Sr. Chinarro: «No me parece que la humanidad evolucione, creo que cada vez somos más idiotas»

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«Con este disco abrimos un camino nuevo para Sr. Chinarro»

 

Sr. Chinarro acaban de publicar su nuevo disco, Cal viva; un álbum con el que inician nuevos caminos al tiempo que asientan, una vez más, su personalidad. Antonio Luque, su alma máter, cuenta detalles en esta charla con Javier Escorzo.

 

Texto: JAVIER ESCORZO.
Fotos: ALFONSO LÓPEZ.


Prolífico como pocos, Antonio Luque, o lo que es lo mismo, Sr. Chinarro, vuelve a estar de actualidad para presentar su nueva colección de canciones, reunidas bajo un sugerente título: Cal viva. Con los años, Antonio Luque no ha perdido el tino compositivo ni la curiosidad musical. Además, su mensaje es cada vez más explícito, y eso se nota en sus canciones y en sus entrevistas.

 

Publicaste Reality show hace relativamente poco tiempo, en 2022, y después tuviste que presentarlo en directo. ¿Cuándo empieza a nacer este nuevo disco?
No hicimos demasiados conciertos, solo cinco o seis, creo. Cada vez me gusta menos el rol de empresario, prefiero esperar a que me compren el bolo, como decimos en este negociado. Además, dejé de ir a Barcelona con tanta frecuencia como solía, y empecé a tocar con unos músicos de Málaga por si tenían que suplir a mi banda de Barcelona, que tienen muchos compromisos porque tocan con varios artistas: Zahara, Iván Ferreiro, Amaia… Cuando empecé a tocar con los de Málaga, como me suele pasar, me puse a hacer canciones nuevas y, sin darme cuenta, ya tenía las suficientes para hacer otro disco. Lo grabé con los músicos de aquí porque ya no iba a ir a Barcelona con la regularidad que se necesita para mantener una banda.

Cuando dices que no te gusta el rol de empresario, ¿te refieres a tener que alquilar tú mismo las salas en vez de alguien te contrate y te pague tu caché?
Eso es, sí. Hacer que ocurra, eso lo tienen que hacer los promotores. Yo voy, canto y cobro lo que creo que tengo que cobrar. Lo de alquilar tú mismo las salas siempre ha existido, lo que pasa es que cada vez hay más grupos, los alquileres van subiendo, el precio de la furgoneta sube, los hoteles suben… Cada vez está más difícil. Si llenas una sala, no tienes problemas, pero si no lo llenas, pierdes dinero, entonces para qué. Eso ya lo viví en su día.

A veces has sido crítico contigo mismo, diciendo que no deberías haber grabado tan rápido y que deberías haber esperado a reunir mejores canciones. Esta vez el nivel compositivo parece muy alto. ¿Tuviste claro que era el momento de entrar a grabar?
En realidad, yo no hago estrategias, eso es para los militares que quieren conquistar terrenos. Nunca he tenido esa ambición. Bueno, igual la tuve al principio, que me hubiera gustado que me hubiese fichado una multinacional y que hubiese invertido más en Chinarro, pero no pasó. Ya el segundo disco se llamó Compito, que quería decir justo lo contrario, quería decir que pasaba de todo. Obviamente, me gusta gustar, que se vendan discos y que me salgan conciertos, pero realmente yo hago esto porque me gusta, como un abuelo que hace bufandas. O como el manto de Penélope, que no sé hasta qué punto los discos se deshacen solos una vez que los grabo, porque no los vuelvo a escuchar. Si se borraran, no me enteraría. Hago discos nuevos como el manzano da manzanas.

Tengo entendido que la composición de estas canciones empezó de manera casual, cuando veías en Internet a varios músicos de los que aprendiste varias ruedas de acordes que no solías utilizar.
Siempre tengo la espina clavada de no haber aprendido armonía con la guitarra para poder entender mejor la mecánica musical. Me la podría haber sacado, porque podría haber estudiado, pero he sido un poco vago [risas]. Pensé en apuntarme a algún curso aquí, en Málaga, pero todos son de flamenco y, aunque el saber no ocupa lugar, no es el tema que más me interesa. Tampoco me gusta el jazz, pero empecé a ver a algunos guitarristas de jazz que hacían algunas progresiones un poco locas y muy bonitas. Los de mi generación solemos decir que el reggaetón y el trap no valen, pero ya Frank Sinatra decía que el rock and roll era una mierda. Es decir, pasó lo mismo. Eso me hizo pensar que igual Frank Sinatra tenía razón ya [risas]. Me gusta mucho escuchar a Frank Sinatra, aunque por desgracia no tengo su voz. Cuando empecé a tocar esas ruedas de acordes inspiradas en las que había visto en internet, porque no son las mismas, y los músicos le dieron esos toques soul que le iban tan bien, me di cuenta de que estábamos abriendo un camino nuevo para Chinarro. Cuando canté, ya sonó más a Chinarro, tampoco es que sea un cambio súperdrástico. Ya había metido algún recurso un poco de jazz en otras canciones antiguas como La lección.

