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Wild card: Sigo escribiendo (…y comprando discos)

Texto de publicado el 20 jun, 2012 en la categoría Revista, wild card / Darío Vico

“Ahora en la radio (en la radio que queda) es casi un pecado hablar antes de las canciones, o se soluciona todo con lugares comunes, pocos argumentos y frases pimpantes que no dicen nada”

Darío Vico sigue contándonos de sus compras de discos (parece que le quedaba un poco de dinero tras los gastos de la semana pasada) y a la vez convierte su sección en un consultorio con los lectores.

 

 

Una sección de DARÍO VICO.
 

 

Escribo bajo el influjo de la poderosa y sabia voz del venerable Cifu, el patriarca del jazz en las ondas, hoy que me he dado cuenta que me puedo bajar todos sus programas de “A todo jazz” en podcast, ¡y escucharlos donde, cuando y como quiera! La verdad es que han cambiado muchas cosas desde que era un crío que escuchaba la radio y compraba discos, y hay cosas que me gustan. Eso sí, me gusta que “cambien para que todo siga”, lo bueno, me refiero, claro; Cifu se está cascando un discursazo de presentación a Dave Holland, muchas veces sus presentaciones son más largas que los temas que pincha (y mira que algunos son largos) y eso ya no es común. Ahora en la radio (en la radio que queda) es casi un pecado hablar antes de las canciones, o se soluciona todo con lugares comunes, pocos argumentos y frases pimpantes que no dicen nada, en plan Twitter. A mí me encantan los locutores que aportan doctrina.

A todo esto, y aunque sea una en cierta manera digresión (leve), me gustaría recordar que ni siquiera las radiofórmulas eran así, eso también ha cambiado. Yo me crié (musicalmente) escuchando, entre otras emisoras, los 40 Principales. No es ya que allí estuviera, por ejemplo, Julián Ruiz, es que Luqui era un tipo que se mojaba mucho, que tenía su opinión y que apostó y ayudó a consolidar cosas que de otra manera no habrían estado en nuestro espectro cultural; por ejemplo, el glam, Bowie, Bolan… y Camilo Sesto, que es lo que era el glam aquí, allá por los setenta y pocos. Luqui apostó a ciegas por muchas cosas y no porque las discográficas pusieran pasta encima de la mesa; que muchos de nuestros músicos hoy más respetados escucharan de chavalines en Zaragoza o Asturias una de Camilo y luego ‘Starman’, y que ello haga que sean diferentes a sus émulos anglosajones, es culpa de Luqui, entre otros. Y de que Luqui se emocionaba con esas canciones, hablaba antes de ellas y contaba cosas que te despertaban la curiosidad. A mí cuando ahora, después de diez minutos de cuñas publicitarias, me dicen, como para que me quede tranquilo, que va media hora de música sin interrumpir (salvo algún comentario sobre lo bonito que es estar vivo un domingo o el calor que hace en junio) pues eso, me pongo de los nervios, y me acuerdo de Joaquín Luqui.

A todo esto, recibí algunas respuestas en mi email sobre el anterior articulito (ya sabéis, ganivetnotdead@gmail.com).

La primera fue de Daniel Merino, desde Getxo:

