La balada de Colter Wall

Autor:

COWBOY DE CIUDAD

«Un country and western tan auténtico como un desayuno de judías, beicon y café junto a una carreta desvencijada»

 

Tras un breve parón veraniego, Javier Márquez Sánchez retoma el pulso a su sección Cowboy de ciudad hablando de Colter Wall, músico joven y talentoso que atesora ya tres discos que han devuelto la gloria al género country and western.

 

Una sección de JAVIER MÁRQUEZ SÁNCHEZ.

 

En 2015 Colter Wall celebraba sus veinte añitos editando un epé, Imaginary Appalachia, que nos dejó sin palabras. Dos años después llegaba su primer largo, Colter Wall, producido por Dave Cobb —colaborador de Sturgill Simpson, Chris Stapleton o Jason Isbell—, trabajo con el que confirmó que no era un espejismo: este joven natural de Saskatchewan, un condado canadiense cerca de la frontera con Montana, tenía una voz digna del mejor amigo de farras de Johnny Cash. Y en algo no engañaba: Wall se había criado en un lugar en el que, según él mismo ha explicado, solo podías ser granjero o trabajar en una plataforma petrolera. Eso sí, había música por todas partes, música country en bares o entonadas alrededor del fuego. Y de aquellos polvos, esta garganta.

A Colter Wall le siguió, en 2018, el estupendo Songs of the plains, y entre tanto, espaldarazos como ser telonero de Lucinda Williams o colarse entre bestias pardas del género como Chris Stapleton, Waylon Jennings, Ray Wylie Hubbard o Townes Van Zandt en la banda sonora de esa joya outlaw cinematográfica que es Hell or high water (Comanchería, 2016). Ahora, por fin, llega Swing & waltzes and other punchy songs (Black Hole Music, 2020), una nueva entrega de este artista, ya todo un «veterano» de 25 años, con la que vuelve a demostrar que no es necesario —tampoco malo, ojo— innovar y reinventarse para convencer al personal.

De hecho, desde el aplauso unánime ante su debut, cuando comenzó a granjearse grandes y poderosos defensores, ha sorprendido el éxito de su, a priori, limitada propuesta: lo suyo no es ya country, sino un country and western tan auténtico como un desayuno de judías, beicon y café junto a una carreta desvencijada; canciones de ranchos, cowboys, vacas, mercados y noches bajo las estrellas. Eso sí, Wall aborda todas esas historias del mundo que siempre conoció desde una perspectiva más que realista, reflejando, por ejemplo, cómo Donald Trump es el peor enemigo de la América genuina que dice defender (como todo político salvapatrias, pero esa es otra canción).

En este nuevo álbum, grabado en los Yellow Dog Studios de Texas, Wall vuelve a combinar canciones originales con repescas del cancionero popular, como “Cowpoke”, de Stan Jones, o el “Big iron” popularizado por Marty Robbins. Estos dos, por cierto, son algunos de los cortes que se presentan «en vivo», sin arreglos ni más parafernalia que un micrófono en medio de la habitación y voz e instrumentos (pocos) alrededor. Son grabaciones que suenan a reunión en torno a una fogata, a larga noche entre compañeros teñida de un aire de nostalgia. Tal vez la ruptura con Dave Cobb tenga algo que ver con esta apuesta por un sonido aún más directo —si cabe— que en los anteriores discos. Hay más libertad, tal vez demasiada en algunas de esas pistas «en bruto», que suenan más a maqueta que a grabación definitiva. En la cuerda floja. Pero el conjunto cuadra y funciona.

Y luego, claro, está la voz. Ya la hemos citado, pero hay que volver a ella, porque es indudable su magnetismo y la autenticidad que imprime esa profundidad de barítono a esas canciones de rancho, bar y pradera. Y cuando recordamos la edad del susodicho, resulta un deleite pensar en lo que está por llegar, con esa capacidad de evocación casi mágica que emana de su joven garganta. Es entonces cuando nos topamos con la ironía: Colter Wall lleva tres elepés y un epé devolviendo el honor y la gloria al género country and western, ridiculizado a menudo por los topicazos que —en sus peores exponentes— suele acarrear. Él ha demostrado que en pleno siglo XXI se pueden publicar trabajos fascinantes y convencer al público y la crítica recuperando la herencia de comienzos del siglo anterior. Sin embargo, ¿cuánto podrá durar la propuesta? ¿Insistirá el artista en permanecer en «su rancho» o se animará a partir en busca de nuevos horizontes? Habrá que seguir con atención el desarrollo de esta «balada de Colter Wall».

Anterior entrega de Cowboy de ciudad: Las (Dixie) Chicks siguen siendo guerreras (y no se callan nada).

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