Y para meterte en ese nuevo camino para Chinarro, ¿nos te planteaste contar con un productor externo?
Lo hemos hecho nosotros. Siempre escucho todas las opiniones, y tener un productor es pagar a una persona de fuera para que también opine. Entre los cuatro músicos que graban, el mixer… ya tenemos bastantes opiniones. Y luego la mía, que después de tantos años de grabar, ya la tengo bastante formada. No tengo los conocimientos técnicos para grabarme yo, pero conozco técnicos, sé cuáles me gustan… Buscar a alguien de fuera para que de repente lo cambie todo y te haga otro disco… No, a mí me gusta hacer lo mío. Estuvimos pensando en ir a grabar al extranjero, porque creo que este tipo de música se graba mejor en Inglaterra o en Estados Unidos, los técnicos saben hacerlo mejor allí. Finalmente me dio pereza y lo grabé lo más cerca que pude, en Málaga, a cuarenta y cinco minutos de casa.

Pues lo primero que llama la atención en el disco es precisamente la producción, que es muy variada. Hay canciones más del estilo Chinarro de siempre, pero también otras que se acercan al soul y al funk, con metales, cuerdas… En discos anteriores como Asunción, te habías quejado de que la producción había quedado un poco plana.
Sí, esta vez hemos tenido bastantes más recursos. Asunción fue una producción muy barata, este disco habrá costado casi el triple y eso se nota. Ha sido también gracias a grabarlo aquí, en Andalucía, que conozco más gente, más músicos, tenía más contactos para los vientos, por ejemplo. Además, Eclipse Melodies, el nuevo sello, estuvo de acuerdo en pagar todo lo que hiciera falta para que las canciones quedasen bien. No es lo mismo meter una trompeta o un trombón de verdad que un sinte, eso se nota en el resultado.

 

«Creo que el disco se entiende bastante bien, aunque no me he cortado utilizando metáforas»

 

El disco se titula Cal viva. Para los que tenemos cierta edad, el término “cal viva” tiene reminiscencias políticas de corrupción y terrorismo de Estado. ¿Por qué lo has elegido?
Está anunciando Putin que vamos a la guerra, parece que la humanidad camina hacia el desastre. Lo dicen algunos que entienden de esto más que yo: cuando el capitalismo está agotándose, la única forma de volver a empezar es tirar el tablero al suelo, montar una guerra, destruirlo todo para volverlo a hacer. Poco a poco consiguen dividir a la gente, polarizarla, para que los pobres se maten a palos y los ricos sigan estando tranquilos. Luego hay que ocultar los cadáveres y la mejor manera siempre ha sido la cal viva, creo que sigue funcionando. Por otra parte, me gustan mucho las piedras, los minerales. Me gusta pensar que, algún día, el universo será solo piedras y gases y ya está.

¿Sin humanos?
Sin humanos y sin “ná”. A ver si quedan los árboles, por lo menos. Hay algún alcalde que hace todo lo posible para que no queden [risas], a ver si sobreviven.

No sé si es una percepción mía, pero me da la impresión de que, de un tiempo a esta parte, cada vez te cortas menos a la hora de expresar tus opiniones políticas en las canciones y en las redes sociales. ¿Es así?
Bueno, yo creo que las letras de Chinarro, desde el principio, reflejan una visión del mundo un poco oprimida, siempre me he sentido rodeado de gente más violenta que yo y, en un porcentaje de casos insano, de gente más tonta que yo, tengo que decirlo claramente. No estoy diciendo que todo el mundo sea tonto, pero creo que hay un porcentaje de tontos que es inasumible en una sociedad. Me pregunto si son tontos de nacimiento o si llegan a serlo por los medios de comunicación. O por la educación, por eso los políticos se pelean tanto por los programas educativos; en un momento dado, es donde empieza la maquinaria a hacer idiotas. Esto lo vi claro desde el colegio, donde era un rebelde a mi manera. No iba haciendo ruido ni rompiendo nada, pero me marginé [risas]. “Dios mío, ¿dónde me han metido?” [risas]. Estos idiotas son los que luego compran los discursos de líderes estúpidos y totalitarios que se montan en un oso o salen pegando tiros, o diciendo que se les puede tocar el coño a las mujeres sin permiso, como Trump, Putin, Abascal, etcétera. Al principio se reflejaba en mis letras de una manera y ahora me explico un poco mejor, porque el número de oportunidades que me queda de expresarme va siendo más pequeño, claro.

