Siniestro Total: Dándole vueltas a los singles

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“Si no grabas dos canciones en una tarde, es que las canciones son malas o no están acabadas”

Siniestro Total se reinventan lanzando singles digitales, volviendo al pasado para afrontar el presente. De ello, y de mil cosas más conversamos con el gran Julián Hernández en esta entrevista.

 

Texto: JUAN PUCHADES.
Fotos: PIXI ARNOSO.

 

 

Quizá a él no le guste leer esto, ya que rompe con su imagen largo tiempo modelada de eterno gamberro descerebrado, pero Julián Hernández es una de las mentes más lúcidas del rock español. Un señor que piensa antes de hablar y al que, en un gremio en el que el egotismo es recurrente, trata de los temas más diversos y escucha al prójimo. Tal vez porque, ávido de información, le gusta compartir ideas. La más reciente que ha puesto en marcha tiene que ver con Siniestro Total, que a los treinta y dos años de comenzar a grabar discos, regresan al viejo formato de single para ir dando salida a la producción del grupo. Ahora serán singles digitales, aunque no se descarta que algunos aparezcan en vinilo. Los pormenores los cuenta en esta entrevista, que se nos fue de madre y rebasó ampliamente los límites de tiempo aconsejables. Pero es que hablar con este caballero es todo un placer.

¿Cómo surgió la idea de recuperar el formato de los singles?
No tiene ningún misterio, la gente ya no quiere escuchar elepés, Joe Hardy [productor estadounidense] me decía, “¿qué drogas hay en el mundo para escucharse un elepé entero de Katy Perry? No existe tal cosa”. Los hábitos de escucha han cambiado y, por otro lado, para un grupo, preparar un elepé significa estar paralizados durante un tiempo, acumular las canciones y sacarlas todas de una tacada. La idea del single, en realidad, es una especie de “work in progress”: hacemos una canción, pues sale la canción. Es aquello de Lope de Vega, “en horas veinticuatro pasaron de las musas al teatro”. La opción es no dejar de hacer canciones, porque si Siniestro Total se plantea grabar un disco nuevo, tendríamos que empezar a pensar para sacarlo como muy pronto dentro de un año, y eso es abominable, pero es a lo que te lleva el proceso de escribir canciones, acumularlas, luego grabarlas y finalmente sacarlas en un elepé.

Buscáis la rapidez.
Sí, y la práctica nos ha demostrado que la teoría es buena: el primer día, cuando decidimos empezar a hacer esto, cogimos entre todos y dijimos: “¿A ver qué tenemos aquí?”, y nos salieron seis o siete canciones que teníamos disponibles, y dijimos, “no, ahora vamos a coger dos y las grabamos en una tarde”. Porque si no se graban en una tarde, es que las canciones son malas o no están acabadas, y efectivamente grabamos en una tarde. Lo que vamos a hacer es ir grabando canciones de dos en dos en una tarde, en ese momento podemos mezclarlas con Joe Hardy, que está en Houston: le mandamos todas las pistas, nos manda la mezcla, hacemos las correcciones que haga falta, porque todo esto es en tiempo en real, es como si estuviéramos en Houston, pero sin estar físicamente allí. Y la canción está lista. Luego lo que hace falta es no dejar de mover el culo, porque hay que contar que has sacado la canción. Una cosa que escribía Raúl Minchinela, creo que en “Público”, a propósito de la idea, es que no se puede pretender sacar canciones geniales, porque en los elepés había canciones de relleno, que esa es otra, pero sí es verdad que, al mismo tiempo, el filtro lo tienes mucho más cercano, y si te das cuenta de que la canción no vale, puedes tirar de otra. Es decir, el cedazo es mucho más fino que el cedazo de un elepé, que es mucho más grueso, porque si una canción no te queda muy bien, dices, “bueno, esta es de relleno”. Ahora no nos podemos permitir el lujo de sacar canciones de relleno, si la canción no queda suficientemente bien, no quiere decir que no hayamos puesto toda la intención.