“Tengo 36 años y yo también sigo comprando discos en tiendas de segunda mano de Bilbao y a veces en supermercados. Además tengo la suerte de que me llueven vinilos que nadie quiere y acaban regalándomelos, no tengo tiempo de escuchar muchos de ellos pero los conservo por si acaso, tengo muchos cientos… Yo no llegué a entrar en la tienda de Discoplay pero con 13, 14 y 15 años compré muchos discos allí por correo, sobre todo de los Rolling y de la Creedence. También compro novedades, The Dawes me flipan, pero cada vez es más difícil que un disco me convenza. Quizás sea por que cuando antes te comprabas un disco y a la primera no te decía nada, lo ponías veinte veces más porque te habías gastado la pasta y había que rentabilizarlo. Al final descubrías que a veces muchos buenos trabajos no entran a la primera, de hecho los que entran a la primera suelen cansar después…”.
Daniel, por cierto, es músico [es el que aparece en la foto que ilustra hoy "Wild card"], y tiene cuatro discos, el primero editado en 2003  y el cuarto, está en ello; eso quiere decir que, sin ningún éxito (aunque el material es bueno, pero eso lo dejo para otro momento) Daniel lleva diez años convencido de que ese viejo formato de juntar diez o doce canciones, darles un título y ponerles una portada, es un formato en el que sigue creyendo para expresarse. Si alguna vez veis un disco suyo en un mercadillo, en una tienda (eso si alguna vez veis una tienda de discos), o como hacía él con Discoplay, ¡en un catálogo por correo!, compradlo y escuchadlo, por favor, como cuando solo teníais media docena de discos y era algo más que una carpeta llena de archivos comprimidos, cuando era algo que os había hecho elegir, gastaros vuestra pasta, apostar por ello. Un abrazo, Daniel.

También me escribió Mireia, de Barcelona, vieja amiga de un foro de musiqueros de esos en los que uno se dejaba los ojos y la opinión (y que últimamente ya no se estilan tanto por las redes sociales y eso, creo, que se han comido el tiempo y nos han dado herramientas para que expresarse sea casi tan fácil que no haga falta ni pensar mucho, ni tener mucho que decir, en realidad):

“Acabo de leer tu artículo en EFE EME, me ha gustado mucho la idea, así que te entro al trapo. Últimamente no ejerzo demasiado de buscadora de gangas, economía manda, aunque en el Primavera me hice con algunas cosillas, el “Zen arcade” de Hüsker Dü en vinilo doble por 16 euros (¡y pensar que se lo compré en CD a mi hermano por 4.200 pts en 1997!), el “Nuevo ritmo” de Joe Crepúsculo (vinilo también) y un par de singles en el puesto de FUP. Mi último triunfazo, por eso, fue cosa de hace un mes, cuando encontré por 3 miserables euros el “Movement” de New Order, en perfecto estado, en el Mercat de Sant Antoni (también me hice con el “Graceland” de Paul Simon por 5). Me gusta mucho revolver, meterme  en las cubetas de 3 euros de Discos Revólver, sin idea fija, a ver qué encuentro; gracias a ellas estoy completando mi colección de Kate Bush, a la que nunca había prestado mucha atención”.

Jope, un “Movement” por tres pavos, con lo bonita que era su portada (y lo bueno que era el disco). Hace poco cumplió treinta años y la revista “Mojo” le dedicó un artículo y regaló un disco con versiones bastante molonas… Un beso gordo, Mire. Te debo un email largo y contarte muchas cosas.

Y también me escribió Sergio, madrileño y con el que seguro me habré cruzado montones de veces en las tiendas de discos de nuestra ciudad:

“Bastante de acuerdo con mucho de lo que escribes en tu articulo de EFE EME. Llevo unos cuantos años comprando/coleccionando/escuchando discos y en efecto… Las cosas han cambiado. Cuando empecé, con muy poco presupuesto –la paga, 100 pesetas– la decisión era complicada. Cuál de aquellos discos en pequeñas tiendas a dos transbordos de autobús, que se llevaban de por si una parte del presupuesto, iba a elegir, ese single o ese elepé, sonaba en mi plato semanas. Me conocía cada una de los textos de portada, contraportada y cuando era el caso, interior. Hoy, 25-30 años después, aún me acuerdo de cada estrofa de aquellos discos (no de los que me compro hoy). Hoy, muchos discos tienen suerte si pasan dos veces por el plato, muchos tras un primer pase van directamente a la estantería y otros pasan al iPod… Mi presupuesto se ha incrementado, pero no mi satisfacción al encontrar pequeñas joyas que si sigo encontrando en ciertas emisoras de radio o incluso en artículos de revistas que luego valido con Spotify. (…) En mi opinión se ha perdido la magia”.