La canción en la que aparecen las palabras “cal viva” es «Carlos Haya», que fue un piloto de la guerra civil, también hizo algún invento que permitió que se pudiera volar de noche… He leído que tiene una calle en Málaga y que ha habido polémica sobre su posible retirada. ¿Por qué has escrito esa canción?
El alcalde de Málaga, la ciudad en la que vivo, que tiene fotos con Franco, porque el hombre tiene ya más edad que su madre, no quiere quitarle el nombre a la calle, como dice la ley de memoria histórica, esa que otros llaman de “memoria histérica”, o “memez histérica”, como dijo el director del Patronato Cultural Federico García Lorca. El alcalde de Madrid ha puesto una calle al Crucero Baleares, que fue un barco que bombardeó a la población malagueña cuando huía hacia Almería. Pero les parece bien. Hay que matar a los pobres, y los pobres encima les votan. Y ahí sigue la Avenida Carlos Haya; dicen que, aparte de ser un aviador, también inventó una cosa que sirve para volar de noche. A lo mejor le han dado el nombre de la avenida por el invento [risas]. Sí, yo creo que es por eso.

Se solía decir que tus letras eran bastante crípticas, pero de un tiempo a esta parte cada vez se entienden mejor. ¿Te has esforzado para que sea así?
No ha sido un esfuerzo consciente. Creo que es por la edad que tengo, que ya me da un poco de pudor ponerme demasiado místico. Hay una canción que he dejado fuera porque no cabía en el vinilo que es más difícil de entender, pero no la he dejado fuera por eso. De todas formas, acabará en Spotify y en las plataformas. Pero sí, creo que el disco se entiende bastante bien, aunque no me he cortado utilizando metáforas. Hay varias canciones en las que aparecen animales, que es algo que ya pasaba en otros discos de Chinarro. A ver si alguna vez los dejamos tranquilos. De hecho, prácticamente ya no como carne, solo cuando viene mi hijo, que todavía está echando músculo. Tampoco me apetece escribir canciones como «Vacaciones en el mar», que es una canción de 2011, del disco Presidente, que hablaba de los plásticos en el mar. Son temas que ya están en la sociedad y, además, no conseguimos que la gente se los crea. No hay solución posible, me da pereza. «Altavoz bluetooth» habla de la contaminación acústica; cada vez hay más gente que va en el autobús o en la playa escuchando música sin auriculares, o el vecino con la tele a tope a las 2 de la mañana. No hay ningún tipo de respeto. Luego que la gente toma ansiolíticos… Incluso para barrer el suelo: yo lo sigo haciendo con mi escoba y mi recogedor, me parece un invento imbatible, pero ahora todo el mundo pone la roomba, que hace un ruido horrible. No me parece que la humanidad evolucione, creo que cada vez somos más idiotas. Ya escribí sobre eso en el disco El progreso.

En un par de canciones ironizas con los festivales y las bandas tributo.
Solo de pensar que las bandas tributos están llenando… Que me alegro por ellos, pero… Esa canción está basada en hechos reales. Debajo de casa tengo un bar en el que todos los fines de semana tocan grupos que hacer versiones tipo «Noches de bohemia e ilusión», «Sarandonga»… Siempre las mismas, durante años. El éxito de las bandas tributo y del festival clónico itinerante, que se repite en todas partes y siempre con las mismas bandas, viene del hecho de que la gente quiere participar, se quiere saber las canciones. Y el único modo de sabérselas es ir siempre a lo mismo. Quieren ver veinte veces a Vetusta Morla, que me alegro mucho por ellos y se lo merecen, o, ahora, a Arde Bogotá. O escuchar «Sarandonga» o a un grupo de tributo de Nirvana. Mi bajista anterior tocaba en un grupo de tributo de Nirvana, no pasa nada. No se lo reprocho a ellos, sino a la gente. ¿No os interesa escuchar nada nuevo? No deben tener mucha más memoria y solo pueden cantar un número reducido de canciones. Pero bueno, si ellos están contentos yo también estoy contento.

