Trece canciones y una declaración de amor para cuarenta años de Constitución

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serrat-06-12-18

Cuando se cumplen 40 años de la Constitución, Javier Márquez Sánchez escoge doce canciones que fueron, aquel entonces, himno de la escena política y social.

 

Selección y texto: JAVIER MÁRQUEZ SÁNCHEZ.

 

La música es siempre una forma efectiva de movilizar a la población, en un sentido u otro. A veces son marchas militares las que marcan el paso, y otras veces son guitarras y voces desnudas las que logran reunir veinte mil gargantas en una sola voz para un canto común de esperanza y libertad. Hoy que se conmemoran cuarenta años de la Constitución española, elegimos una docena de canciones que adquirieron en su momento un carácter de himno entre la catarsis y la reclamación política y social. Y añadimos un ‘bonus track’ que invita a mirar al futuro.

 

“Diguem no”, de Raimon

El cantautor valenciano firmó algunos de los himnos más populares de la lucha antifranquista, como “D’un temps, d’un pais”, “Yo vinc d’un silenci” y sobre todo “Al vent”. Curiosamente esta última no era una composición beligerante sino existencialista. Aún más fuerza tenía el tema “Diguem no”, con el que solía acabar sus recitales, a veces cantada por él, a veces solo por el público cuando era prohibida en el repertorio: “Digamos no, nosotros no somos de ese mundo”.

“A cántaros”, de Pablo Guerrero

Dejando atrás sus comienzos más bucólicos y rurales, este extremeño hijo de la inmigración interior tomó a Bob Dylan y su “A hard rain’s a-gonna fall” como referentes para dar forma a esta composición en la que advertía a unos y a otros que los tiempos estaban cambiando, y que quedaba mucho por llover; a cántaros.

“Al alba”, de Luis Eduardo Aute

Una de esas canciones ‘urgentes’ que nacen como respuesta visceral por parte de su autor, en este caso ante los últimos fusilamientos del Franquismo, el 27 de septiembre del 75. Aute la firmó y Rosa León la convirtió en un éxito ese mismo año, pasando a convertirse en una de las canciones de referencia del repertorio de ambos.

“Para la libertad”, de Joan Manuel Serrat

Los discos que el catalán dedicó a Machado y sobre todo a Miguel Hernández estaban trufados de composiciones que el público tomaba como alegatos por la democracia y la libertad. En ese sentido, estos versos del poeta valenciano son el grito desgarrado más evidente de todos: “Para la libertad sangro, lucho, pervivo”.

“Qualsevol nit pot sortir el sol”, de Jaume Sisa

A modo de canción infantil, musical y textualmente, con desfile de un sinfín de personajes de tebeo, el polifacético y carismático Jaume Sisa lanzaba este entrañable mensaje de esperanza sobre los tiempos que debían llegar, en los que todos juntos compartirían –o esa era el deseo- un hogar común: “Bienvenidos, pasad, pasad. Ahora ya no falta nadie, o quizás sí, ya me doy cuenta que sólo faltas tú… También puedes venir si quieres. Te esperamos, hay lugar para todos. El tiempo no cuenta ni el espacio… Cualquier noche puede salir el sol”.

“Canto a la libertad”, de José Antonio Labordeta

Uno de los grandes himnos de aquellos años que aún hoy mantiene toda su fuerza y su vigencia, porque el impulso de solidaridad, de esperanza y libertad que transmite desborda cualquier clave de tiempo o espacio. La voz ronca y firme de Labordeta, como su actitud, completan la estampa.

“Mi querida España”, de Cecilia

La cantante madrileña presentó esta canción en directo unos meses antes de la muerte del dictador y la censura le obligó a cambiar varios versos para su registro en disco. “Esta España viva, esta España muerta”, “Esta España nueva, esta España vieja” y “Esta España en dudas, esta España ciega” tuvieron que quedar en un más aséptico “Esta España mía, esta España nuestra”, pero aún así se mantenía el mensaje de que el país comenzaba a cambiar, a despertar “de su santa siesta”.