Ahora estoy escuchando “El placer de no hacer nada”, ese cuarto disco aún inédito de Daniel Merino del que antes hablaba (y que ha tenido la amabilidad de enviarme… y que espero ver algún día en glorioso vinilo). Y me viene bien, mira tú por donde, para responder a Sergio (con el que es cierto que comparto muchas más cosas aparte de las costumbres, y espero encontrarme alguna tarde de estas comprando discos, y que todo le vaya bien). Bueno, Sergio, pues es cierto que hay cosas que con los años, y con los cambios que traen los tiempos, van perdiendo parte de su misterio, de su encanto… pero magia queda. Mira, este disco que estoy escuchando, es una cosa mágica, algo que solo existe en la imaginación de Daniel, y en la que me ha hecho creer a mí; las canciones son reales, pero el disco, el elepé, es una idea de los viejos tiempos, ahora es innecesaria, pero sigue siendo mágica, es irreal pero tangible. No son archivos de sonido comprimidos en una carpeta que están en alguna parte, y que pueden mezclarse aleatoriamente en una lista de reproducción con otros. No; en su imaginación, y en la mía, esas canciones tienen un orden, se escuchan una detrás de otra, contando una historia a la que tienes que dedicarles tiempo, son algo físico, real, tienen una portada, puedes llevarlo en tus manos para que lo escuche otra persona, y quizás te importe que lo haga y lo que piense y sienta después. Eso es magia, es un disco que no existe, pero yo lo escucho, y lo veo.

Gracias a todos por leerme, y por escribir. Sinceramente.

En otro orden de cosas, volví a por mi ración de discos de rebajas a la FNAC. Esta vez, por llevarme la contraria, o fueron las circunstancias, cayó todo internacional; primero, un lote compuesto por  los cuatro primeros elepés de Neil Young en cedé, en una cajita muy cuca, el elepé en vinilo de Jack White (precioso, portada en cartón duro, gatefold, vamos, que se abre, letras, disco gordo de esos que pesan como los de los años setenta) y el nuevo de Saint Ettienne en versión supercool, con una caja, un mapa de canciones y la de dios. Total, cincuenta pavos con descuentos y vale de veinte, que empleo en el disco nuevo de Ultravox (que suenan como en los ochenta, ya lo comentaré) y en el de Dayna Kurtz. Me generan a su vez un vale de diez pavetes que me he guardado para tiempos peores (que son ahora, ya no me queda un duro de presupuesto para lo que queda de mes).

El disco de Dayna Kurtz, por cierto, tiene la curiosidad de que está compuesto por versiones de canciones desconocidas sacadas de vinilos encontrados en mercadillos o regalados por amigos (como los de Daniel) que saben de su gusto por los discos viejos y raros.

Un abrazo a todos y si queréis escribidme. ¡Gracias! Bonito el disco de Merino, repito. Ójala que alguien se anime a editarlo.

NOTA DE LA REDACCIÓN: Por aquello de facilitarle el trabajo a Darío, abrimos comentarios en su sección. Así que puedes escribirle aquí mismo. Eso sí, sobre temas relativos a la misma, quienes quieran desfogarse diciéndonos lo malos que somos por no abrir comentarios en EFE EME, que se los ahorren: no los vamos a publicar y sabemos que somos unos malvados.

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Anterior entrega de Wild card: Sigo comprando discos.

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9 respuestas para “Wild card: Sigo escribiendo (…y comprando discos)”

  1. javier fanjul dice:

