That’s life, de Willie Nelson

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DISCOS

«Es capaz de fundir los tres grandes ritmos nacionales en un género híbrido que no es sino él mismo»

 

 

Willie Nelson
That’s life
Legacy/Sony, 2021

 

Texto: JAVIER MÁRQUEZ.

 

Alguien dijo una vez que la vida está resumida en el cancionero grabado por Frank Sinatra, y no le faltaba razón. Otra leyenda musical, el incombustible Willie Nelson, también debe de tener un criterio similar y así lo está plasmando en unos discos consagrados a La Voz tan excepcionales como los que lleva facturando, año tras año, desde hace algo más de una década.

Sinatra y Nelson nunca mantuvieron una amistad íntima, pero sí que coincidieron en más de una ocasión. El Viejo Ojos Azules «apadrinó» a la estrella country en su debut en Las Vegas, a comienzos de los ochenta, justo cuando el de Texas andaba en lo más alto de las listas gracias al rotundo éxito de su álbum de 1978 Stardust, en el que se metía de cabeza en el cancionero popular estadounidense.

Desde entonces han sido varios los trabajos de Nelson trufados de composiciones clásicas de compositores como Cole Porter, George Gershwin, Jerome Kern, Irving Berlin o Rogers & Hart, todos ellos discos tan aplaudidos por la crítica como respaldados por el público. La combinación de esas canciones de patente aire jazzístico con la peculiar forma de Nelson de hacerlas suyas, respetando su esencia pero introduciendo sus marcas de identidad —como el inconfundible fraseo de su guitarra Trigger o la melancólica armónica de Mickey Raphael—, ha ofrecido siempre resultados notables y muy disfrutables.

No es una excepción That’s life, el nuevo trabajo del artista de 87 años, segunda entrega de su particular homenaje a Sinatra, de quien asegura haber aprendido algunas claves fundamentales del fraseo a la hora de cantar para no ser esclavo del ritmo de la canción y poder «fluir» sobre la melodía. Ya en 2018, el álbum My way llegó a reportarle el Grammy al mejor álbum pop tradicional solista, y no sería de extrañar que repitiera triunfo con este, porque estamos ante una continuación no solo coherente sino complementaria.

Si en la entrega anterior encontrábamos una combinación de baladas y temas con mucho swing, una selección similar tenemos en That’s life, donde las entusiastas “I’ve got you under my skin”, “You make me feel so young”, “Luck be a lady” o la propia “That’s life” se engarzan con naturalidad entre algunas de las piezas más tristes grabadas por Sinatra, como “In the wee small hours of the morning” y “Cottage for sale”. Si bien, a priori, los repertorios de ambos discos son casi intercambiables, puede percibirse un ligero matiz en sus tonos genéricos que enfocan My way hacia un álbum más lacónico y nocturno mientras que perfilan That’s life como un trabajo más colorista y festivo. Además, como aliciente adicional, el nuevo álbum incluye un muy sugerente dúo con Diana Krall en “I won’t dance”.

El disco, grabado en los Estudios Capitol de Hollywood inaugurados por el propio Sinatra en los cincuenta, luce una pintura en portada que evoca precisamente algunos de los discos conceptuales de La Voz de aquella década dorada de su carrera. Un diseño muy de agradecer, por cierto, a tenor de la horrible cubierta elegida para el anterior disco de Nelson, el por otro lado excelente First rose of spring (2020).

Con una producción a cargo de los habituales Buddy Cannon y Matt Rollings, That’s life supone la enésima constatación de que la etiqueta “country” se le queda muy corta a Willie Nelson, que se ha convertido en el más genuino icono musical estadounidense, capaz de fundir los tres grandes ritmos nacionales (country, jazz y blues) en un género híbrido que no es sino él mismo.

Anterior crítica de discos: El tsunami emocional, de Luis Prado.

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