“¿Qué será que todos piden?”, de Víctor Manuel

Un año invitaron al cantautor asturiano a un festival de villancicos de Pamplona, donde tiempo atrás se había llevado el primer premio con una de aquellas composiciones costumbristas de sus inicios. Pero ahora su situación y compromiso eran otros, y Víctor Manuel se subió al escenario para interpretar este tema inédito, sin pasarlo previamente por censura. Aquella noche durmió en el calabozo de una comisaría: “Desde aquí a quien corresponda /y sin que nadie se ofenda / pedimos la mayoría / se conceda la amnistía”.

“L’estaca”, de Lluís Llach

Otro de los himnos incuestionables de la Transición, que más allá de su letra, adquirió tal categoría tras uno de los recitales míticos de aquellos años, el que ofreció Llach el 13 de diciembre de 1969 en el Palau de la Música de Barcelona. Al estar la canción expresamente prohibida por el dictador, el cantautor se limitó a interpretar la música, y todo el respetable, puesto en pie, se encargó de cantarla.

“Libertad sin ira”, de Jarcha

El periodista y publicista Rafael Baladés dio forma a esta canción a comienzos de 1976 junto al tándem de compositores Pablo Herrero y a José Luis Armenteros. Más tarde convencieron al grupo onubense Jarcha para que la cantara y estos hicieron historia interpretándola íntegra en el arranque del informativo que Lalo Azcona presentaba en TVE. Cuando más tarde se utilizó el tema para acompañar el lanzamiento del nuevo periódico Diario16, el 18 de octubre de aquel año, la canción se convirtió en la más popular del momento.

“Habla, pueblo, habla”, de Vino Tinto

El 15 de diciembre del 76 se celebraba el referéndum para La Ley de la Reforma Política, y el entonces presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, necesitaba alentar a la participación en las urnas. Es entonces cuando alguien en UCD tiene noticias de que un grupo folk murciano, Vino Tinto, estaba trabajando en una canción titulada “Habla, pueblo”. El partido compró la canción y se empleó para la campaña. El tema fue un éxito pero acabó con el grupo, porque parte de la izquierda pasó a identificarlo con aquella opción política.

“A galopar”, de Paco Ibáñez

Los versos de Alberti –y tantos otros poetas- no han conocido mejor transmisor que el ímpetu con el que los interpreta el cantautor valenciano, que logró crear con la musicación de este poema un canto rebosante de energía y emoción, que convoca inevitablemente las voces de quienes lo escuchan, igual hoy –nuevamente necesario- que cuarenta años atrás.

“La murga de los currelantes”, de Carlos Cano

El desaparecido cantautor granadino firmó esta divertida crónica de aquellos años de cambio combinada con una serie de reclamaciones a personajes tipo del pueblo, la burguesía y la aristocracia, llenando de referencias sociales una muy certera melodía de aires carnavalescos.

Una declaración de amor revalidada

 “España camisa blanca”, de Ana Belén y “Digo España”, de Víctor Manuel

 

Durante cuarenta años el fascismo se apropió de símbolos nacionales, y decir España a boca llena era casi una forma de agresión y autoafirmación (poco más o menos que como viene ocurriendo en los últimos años). En 1982, cuando Víctor Manuel luchaba como tantos otros compañeros por mantenerse en activo, cuando la sociedad daba de lado a los cantautores porque les recordaba una realidad gris que preferían dejar atrás, el asturiano compuso para su pareja, Ana Belén, este canto de cariño a su país, a su historia, a su idiosincrasia; un canto de esperanza por la democracia que apenas bostezaba. Una canción que acaba de revalidar este año, por cierto, con “Digo España”, tema incluido en su último y notable álbum, justo cuando nuevamente volvemos a las andadas con los símbolos nacionales. Ambas canciones demuestran, como dicen sus versos, que se puede decir España sin arrojar esa palabra contra nadie, contra nada.

 

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