    Salud y dinero para todos. Pues aquí sigo, rondando los… los muchos años y aun empecinado con esto de la música. Por cuanto hemos pasado! yo compré a Discoplay, a Tipo, tengo fanzines de Subterfuge, pasé por mi etapa Siesta, devoré (y devoro) el catálogo de Luis Calvo en Elefant y hace meses le recordaba en un e-mail los tiempos en que me enviaba discos (¡Mi hermana pequeña! de los Planetas) desde Bembibre. En nuestra casa resisten singles de Rara Avis, de Twins, y montones de cosas de aquella entente Gasa- 3 cipreses- Dro. Pasan de 40 los discos de mis adorados Rock Indiana. Tengo en cajas coquetísimas todos (oiga usted, todos) los recopilatorios de Rock de Lux, de Factory, de Spiral (aupa Luis), previve aun una pequeña colección de cassettes (de Dylan al viejo Lou Reed pasando por Los Fabiolas, Frisco Jenny o The Waterboys). Se juntan conmiserados discos de Grabaciones en el Mar, de Mushroom Pillow, de Astro, de Limbo Starr… Pero también cosas de Blue Rose, de Glitterhouse… Mi mujer aun permite (no se por cuanto tiempo, te quiero Cris) y yo sigo buscando. Ahora salgo y vuelvo con M. Ward, Micah P. Hinson, Tigercats, Rufus Wainwright, The Black Keys, FLEET FOXES. Y me peleo con la falta de espacio para seguir comprando en vinilo. Pero, últimamente, mi mayor orgullo es haberme parado y reconsiderar, repensar que pasaba con mi brutal desapego con la música española. Me era imposible ir más allá de Quique González y de viejos compañeros de Viaje como Rafa Berrio (Amor a Traición), el Lapido, Xoel y casi casi para de contar. No abandonéis el pop nacional, os lo dice alguien que casi comete ese error. Por si sirve de algo, yo últimamente me hice cosas de Los Madison, Iván Ferreiro, Xoel López, más de medio catálogo de la productiva (grandes Breis y Carlos Vudú), Cooper, La bien querida, o la bendita caja de siete vinilos (cinco además en formato doble) de Enrique Búnbury por ¡49 euros! Y no volveré a olvidar que en este bendito (aunque extraño país) editan discos tipos como Jose Mari Granados, Burgas Beat, Lapido, Lagartija Nick, Loquillo, Fabián, Nacho Vegas, Abraham Boba y otros cientos, que ya vale. A todos ellos mi cariño, respeto, y un pequeño lugar en mi casa.

  2. Dani J dice:

    En Amazon “He visto cosas que nadie ha visto..”Increible lo que hay ahí..aunque cuesta ma sel transporte que el disco..jej

  3. David Jiménez dice:

    Escribo a tu correo en horas de trabajo lo cual no sé si me permitirá redondear lo que quiero decir.
    Ya te leí en aquellas guias de FM ( hiciste Supertramp y Bob Dylan entre otras..creo recordar) y el regusto que me de dejó aquello fué realmente bueno.
    Me hizo retroceder a mediados de los 70 con bastante precisión.
    Leo ahora tu art del dia 20 ( referencias a Luqui y Julián Ruiz) y me decido.
    Pues sí , yo también sigo comprando Lps y Cds ( ayer mismo me hice con 3 LPS edición Usa de Michael Franks por 6 cochinos euros.Esas carpetas de cartón duro, su olor especial ahhh aunque luego provoquen asma a mi mujer).Y reconozco que es la única vía de relajo que tengo a mis 49 años: es que disfruto de la hostia.
    Aunque estoy atento a todo tipo de novedades siento predilección por comprar aquello que en mi adolescencia escuché y que no llegué a comprar o que comprándolo , restituyo en nuevo formato : Sanborn, Hilario Camacho ( qué primer Lp tan bien presentado ) , Supertramp, Topo , Asfalto, Iceberg;Romantics; Motels…O bien el placer de comprar por tener la carpeta original : no quiero ni contarte las copias que tengo del In the Pocket de James Taylor….
    Tiendas de discos por las que pululé con mi exigua paga semanal : Toni MArtin ( con aquella sección pionera e inaccesible de discos de importación: veía a los Allman Brothers y palidecía), FM ( ¿te acuerdas de esa tienda pequeñita en Gaztambide?), Discoplay en los sótanos ( todavía conservo algún boletín de aquellos), Escridiscos ( en Aurrera) , el Corte Inglés de Princesa ( joder recuerdo un panel donde colocaban los discos mas vendidos : aquel necesito un trago de Tequila, Stay de Jackson B.Todavía veo empleados de aquella época), Mas tarde Madrid Rock….Y lo que molaba llevar bajo el brazo un LP de entonces : me hacía sentir casi superior, era una forma de ligar fantástica ( te lo presto, ten cuidado..) .
    Luego vino lo demás: Fnac , mas tarde Radio City ( tú dices cool pero el tío es muy bueno). El revoloteo de segunda mano: Sinfonía, la Gramola, Metralleta, Babel,Bangladesh, Rastro ,Melocotón… me ha venido de mayor ante la impòsibilidad de comprar en vinilo cosas antigüas.
    Qué felicidad hablar de estas cosas.Podría seguir y seguir pero hoy no.
    Por cierto que curioso lo de Ganivet ¿ sabes quien era Angel Ganivet? esto lo sabemos los que estudiamos BUP…
    Saludos.