¿Os habéis planteado algún ritmo de lanzamiento?
La idea inicial fue plantearnos un ritmo, pero a rajatabla: “el día tal, de tal mes, sale una canción”. Pero hemos visto que hay otras posibilidades con lo que acontezca alrededor. Vamos, que una veces podemos acortar el plazo y otras alargarlo, porque ahora sacamos una segunda canción, pero tenemos que juntar, no te lo pierdas, las dos canciones para estar en Spotify y en Itunes, porque tienen que tener asociado un formato, no veas qué paradoja. Es decir, tienen que pertenecer a un álbum o a un single. No puedes sacar canciones sueltas, lo cual es absurdo. Es ridículo. Lo siguiente que tenemos que sacar es la grabación en HD de una cosa que hicimos de Javier López de Guereña y el taller Atlántico Contemporáneo, que es “Land of opportunity”, una especie de suite contemporánea basada en Siniestro Total, y Pablo Aragüés, que grabó la actuación del estreno, ha montado una especie de documental con entrevistas. Eso se estrena en breve, y nos deja, después de este single, un margen que, de todas formas, ¡vamos a utilizar también como single! El ritmo de lanzamientos no será fijo, porque, como decía Moncho Alpuente, igual tenemos una canción de usar y tirar y la sacamos por el asunto puntual de actualidad que se esté dando.

Lo que quizá os va a dificultar, o como mínimo modificar respecto a cómo se ha concebido hasta ahora, es la promoción, el cómo dar a conocer las canciones. Ejemplo: hoy te estoy entrevistando, pero si mañana sacas otro single, no volverás a contarme lo mismo o tendremos que hablar de esas dos nuevas canciones, y poco más…
Esa es la teoría. Cuando sacamos la primera me llamó una chica de “Infolibre” y me dijo, “¿pero no os dais cuenta que la promo no va a ser la misma? No vais a conseguir la misma promo”. Y le dije, “pues con una canción estamos consiguiendo la misma promo que conseguimos con el último elepé”. Y eso ya nos ha compensando, por lo menos en impacto mediático, ya puestos a hablar en esos términos horribles. Lo que pasa es que si no tuviéramos unos medios como redes sociales, como Twitter o Facebook, no tendríamos la oportunidad de informar que hemos sacado un single nuevo. ¿Qué pasa con eso? Que efectivamente no vamos a estar hablando de la teoría del asunto perpetuamente, lo que sí pasa es que sacamos un single nuevo y si conseguimos comunicar que el single ha salido y el que lo consume, lo consume, no hace falta hacer una promo salvaje. No hace falta un elepé con el que tengas que tirarte tres meses de promoción. Porque además esa promoción ya no existe con los álbumes.

Tu vienes del mundo del vinilo, te educaste con ellos, ¿no te da pena no sacar singles físicos?
Es que no lo hemos descartado, ni para singles ni para elepés reuniendo una serie de canciones. Pero todo lo que saquemos tiene que ser en un formato bonito. Es lo que escribiste tú de la muerte del cedé, es que el cedé es horroroso, pero si dentro de un año tenemos una docena de canciones y tiene sentido sacar un disco con las canciones que hemos ido sacando en vinilo, pues, joder, miel sobre hojuelas. Y además el single físico, pero también en vinilo, ahora no lo concebimos de otra manera, o esto o el vinilo. Pero el álbum que nos obliga a estar dos años paralizados, no. Y venir de la era del vinilo es todo lo contrario, recuerdo, cuando yo empecé a comprar discos, leer algún artículo en “Disco Expréss”, fíjate si uno es viejo, hablando del público de singles y del público de elepés: el público de singles era el de T. Rex y Slade, por ejemplo, que yo lo era, y el público de elepés era el de Pink Floyd o Genesis, ¡que yo también lo era!

¡Acabas de confesar tu pasado más oscuro!
[Risas] Sí, bueno, no me queda más remedio. ¡Confieso, me entrego, señoría! Claro, también había elepés que no tenían que ver con ese rollo de álbumes conceptuales y temas de dieciocho minutos, que era los discos de blues, que eran mucho más baratos, ¡y mucho mejores!

¿Te has adaptado bien a escuchar música en el ordenador, en internet… este tipo de cosas que ya hacemos todos?
Pues no sé cómo te habrá pasado a ti, pero yo me adapto muy bien a escuchar música en el ordenador siempre y cuando o bien sea poner una especie de ruido de fondo, o buscar cosas determinadas casi por una cuestión de trabajo, que eso no está nada mal, y descubrir cosas nuevas, que eso es la rehostia. Porque uno de los problemas que teníamos de chavales es que no había ni emisoras ni hostias, no existía Radio 3, y comprábamos los discos sin haberlos oído. Yo recuerdo comprar discos por la portada.

