada se puede ver a Paddy McAlloon y a su chica, Wendy Smith, subidos en la moto Triumph que Steve McQueen utilizó en la película “The great scape”, acompañados por Martin McAlloon y Neil Conti. El disco tuvo dificultades para editarse en EE.UU. por problemas legales con el mismísimo Steve McQueen. Allí se acabó llamando “Two wheels good”.

Cuando salió yo tenía 8 años, por lo que no recuerdo su lanzamiento, y ni siquiera he llegado a tener una copia legal hasta 2007, cuando salió la edición 25 aniversario Legacy. De cualquier manera, sus canciones me han acompañado gran parte de mi vida.

Para empezar, debo nombrar a Graeme W. R. Salter, mi profesor de inglés en el colegio Rosalía de Castro de Vigo. Graeme ha sido una influencia importante en mi vida temprana y, aunque los primeros discos que escuché venían de la colección de mis hermanos mayores y de mis padres, él solía traer música a sus clases para que aprendiéramos inglés de una manera práctica. Beatles, REM, Fleetwood Mac y un largo etcétera que me dieron la posibilidad de escuchar cosas que no podía encontrar en mi casa o de darme otro punto de vista sobre ellas.

Un día, debía ser 1990, nos trajo este disco de Prefab Sprout. Nos habló de un nuevo McCartney, curiosamente en el disco viene una dedicatoria a Keith y a Paul…. estuvimos en clase traduciendo ‘Appetite’, tercer corte de este álbum, desde una cinta de casete. Una canción sobre una chica que por culpa de sus excesos tiene un embarazo no deseado. El caso es que en el adelante-atrás de Graeme buscando el corte concreto, se colaron en clase los primeros compases de ‘Bonny’, sin duda unas de mis canciones favoritas de todos los tiempos. Intro increíble, ambiente muy logrado, letra sugerente y una parte instrumental maravillosa, la canción nos lleva a lomos de esa moto en una huida sentimental.

Todavía a día de hoy, en los foros de internet, se discute si Bonny es un hombre o una mujer. Apenas llegué a escuchar la intro y poco más, pensé que eso se parecía a The Smiths, hasta que Graeme consiguió llegar al corte correcto para la tarea de clase, pero esa guitarra acústica se quedó clavada en mí para siempre, recuerdo quedarme prendado de ese ritmo y de esa melancolía; quizás fue la primera vez que tuve las ganas de hacer una canción. No llegué a buscar el disco fuera de esa clase y de alguna manera lo olvidé (cosas de la adolescencia), pero hay ciertas canciones que solo hace falta escucharlas una vez para que formen parte de ti.

 

 

Debieron pasar alrededor de siete años cuando, ya en la universidad, Prefab Sprout sacó un nuevo disco, “Andromeda heights”. Mi amigo Guillermo Díaz del Río se hizo con una copia y eso le llevó a bucear en toda la discografía de ese genio llamado Paddy McCaloom, y un día en su casa me puso “Steve McQueen”. Recuerdo la sensación de escuchar algo nuevo que conoces desde siempre y a partir de ese día ya nunca lo dejé marchar.

Grandes canciones, llenas de melodías, arreglos de guitarra, teclados, estribillos y los acertados coros de Wendy Smith. Curiosamente tres de mis canciones favoritas, ‘Bonny’ (Prefab Sprout), ‘Hounds of love’ (Kate Bush) y ‘Nowhere fast’ (Smiths), son de ese año 1985, pero este es el disco que más rápido me teletransporta a los ochenta. Me lleva directamente a cuando era un niño, aunque no tenga recuerdos adheridos con la propia canción, a una época en que el mundo era un lugar más sencillo.

 

 

La cara A es simplemente maravillosa, ‘Faron young’, ‘Bonny’, ‘Appetite’, ‘When love breaks down’, ‘Goodbye Lucille #1’ y ‘Hallelujah’. A veces en la música de los ochenta hay que saber obviar ciertas cosas de la producción para vislumbrar la canción. La edición 25 aniversario, un doble cedé que contiene tomas en acústico grabadas por un ya maduro Paddy McAlloon, hizo que ‘Desire as’ sea otra de mis canciones favoritas.

Lo malo de estas reediciones es que a veces vienen acompañadas de un nuevo master, que suena más brillante. Por eso hace ya algunos años que me hice con una copia en vinilo de la edición original por medio de Discogs que es la que me gusta escuchar, con ese sonido oscuro pero igualmente deslumbrante. Me costó cinco euros.

No es un disco que escuche habitualmente, pero cuando me da por ahí lo oigo compulsivamente. Y no sería raro descubrirme tarareándolo en la ducha. Me parece un disco especial porque tiene canciones inmensas, y aunque ahora puede sonar muy ochentero, creo que tiene una producción muy interesante, obra de Thomas Dolby.

Soy muy fan del cancionero de Paddy McAlloon, uno de mis autores de referencia. Creo que este es su mejor disco, pero disfruto también con “King of rockandroll”, “Cars and girls” (pequeño puñal dedicado a Bruce Springsteen), “We let the stars go”, “A prisioner of the past”, “The best jewell thieve in the world” y un largo etcétera.A pesar de que no fue el primer disco que me compré ni la primera banda que me marcó, me gusta pensar que a veces solo hace falta escuchar algo una sola vez para que te acompañe durante toda la vida. Aunque nos empeñemos en descubrir nueva música, son las canciones las que nos encuentran a nosotros. Gracias Graeme.

 

 

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