Tormenta de plagios

Autor:

DE LEY

 

de-ley-led-zeppelin-22-06-16

“Para proteger bien la creatividad se debe también salvaguardar a los creadores que utilizan los trabajos de otros, viene a decirse (aunque con cautelas)”

 

Las continuas visitas a los tribunales para dirimir si una canción es plagio de otra, el ‘Stairway to heaven’ de Led Zeppelin y algunas medidas tomadas en otros países centran la sección de Javier de Torres.

 

Una sección de JAVIER DE TORRES.

 

Comienza a ser sorprendente el aluvión de posibles plagios, con casos que saltan a los medios generalistas y ocupan espacio hasta en las secciones de cultura de los telediarios. Un día es demandado Ed Sheeran, un buen chico, por su “Photograph vs. Amazing”, popularizada por Mart Cardle. Otro lo fue Beyoncé por su videoclip ‘Lemonade’, a colación del cortometraje titulado ‘Palinoia’. Estos días, ‘Stairway to heaven’ ha llevado al tribunal a Jimmy Page y Robert Plant, acusados de plagiar ‘Taurus’, popularizada por Spirit.

 

 

El parecido entre ambas canciones era conocido desde hace tiempo, como se puede comprobar escuchando estos dos vídeos.

 

 

La visita de Page y Plant a los juzgados ha causado gran expectación y ha sido todo un espectáculo en California, pues Page se llevó su guitarra al juicio, pero para decepción general, no tocó. Se empleó a fondo, eso sí, en negar haber escuchado ‘Taurus’ antes de construir su escalera al cielo, ante las preguntas de un abogado contrario de inquietante apellido, Malofiy.

¿Por qué de pronto hay tantos casos que son noticia? ¿Está pasando algo? Es difícil decirlo. Que el número de encuentros fortuitos entre melodías vaya creciendo conforme progresa la historia de la música pop era previsible, pero no parece causa suficiente. ¿Tiene algo que ver la crisis de la industria musical? Porque cuando se trabaja menos, a veces se pleitea más. Es posible también que el caso Blurred Lines esté dando alas a muchos que no se atrevían a presentar una demanda: si tomar el groove de una interpretación es infracción –como hicieron Robin Thicke y Pharrel Williams con el ‘Got to give it up’ de Marvin Gaye– y 5,3 millones de dólares es el castigo, abierta queda la veda a intentonas de todo tipo.

Mucho tendrá que ver en esto el sistema judicial norteamericano, porque lo cierto es que los procedimientos tienen lugar normalmente allí y en España seguimos igual de tranquilos. La ley en EEUU permite solicitar indemnizaciones millonarias cuando se entiende que la infracción de los derechos ha sido intencionada (“wilful infringement”). Pero además, el sistema norteamericano obliga a que estos conflictos se resuelvan normalmente mediante un acuerdo extrajudicial. Las facturas de los abogados son tan elevadas que, incluso si uno tiene razón, le traerá cuenta llegar a un arreglo, pues de no hacerlo saldrá malparado en cualquier caso: si no te arruina la parte contraria, tu propio abogado lo hará.

La crisis, el efecto Blurred Lines y la perversidad del sistema al otro lado del Atlántico (unido a alguna reciente sentencia dictada por esos lares) pueden estar ocasionando la eclosión. De cualquier modo, cómo se resuelvan estas nuevas batallas influirá en la consolidación o remisión de la tendencia a pleitear en clave pop con tanta soltura.

Cierto contrapunto a todo esto supone, aquí en la Europa continental, una reciente decisión del Tribunal Constitucional Federal alemán, de 31 de mayo, que nos habla de hip hop (verlo para creerlo: gorras beisboleras virtuales complementan por una vez las togas de tan alta magistratura). Podemos estar ante una pequeña bomba, por mucho que sus efectos tarden en hacerse sentir. En un caso en el que los demandados habían tomado dos segundos de una grabación de Kraftwerk ‘Metall auf metall’ para construir un ‘loop’, los alemanes nos hacen ver que precisamente la necesidad de proteger el ingenio en un género en el que samplear es parte de su identidad puede llevar a quebrar el derecho de las discográficas a prohibir la reproducción de sus grabaciones. Para proteger bien la creatividad se debe también salvaguardar a los creadores que utilizan los trabajos de otros, viene a decirse (aunque con cautelas). Como si la crisálida de los derechos de autor contuviera en sí misma el veneno para dejarlos bien tocados. O para ponerlos en su sitio, según se mire.

 

 

 

Anterior entrega de De Ley: ¿Puedo copiar, debo citar?

 

En : ,

Artículos relacionados