O por la crítica de alguien.
Exacto, o por la crítica de alguien. Los críticos eran muy importantes. El otro día cité un reportaje, que todavía conservo, es una doble página de [Diego] Manrique sobre los Kinks, porque para mí, de chaval, los Kinks eran un grupo más de los grupos ingleses de la época de los Beatles, y Diego escribió un artículo sobre el disco que estaban grabando, en concreto era el “Soap opera”, de los Kinks en los años setenta. Pues bueno, ese artículo cambió mi vida, porque, efectivamente, Manrique influyó de una forma fundamental en que yo dijera “ah, es que a los Kinks hay que echarles un vistazo”. Además recuerdo ver en la tienda Tony Martin, de Madrid, el “Soap opera” y llevármelo. Y los Kinks son los Kinks. La historia de la influencia de la crítica era mucha. Yo leí la noticia de la salida de “God save the Queen” [The Sex Pistols] mucho antes de escucharlos, que los escuché, paradójicamente, en El Corte Inglés de Vigo, con unos auriculares, pinchado directamente en el single. Porque esa era otra manera de comprarte discos y de conocer cosas.

Sí, ir a la tienda, escuchar con los cascos en la tienda.
Sí, pero ahora Youtube es un poco eso. A mí ahora Youtube me sirve para escuchar cosas que no conozco, y si me interesa, compro. Luego también está el conocer mucha música, más allá del rock, pero cantidades industriales de música de vanguardia, electrónica, jazz, cosas que, claro, en un momento dado cuando eres un consumidor no compras. Porque si eres multimillonario eres un imbécil, porque te lo compras todo y no escuchas nada, y si no tienes dinero y eres muy fan, tienes que seleccionar, y entonces la historia de encontrar cosas en internet es bestial. Yo en eso estoy completamente integrado, soy un apocalíptico en algunas cosas y un integrado en otras [risas].

¿El grupo tiene confianza en obtener ingresos por la venta de estas canciones o es imposible?
Yo creo que no he obtenido ingresos de la venta de ningún disco. Hombre, sí, algo de dinero… Mira, somos cinco tíos y un manager, que es como si fuera un miembro más del grupo, y tú coges, firmas un contrato con una discográfica, que te da el diez por ciento de la cuarta parte del precio de lo que paga la gente en una tienda, y a dividir entre seis… no da para nada. Además de que Siniestro Total nunca ha sido un grupo de grandes ventas, así que no podemos aspirar a ganar dinero a espuertas. Lo que pasa con esta opción es que no vamos a ver el dinero de una manera obvia, nadie nos va a dar un adelanto para grabar un disco, todo lo contrario, que es lo que llevamos haciendo nosotros media vida, que es adelantar nosotros el dinero a las discográficas, pues esta vez lo hacemos nosotros.

Estas dos canciones están en Itunes y en Spotify, pero de la primera, ‘¿Casualidad? No lo creo’, que ahora hemos descubierto que es la cara B del single, hicisteis un “lyric video”, que me parece muy útil para difundirla. ¿De la nueva canción también vais a hacer uno de estos vídeos?
Estamos en ello. La primera fue a tanta velocidad, que el vídeo lo montó Pablo Aragüés, cogió una foto y puso el texto, y a tomar por el culo. Pero en este tenemos que hacerlo mejor, porque un rollo tan estático tampoco funciona. No podemos gastarnos el dinero en el vídeo de ‘Thriller’, y eso ahora muy poca gente puede hacerlo.

De todos modos hay opciones de estas, de “lyric videos”, que son muy decentes y muy agradables de ver.
Es una nueva manera de ver una canción. Porque es cierto que si tú colocas la letra y la adornas, teniendo en cuenta cosas como la tipografía, que es algo muy bonito, y que la imagen se mueva, al fin y al cabo es algo audiovisual. Solo la tipografía ya es una idea, pero que no sea estar mirando una pantalla paralizada, que es como ver crecer la hierba, algo que no tiene ningún sentido.

 

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“Llevamos siglos sin discográfica, y no nos hemos planteado nunca volver a negociar un contrato con una discográfica”

 

Siniestro lleváis tiempo sin discográfica, ¿no?
Siglos, nosotros llevamos siglos sin discográfica, pero siglos de siglos, porque la relación con DRO, y desde el principio, no era la relación con una discográfica, nosotros no teníamos ni contrato, llegábamos, grabábamos, y se acabó. Cuando llegamos a BMG, fue una relación más de discográfica y luego pasamos a Virgin. Con Sony hemos sacado cosas, pero de forma puntual, es decir, que tenemos un disco y les planteamos que se encarguen de la edición en cedé. Son contratos puntuales, no nos hemos planteado nunca volver a negociar un contrato con una discográfica, pero creo que ni las discográficas están interesadas [risas], ni nosotros. Pero primero nosotros, porque me parece que es mejor para las dos partes: “si usted quiere sacarnos un disco con su estructura, díganos qué es lo que tiene que ofrecernos y vemos si nos interesa o no”. Pero firmar un contrato por cinco elepés de aquí al año 2020, es algo que ya no procede.