 

«Obviamente, me gusta gustar, que se vendan discos y que me salgan conciertos, pero realmente yo hago esto porque me gusta»

 

Kutxi Romero, cantante de Marea, suele decir que una vez él tenía un concierto acústico y, la misma noche y en la misma ciudad, tocaba una banda tributo de Marea. Y que la banda tributo tenía las entradas más caras y metió más gente que él en su concierto.
[Risas] Es increíble. Pero también porque era en acústico. Cada vez veo más claro que la gente quiere ir a conciertos grandes, a festivales enormes, por el ruido. Por eso la canción típica del festival tiene siempre el bombo a negras, o las raves de bakalao, que duran cuatro días. La gente quiere la Mascletá, quieren el ruido, la explosión, el escándalo. La destrucción. Yo creo que, en el fondo, lo que hay es un ansia de destrucción que muy pronto Putin satisfará [risas].

Veremos… Hablando de cosas más agradables, el disco va a salir en vinilo y has dicho antes que lo vas a subir a las plataformas, pero según publicaste en redes sociales, no tenías claro si lo ibas a hacer.
Lo estaba dudando. J lo ha hecho con En plena pausa, el disco que ha hecho con la música de la película de Zulueta, y ha vendido bastantes discos porque es la única manera que tiene la gente de escucharlo. Pero es complicado, hay gente que no tiene plato en su casa. Yo creo que tarde o temprano las subiremos a las plataformas, pero primero, durante un tiempo, las canciones van a estar solo en vinilo, para que las escuche quien haya comprado el disco.

Casi todos los artistas os quejáis de la tiranía que suponen las plataformas digitales, de lo poco que pagan a los artistas… ¿Por qué crees que no hay una respuesta más organizada de plantarse y no subir los discos, o al menos no subirlos enteros o hacerlo más tarde?
Hasta que no lo hagan los grandes… Que lo hagamos los pequeños es hacer el kamikaze. J siempre ha jugado entre dos aguas y ya viene de vuelta, ya no necesitaría hacer nada más, aunque sigue haciendo cosas maravillosas. Pero se lo puede permitir. Si lo hago yo es como… Lo pondrás en la entrevista, igual lo subrayas en negro, pero a los diez minutos se ha olvidado. Lo que me llama la atención es que, por ejemplo, dicen que Tidal paga mejor que Spotify a los artistas, no sé hasta qué punto será así, y que se escucha mejor, pero nadie se cambia a esa plataforma. A la gente le importa un pimiento lo que ganen los músicos, parece que está esperando a que haga las canciones la inteligencia artificial. Y lo grandes nunca van a salir de Spotify, porque sus discográficas son las dueñas de Spotify, están en su casa. Tú abres las novedades de Spotify un viernes y te salen cinco canciones de Viva Suecia, cinco de León Benavente, seis de Arde Bogotá, cinco de Vetusta Morla… Siempre están ahí. Igual un día sale una de Sr. Chinarro, porque Mario, de Mushroom Pillow, se ha partido literalmente los cuernos para que esté ahí. Ese sistema favorece a los grandes y nunca va a salir de ahí.

Cada vez hay más artistas que, de una u otra forma, se están plantando, pero es cierto que siguen siendo casos muy aislados y relativamente minoritarios: Rufus T Firefly lo planteó hace tiempo, ahora lo estás haciendo tú, lo ha hecho J, Diego Vasallo…
Pero eso es como arrojar pintura a la fachada del congreso. Solo faltaba que nos multaran por no subir los discos enteros a las redes [risas]. Los que tienen la pasta, tienen la pasta de todo. Son los dueños también de los festivales, de las radios… ¿Tú vas al margen? Pues toma margen. Te meten una patada y te mandan más lejos todavía.

Por cierto, este disco ha salido con otro sello, Eclipse Melodies. ¿A qué se ha debido el cambio?
A que Eclipse Melodies ha apostado fuerte por este disco. No hay otro motivo. No ha pasado nada malo con Mushroom Pillow, al contrario.

¿Y cómo se presenta la gira?
Pues ahí estamos, cerrando cosas. Hay alguna fecha anunciada ya, otras que se publicarán dentro de poco.

¿Pinta bien la cosa?
Bueno, habrá que verlo cuando vayan sonando las canciones. De momento, no hay ninguna que haya reventado Spotify. Yo lo entiendo, no son canciones a la moda. Con que los promotores que nos conocen de toda la vida se acuerden de mí, con que podamos hacer algunos conciertos con la banda y otros yo solo en acústico… con eso tengo suficiente. La situación del grupo nunca ha dado pie para que yo pudiera fantasear con un éxito más grande. Hubo una época de más actuaciones, con El mundo según y Presidente. Pero está bien así, estoy tranquilo.

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