“De forma descarnada y sin complacencias, quedan retratados los entresijos de un tormentoso proceso de grabación, sobre el que el peso específico de Florent es tan determinante cuanto más alargada es la sombra de su obligada ausencia”
Nando Cruz
“Una semana en el motor de un autobús. La historia del disco que casi acaba con Los Planetas”
LENGUA DE TRAPO
Texto: CARLOS PÉREZ DE ZIRIZA.
Comenta el autor en sus páginas que, a la hora de dar forma a ‘Ciencia ficción’, concebido a modo de himno idiosincráticamente indie de la banda, J creía “estar impulsando la revolución desde dentro de la maquinaria enemiga”. Ese es quizá el apunte más definitorio de lo que han sido y siguen siendo Los Planetas, todo un ejemplo de cómo luchar desde dentro del sistema porque es la única forma de tratar de cambiarlo. O, lo que es lo mismo, el difícil (pero necesario) encaje de bolillos para mantener la identidad propia cuando es, paradójicamente, una multinacional quien da salida a tus discos. Eso sí es lo más indie. Y quien no termine de entenderlo, puede remitirse a la acertada analogía que traza Nando Cruz entre la protagonista femenina del film “El coleccionista” (William Wyler, 1965) y el estatus actual de la banda, casi al final de este volumen. Porque “Una semana en el motor de un autobús” (RCA, 1998) no fue solo el mejor disco que Los Planetas han editado hasta la fecha. Fue también el certificado de mayoría de edad de toda una generación, el abrupto fin de la inocencia de la camada indie estatal de los 90 (junto con el tercer largo de El Niño Gusano, no por casualidad presentes aquí de forma esporádica compartiendo cena con los granadinos). Otro de esos discos magnos que, haciendo valer el tópico, son consecuencia directa de procesos de creación turbulentos, marcados por la zozobra y el reseteo de prioridades.
Cruz se distancia conscientemente del academicismo analítico de la colección 33 1/3 –la serie editada por Libros Crudos, el precedente más cercano de esta colección– para recomponer las muchas piezas de un complicado puzzle –discográfica, productor, manager, músicos y todo el universo que preñaba de toxicidad a la banda–, que son recogidas y secuenciadas con la minuciosidad de un entomólogo y exhibidas con la admirable capacidad de síntesis requerida para llegar al gran público. Diríase que planificado con la cabeza y expresado desde las entrañas, tal y como demanda el registro de una banda indisolublemente ligada al trayecto vital de toda una generación. De forma descarnada y sin complacencias, quedan retratados los entresijos de un tormentoso proceso de grabación, sobre el que el peso específico de Florent es tan determinante cuanto más alargada es la sombra de su obligada ausencia. Son 185 páginas tan apasionantes que se pasan en un pispás. Que se consumen en apenas una tarde.
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Anterior entrega de libros: “Las canciones del gran Hollywood”, de Javier Coma.
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Gracias EFE EME.
Me imaginaba lo de Guillot. Lo respeto, imagino que muchos de sus compañeros pensarán igual, pero una buena labor de moderación (que la hay) evita insultos. Lo demás, bueno, pienso que efectivamente se pierde debate.
Ey! A disfrutar del libro de Nando Cruz!
Gracias!
Hola, Forofo.
Eduardo Guillot nos remite el siguiente mensaje:
Por alusiones, y ya que nunca se ha explicado, me gustaría aclarar que mis artículos tienen desactivados los comentarios por expreso deseo mío, que Efe Eme aceptó gentilmente. La desagradable experiencia que supuso leer los exabruptos que generó una crítica a un concierto de The Stooges, hace ya muchos meses, me empujó a pedírselo a los responsables de la web. No pretendo generalizar, pero creo que hay muchos lectores que tienen más interés en descalificar al que escribe que en aportar opiniones constructivas (y a los Fotopress me remito). Siento que no se pueda opinar sobre los contenidos de mis artículos, porque se podría crear un debate enriquecedor sobre música, pero prefiero sacrificarlo a recibir insultos injustificados por hacer mi trabajo.
Es sabido que los discos que han supuesto un hito en la carrera de cualquier grupo suelen acarrear un desgaste emocional en ocasiones irreversible entre los miembros de la formación (Wilco-Yankee Hotel Foxtrot, p. ej.)
El libro promete, si es que realmente posee tanto material para el diván.
Perdón por el off topic: acerca de la entrevista de Eduardo Guillot a Maronda, hace escaso tiempo Russian Red manifestó ser de derechas. Toda esta cuestión bien podría ser objeto de un artículo, tanto como la histórica implicación de muchos artistas en las corrientes de izquierdas ha generado loas, debates…y fiascos.
También, por último, podría ser motivo de análisis el cerrojo que se impone al no abrir los comentarios a los artículos del Sr. Guillot.
Un saludo,