  4. Dario dice:

    Semi & Jak: Yo creo que el tema de apreciar la música en formato físico tiene que ver también con el rollo multitarea, yo ahora estoy escuchando una radio de fondo mientras escribo y miro por la ventana y la madre que me parió y solo se lleva parte de la atención. Procuro dedicar rato a escuchar música sin hacer más, y se nota mucho la diferencia. Cuando éramos chavales en ese sentido la musica era muy importante, quedabas para escuchar un disco y es que ni hablabas. Es que a lo mejor no tenías otra oportunidad de escucharlo entero en mucho tiempo (eran un bien preciado). Mi padre me llegó a llevar a escuchas colectivas de discos de Pink Floy edt siendo muy pequeño; tardaban en editarse y si alguien conseguía uno, se montaba casi un cónclave… Un abrazo.

  5. Jak dice:

    Semi para nada es paranoia tuya, los temas se recuerdan mucho mejor cuando los escuchas en formato físico. Se le presta mucha mas atención a la obra en general, sin duda.

  6. Semi dice:

    Yo también sigo comprando música, además me gusta saber cómo se llama el tema, quién toca, etc… Por cierto, en muchas ediciones nuevas el vinilo es de 180 gr. pero cuando sacas la funda interior no traen nada de información y eso jode un poco al que compra, porque lo hace presisamente por ese plus aunque también, indudablemente, por la calidad sonora y el fetichismo de la aguja. Además, aunque sea paranoia mía, creo que me acuerdo mejor de los temas cuando los oigo en formato físico.
    Recuerdo que cuando apareció el Cd la gente se deshizo de verdaderas joyas en LP y que éstas se regalaban prácticamente en Mercadillos (un amigo mío compró el Harvest de Young y el Desire de Dylan por 20 duros cada uno, además de algunos otros). Desgraciadamente, si vives en Cádiz (yo vivo en San Fernando) es complicado encontrar tiendas especializadas en las que el dependiente sepa algo de lo que le estás pidiendo (yo compro vinilos en Mediamarkt), y tienes que recurrir a internet o a esperar a ir a Sevilla algún fin de semana. En Cádiz estaba el Malamúsica pero ya ha desaparecido, El Melli ya no vende vinilos desde hace años.
    Finalmente, no creo que comprar música en formato físico sea de nostálgicos, es cuestión de educación y de historia personal.

  7. ¡Loor a Luqui! En serio. Aquella maravillosa promiscuidad musical en aquellos 4o Principales donde, no es broma, Los Chichos convivían con Bowie, Betty Missiego con Lou Reed, Camilo Sesto con Ramones… Eso era un millón de veces más saludable que el apartheid ese tan indie de ahora mismo, ese “no te me arrimes, que me manchas” de la supuesta élite de connaiseurs que ahora es feliz pensando que crea “tendencia”. Aquella radiofórmula era muchísimo más plural y también más divertida que Pitchfork. Y hasta más inquieta.

