“Viento del este”, de Loquillo

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DISCOS

“Suena a rock maduro con los pies en el suelo y posee muy buenas canciones”

 

loquillo-viento-del-este-20-04-16

 

Loquillo
“Viento del este”
WARNER


 

Texto: JUANJO ORDÁS.

 

La trayectoria de Loquillo pasa por un momento interesante, por un punto de inflexión cuyo trazo final aún no queda claro del todo. Puede respirar tranquilo porque “Viento del este” es un disco que continúa la buena racha iniciada con “Cuero español” hace ya dieciséis años, pero aunque el recorrido desde “Arte y ensayo” (2004) hasta la consecución final con “La nave de los locos” (2012) fue pensado y bien llevado, hay que ver si ocurre lo mismo entre este nuevo disco y los que lance en el futuro.

La salida de Jaime Stinus, hace aproximadamente un año, debe medirse en calidad de productor más que de guitarrista. Su guitarra era parte importante de los shows del Loco, pero era su trabajo en el estudio de grabación donde más indispensable resultaba su saber hacer. Ahora son Josu García y Mario Cobo quienes se encargan de las producciones –además de ser guitarristas en vivo–, y su diseño de sonido dista mucho del de Stinus. Ahora Loquillo suena menos vanguardista y más caliente, pierde frialdad estilizada a favor de sonoridades más rockeras, tal vez tomando “Código rocker” –su disco de versiones propias del año pasado– como tabula rasa. El cambio de paradigma funciona, todas las alabanzas a Stinus son pocas, pero Josu y Mario han tomado el timón con inteligencia. “Viento del este” suena a rock maduro con los pies en el suelo y posee muy buenas canciones. De hecho, el equipo productor ha sido hábil y no ha terminado de abandonar el camino de Stinus en según qué canciones, lo que permite que no haya una ruptura traumática con el pasado reciente.

Estamos en un momento relativamente similar al que se dio entre “Morir en primavera” (1988) y “Hombres (1991), aunque pongamos las cosas claras: “Viento del este” es mejor disco que cualquiera que Loquillo grabara en la década de los noventa, de hecho, hay que insistir en que mantiene el buen nivel que acostumbra desde hace tiempo. Ahora hay que ver si las nuevas coordenadas funcionan a largo plazo y en años venideros llevan el buque a buen puerto. Hay que creer que así será, porque el primer paso ha sido sólido.

Según se desenfunda el álbum, hay que destacar el magnífico trabajo fotográfico de Thomas Canet, extensible al bonito libreto. Es un lujo leer las letras mientras se disfruta cómo Canet capta la esencia de la banda del Loco, que sigue contando en sus filas con el incombustible Igor Paskual y con el batería Laurent Castagnet, al que continúa dando gusto escuchar tras la baquetas, siempre con fuerza, siempre con estilo. “Viento del este” arranca con ‘Salud y rock and roll’, canción que a su vez fue single de adelanto, pero es ‘En el final de mis días’, segundo tema, y escrito por Loquillo y Leiva, el que acaba de centrar el disco y su sonido. Su producción y arreglos son muy certeros, rock and roll con elementos populares variados, un piano country, algo de gospel. Es una canción ciertamente más compleja de lo que pueda parecer, hay muchas inflexiones y giros, de hecho no es un tema ni directo ni sencillo. Colocarlo el segunda es valiente, pero necesario.

En el cómputo general destaca muy especialmente ‘A tono bravo’, cuya firma se reparte entre Susana Koska, Igor Paskual, Carlos Segarra y el propio Loquillo, siendo un nuevo ejemplo de rock maduro con pinceladas glam, con mucho de himno y una letra de referente español. Por supuesto, destaca ‘Limusinas y estrellas’, escrita por Sabino Méndez, con un juego vocal final muy “cool”, con la banda trabajando como una máquina musical imparable, algo de lo que también se beneficia ‘Rusty’. Cualquier grupo no es capaz de sacar adelante este tipo de canciones. El fin de la primera parte de la escucha lo pone ‘El mundo que conocimos’, que sonoramente tiende puentes hacia la época de Stinus con cierto lubricado de vanguardia y que –aventuro– será de los mejores momentos en directo.

La segunda parte del disco, la que empieza con ‘Viaje al norte’ (muy buena versión de Los Negativos) deja paso al rock de autor y encierra al rock más de banda del primer segmento. En ese sentido, la estructura recuerda un poco a la utilizada en “Cuero español”, “Feo, fuerte y formal” y “Balmoral”. Destacan ‘Las ventajas de perderte’ y ‘Los dioses engañan’, de Juan Mari Montes y Sopeña, que forman muy buen equipo. ‘Viento del este’ llega de las últimas, pese a ser la que da título al disco y es una de las canciones menos contundentes musicalmente, pero de las más vehementes en cuanto a lo vocal. La versión de ‘Me olvidé de vivir’ sorprende muchísimo (habrá que darle más escuchas), pero la imponente ‘Acto de fe’ deja las cosas claras. Este es un disco con carácter.

 

 

Anterior crítica de discos: “Aurora”, de Fuel Fandango.

 

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