“Snowden”, de Oliver Stone

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CINE

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“No consigue escapar de algunas de estas ataduras del propio género, y hay ciertos momentos embellecidos y dramatizados en exceso, pero son cuestiones escondidas bajo un emocionante thriller político”

 

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“Snowden”
Oliver Stone, 2016

 

Texto: ELISA HERNÁNDEZ.

 

Mucho menos intensa y penetrante que el documental de Laura Poitras “Citizenfour” (una comparación que resulta imposible de esquivar y en la que hay una clara ganadora), pero aún así una de las películas más poderosas de Oliver Stone de las últimas décadas, “Snowden” nos cuenta el proceso que llevó a Edward Snowden (interpretado por Joseph Gordon-Levitt) a filtrar a la prensa las escuchas masivas e indiscriminadas llevadas a cabo por la NSA.

Con el subgénero de los biopics, filmes centrados en la trayectoria vitual de un único personaje histórico, uno ha de ser especialmente cuidadoso. Es habitual que el protagonista se vea idealizado hasta extremos casi hagiográficos, convirtiendo a la película en cuestión en una sucesión de tropos y clichés. “Snowden” no consigue escapar de algunas de estas ataduras del propio género, y hay ciertos momentos embellecidos y dramatizados en exceso por el bien de la empatía de la audiencia con el personaje que podrían considerarse empalagosos e incluso innecesarios. Sin embargo, al considerar el conjunto, estas cuestiones quedan escondidas bajo un emocionante thriller político, de manera que la película finalmente sale airosa del proceso.

En todo caso, y como ya ha intentado hacer en numerosas ocasiones a lo largo de toda su carrera, Oliver Stone vuelve a hacer una reflexión sobre lo problemático del patriotismo norteamericano, aquí haciendo uso de un personaje enormemente polémico y sobre el que la única posibilidad parece ser recurrir a extremos: ¿es un criminal o un héroe? Edward Snowden es, en este sentido, un personaje fascinante, y sin duda este esfuerzo desde los circuitos oficiales (una estrella como protagonista, un director más que consolidado, etc.) por reivindicar su figura y sacrificio hará su historia accesible a mucha más gente. Posicionándose de manera muy clara a favor de la defensa de las acciones de su protagonista y sin ni siquiera plantearse la posibilidad contraria, el filme se declara partidario de un amor por la patria que implique no una exaltación irreflexiva sino un cuestionamiento continuo, un trabajo diario y permanente de auto-consciencia sobre cómo es y cómo queremos que sea el lugar que llamamos hogar.

Si al menos consigue dar a conocer el lado menos oficial de lo sucedido, problematizar el discurso oficial y que no olvidemos o incluso que desde ciertas instancias se lleguen a valorar las acciones de Edward Snowden como realmente se merecen, entonces bienvenida sea “Snowden” y mil gracias a Oliver Stone

 

 

 

Anterior crítica de cine: “Un monstruo viene a verme”, de J.A. Bayona.

 

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