  8. Kike dice:

    Joder y yo pensaba que era un bicho raro: compro música en vinilo y disfruto ojeando en las tiendas, y además, hago malabares con las ofertas, sobre todo de FNAC. Disfruto la música, sin más, y compro la que me gusta, sin agobiarme por el coleccionismo completista. Pero una cosa es cierta, salvo gangas y segundas manos, la música en vinilo es prohibitiva. las reediciones y las ediciones deluxe valen un riñón. Hay que esperar a las ofertas flash de FNAC para pillar 6 o 7 meses despues de su lanzamiento alguna perla. Quiero comentaros que compró mucho en Elefant Records, cuidan tela los vinilos y son unos tios muy generosos, pues siempre te regalan algun cd o vinilo que no le dan salida, y sueles llevarte alguna sorpresa. Ah, por cierto, vivo en Sevilla y aquí la segunda mano queda sólo para un par de tiendas y en los mercadillos no se pilla casi ná. Sigo esta web como el que charla con un buen amigo de vez en cuendo, con alegría y cariño.

  9. Juan Miguel dice:

    Querido amigo: Me has tocado la fibra. Y es que hace más de cuarenta ( ¡!) añazos que colecciono. Me he alimentado de todo tipo de TIENDAS. Sobre todo, el mítico Matías ( Discos Edisons), aquí en Barcelona, también Discos Muntadas en la calle Aribau, dónde compré mis primerísimos singles con mi dinero…( Sandie Shaw, McCartney,Dúo Dinámico, Elvis, Jonny Halliday, etc)(Qué tiempos!)
    Pues bien, en Matías ( he pasado horas y horas en sus distintas tiendas), he comprado el grueso de mi colección. Todo usado, y todo estupendísimo. Recuerdo entrar una tarde, y ver en la cubeta la caja de Bangla Desh ( 800 pelas), con lo que se evaporaba mi presupuesto, pero que no pude dejar de comprarla… ( más de una vez se lo he recordado).
    Las TIENDAS son mágicas. Hay que olerlas. Ese aroma a humedad de las tiendas de segunda mano, mezclado con el polvo ambiental, y el olor de los vinilos y los cartones…amigos… eso es vida. Cada vez que voy a una ciudad y encuentro ( encontraba) tiendas de segunda mano, lo primero era oler. Ese aroma celestial a vinilo…es la magdalena de Proust, o alguna pedantería más que ahora no se me ocurre… AMO esas tiendas. Esas cubetas llenas de discos basura, pero dónde puedes encontrar, entre tanta porquería, esa maravilla que no te esperabas. Siempre me gustó bajar a Edisons a por algo que me faltase ( Joplin, Garfunkel, Beach Boys…), y además encontrar algo inesperado que te dejase KO.
    Ahora Matías se traspasa porque se jubila, y yo sé que todo se perderá… Es un mundo que se acaba. Me da mucha lástima, pero sé que es así.Hace años que no hay novedades en LP usado ( incongruencia), pues ya no se hacen. Siempre están los mismos LP, pero no pierdo la esperanza. Siempre hay que meter la mano en las cubetas.
    Y ¿Qué decir de los discos que dejamos pasar y luego nos arrepentimos? ¡¡¡¡Ahhhhh!!!! El coleccionismo. ..Maravilloso y cruel al mismo tiempo. Amo la música, la he amado, y la amaré. La música es mi vida. Y la música está en los discos. ¿Archivos MP3 ? Sí… pero también mis amados LP y singles. La música es también leer las portadas, ver las fotos, leer los créditos… todo, todito todo. Me encanta todo lo que escribís, pues yo también lo he vivido. He comprado muchoi en Discoplay, por correo, y cuando hice la mili en Madrid, fui a la tienda, que yo me esperaba gigantesca, y no lo era… ¡Que chascp! Pero también recuerdo el Record Runner de Madrid, cónde compraba piratas de los Beatles, y me los mandaban por correo contrareembolso a Barcelona, para no tener que llevarlos al cuartel… Recuerdos de una vida vivdos entre el mohhoso olorcillo a humedad de eso templos paganos.
    Un abrazo a todos, y ¡Viva el rocanrol! ¡Vivan las tiendas de discos!

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