Un gusano en la Gran Manzana: Se busca cantante de blues



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“Incluso si despojamos de romance al blues del Delta, si le quitamos las capas de maquillaje sobrenatural y pactos diabólicos, no lograríamos diluir ni un gramo de su fuerza”

 

El hallazgo de una nueva foto de la leyenda del blues Robert Johnson en una subasta de antigüedades de Florida lleva a Julio Valdeón a reflexionar sobre la figura del venerado músico, cuyas canciones han sido interpretadas por los Rolling Stones, Eric Clapton y Led Zeppelin.

 

 

Una sección de JULIO VALDEÓN.

 

 

−26 de diciembre
La fotografía de Robert Johnson. La supuesta fotografía, supuestamente avalada por un supuesto fisionomista. Demasiado suponer, como en casi todo lo que rodea al bluesman. Excepto, claro, sus grabaciones. Esa descomunal caja, por la calidad del elixir, que despachó millones de de copias para pasmo de los compiladores. Sin olvidar el libro, indispensable, de Elijah Wald, “Escaping the Delta: Robert Johnson and the invention of the blues”. Un demoledor ataque contra los mitos que rodean la gestación del blues y al más venerado de sus intérpretes… Desde la irrupción del rock: en vida, Johnson nunca alcanzó la popularidad de los artistas a los que obviamente imitaba.

Sea como fuere, con la ayuda de los coleccionistas de los sesenta, la perpetuación de las ásperas leyendas del buen salvaje que tanto gustaban en los campus universitarios de entonces, e incluso con el olvido de una población afroamericana que hace décadas que renegó del blues por cuestiones de prestigio social, Johnson constituye uno de los pilares de la música estadounidense, como Son House, Charley Patton, Skip James, Mississippi John Hurt, Bukka White, etc. Que luego ya, en plan “Tintín en el Congo”, hayamos romantizado la figura de los bluesmen, ignoremos sus legítimas aspiraciones al éxito comercial o creamos que habitaban una dimensión paralela y salvaje, de plantaciones con música al anochecer y whisky de contrabando, constituye un problema menor. En el paisaje moral y geográfico, sentimental y político de aquellos días, en efecto, había algodonales, capataces, miedo al KKK, lujuria y religión, sábados para olvidarlo todo y viajes infinitos por los caminos del sur. No olviden, por ejemplo, la casi completa ausencia de menciones a los linchamientos en las letras del blues. Que no invalida el sueño de viajar a Nueva York, de grabar en Chicago y conquistar las radios y las listas de ventas. Incluso si despojamos de romance al blues del Delta, si le quitamos las capas de maquillaje sobrenatural y pactos diabólicos, no lograríamos diluir ni un gramo de su fuerza. Las grabaciones conservan una riqueza cromática, un virtuosismo sin hervir y una poética tan radical y valiente como el día en que fueron paridas. Con foto o sin foto de Johnson.

Anterior entrega de Un gusano en la Gran Manzana: Los fans de los Beatles.

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