Steve Earle en cinco discos

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Desde su debut en 1986, Steve Earle atesora una de las colecciones de discos más importantes del country rock. Eduardo Izquierdo se atreve al reto de escoger solo cinco álbumes de toda su carrera.

 

Texto: EDUARDO IZQUIERDO.

 

Cuando te planteas seleccionar los mejores discos de un artista puedes hacerlo de dos formas. O bien optas por ir directamente a tus favoritos, o bien actúas por descarte. Ninguna de las opciones soluciona el problema, eso sí, de que puedan quedarte fuera obras del calibre de Exit 0 (1987), Transcendetal blues (2000), Jerusalem (2002), The revolution starts…Now (2004) o So you wannabe an outlaw (2017), y por tanto eliminar de rebote de tu selección canciones como “Rich man’s war”, “The Galway girl”, “John Walker’s blues”, “The seeker”, “What’s a simple man to do” o “Ashes to ashes”. Y eso es, ni más ni menos, lo que me pasa al seleccionar mis cinco discos favoritos del gran Steve Earle, que prescindo de algunos de mis temas emblema de su carrera. Por otro lado, esto no deja de ser una prueba de la grandeza que atesora en sus discos el de Virginia. No son pocos los que matarían por que su mejor álbum estuviera formado por las peores canciones de este tipo nacido en una base militar (¿quién iba a decirlo?) un 17 de enero de 1954. Un hombre difícil. Huraño. Gruñón. Como si el peso de su disoluta vida le hubiera agriado el carácter para siempre. Pero, por otro lado, el escritor de algunas de las páginas más memorables de los últimos treinta años de la música norteamericana. Estos son “mis cinco de Steve”.

 

Guitar town (1986)

Empezaremos por el principio. Disco de debut de Steve Earle y puñetazo encima de la mesa. En plenos años ochenta, sí, los de los sintetizadores, el virginiano se marca un trabajo de puro y genuino country rock que acabará en la célebre lista de 500 mejores discos de todos los tiempos de la revista Rolling Stone. Poco se puede decir de un álbum con canciones como “Someday” o “Little rock’n’roller”. Quizá, como curiosidad, que muchos aseguran que es el primer álbum de música country grabado de forma digital, algo difícil de comprobar. En cualquier caso, es una maravilla.

 

 

Copperhead road (1987)

Con más pinta de cantante de hard rock que de músico de country aparece Steve Earle en el videoclip de la canción titular de este álbum. Muñequeras, cinta en el pelo y melena rubia al viento, la perfección sobrevuela este clásico de nuestro tiempo que contiene gemas como la canción que le da título a este disco, además de “Johnny come lately” o ese auténtico himno que es “The Devil’s right hand”, tema que versionaría también uno de los grandes ídolos del propio Steve, Waylon Jennings.

 

 

Train’a comin’ (1995)

Hace unos meses analicé este disco en nuestra sección Operación rescate, para muchos la obra cumbre de la carrera de Steve Earle, a pesar de estar hablando de un trabajo esencialmente acústico. No nos repetiremos. Solo recordaremos que estamos ante un músico recién salido de prisión, tras vivir sus momentos más bajos por el consumo de drogas, y que con este disco resurge de manera totalmente inesperada para encarar una segunda mitad de década gloriosa en cuanto a sus lanzamientos discográficos. Como escribí en el citado texto, “Steve suena crudo. Adusto. Grabado solo en cinco días, el disco persigue y consigue sonar a clásico. Rebuscando en lo más profundo de la tradición logra sonar como un músico recuperado. Espléndido”.

 

 

I feel alright (1996)

Sexto disco de Steve Earle y la muestra de su recuperación definitiva. La confirmación de que había vuelto para quedarse tras Train’a comin. Un disco rabioso, rotundo, poderoso. Un álbum que prefiero considerar más de rock-country que de country-rock. Explosivo. Con un cantante escupiendo las palabras en forma de torbellino. Amenazante. Casi punk. O punk, directamente. Y, además, con un dueto con Lucinda Williams espeluznante en la insuperable “You’re still standing here”.

 

 

El corazón (1997)

Obra maestra del llamado rock norteamericano. Pocos artistas pueden alardear de haber enlazado tres discos de este calibre. Con 42 años Steve lo ha hecho prácticamente todo. Ha caído y se ha levantado. Ha vivido varios divorcios. Ha tenido dos hijos. Ha coqueteado con la heroína y con las armas de fuego. Ha vivido, probablemente, demasiado rápido y de manera descontrolada. Por eso dedica un disco al lugar del que sale toda la energía, optando además por un título en castellano. Y por eso nos canta desde “Here I am”, “aquí estoy, aquí estoy, aquí estoy”. Solo por “Christmas in Washington”, una de las diez mejores canciones del género en esa década vale la pena el disco, aunque hay once temas más que no bajan el nivel. Es Steve Earle desgarrando corazones.

 

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