Las dos canciones de este single, ‘Todopoderoso’ y ‘¿Casualidad?’ No lo creo’, tienen una cierta unidad temática.
Sí, de hecho las cogimos un poco por ahí, porque vimos que tenían esa cierta unidad temática, aunque no del todo, sí que la tienen. ‘¿Casualidad?’ va de la teoría de la conspiración, que es tan brutal que una vez Ricardo Aguilera y yo intentamos escribir un libro sobre las teorías de la conspiración y nos dimos cuenta de que era tan gigantesca que escribir un libro no valía la pena, y lo abandonamos por el camino, porque aquello, con internet de por medio, era algo absolutamente desquiciado: cualquier cosa es una conspiración. De hecho es también el chiste de la frase de Twitter: “¿Casualidad?’ No lo creo”. Venía al pelo.

Podías haber hecho un tema de media hora hilando teorías…
Eso lo estuve hablando con Darío Manrique, que me decía que tenía que haber un megamix de tres horas, porque aquí hay tres estrofas y tres casos, pero esto da para mucho [risas]. La otra canción es un poco de cajón, pero se trata de extrapolar un poco, porque si todo lo que sale en la prensa es corrupción y la canción empieza diciendo “Soy un corrupto”, nos interesa, dentro de lo cabe, que la comunicación no sea sobre una persona concreta o sobre un caso concreto, porque la corrupción es el estado natural del ser humano. Esa es un poco la idea de la canción, ¿que es cruel y que se reconocen cosas puntuales? Pues sí, porque no queda más remedio que se reconozcan cosas puntuales porque las tienes delante, y luego que las canciones unas veces sirven para el momento. Es lo que decía Moncho Alpuente: “yo es que hago canciones de usar y tirar”. Claro, tiene una canción cojonuda que es ‘Suspiraba un gregario del Kelme en el seno del gran pelotón’, nadie se acuerda del equipo Kelme de ciclismo, pero sí que funciona la figura del gregario, que eso es universal, el gregario dentro del pelotón en la carrera ciclista, aunque el equipo se llame Kelme, sigue funcionando. Moncho Alpuente se infravalora diciendo que hace canciones de usar y tirar, yo creo que las hace eternas.

Sí, pero la canción humorística parece que tiene fecha de caducidad, o que se ve como una obra menor, ¿no?
Sí, es un poco eso. Hombre, aquí tendemos a ver el humor como si fuera un disco de chistes de Eugenio. Nosotros no somos graciosos, usamos el humor como un sistema operativo, no es necesariamente hacer un chiste, ni provocar una carcajada, pero es cierto que da esa sensación. Ayer estuve escuchando el nuevo disco de Javier Krahe y es descacharrante, pero descacharrante, y yo creo que es eterno, directamente. Lo escuchas y es un rollo sobre relaciones y sobre cosas que son divertidísimas, hay una canción que se lamaba ‘Tumbuctú’ que es una genialidad. ¿Qué pasa con eso? Pues que sí, que da esa sensación, pero porque España es un país con muy poco sentido del humor, no nos engañemos. El utilizar un poco la retranca gallega para hablar de las cosas que nos interesan, para nosotros es una suerte de sistema operativo. De todas formas no nos sale de otra manera.

¿No os sale de otra manera? ¿Y no crees que el humor ha podido ser un handicap para la carrera de Siniestro Total?
Pues sí, visto así, igual es un handicap: “es que estos son los graciosillos del noroeste”. Sí, es posible, lo que pasa es que como no podemos renunciar a ello, mejor no planteárselo. O sí, planteárselo y decir, “¡joder, qué tontos somos!”. Curiosamente, en Twitter, con la última canción, un tío me preguntaba qué quiere decir la frase del cuarto verso de la canción. La canción empieza diciendo “Soy un corrupto, no lo puedo negar, placer adulto”, y no entendía la cuarta frase. Y le digo, pues quiere decir, “placer adulto, en b, mejor que en a”. El que no lo entendiera, quiere decir que el que está escuchando no está escuchando una cosa previsible, esto es lo que tiene escribir canciones de amor no previsibles, porque de alguna manera ya sabes lo que va a decir el cantante de turno, en este caso ese cantante de gafas insoportable. Me lo escuché otra vez porque pensé, “igual estoy pronunciando como el puto culo”, pero está bastante bien pronunciado, lo que pasa es que no es una frase previsible dentro de una canción. Y como no es una frase de amor o de algo que se repita hasta la náusea, no se entendía bien, y al no entenderse por no ser una frase habitual, ¡la hemos jodido para la comunicación! ¡Pero qué le vamos a hacer! [risas].

¿Nunca has escrito una canción de amor en serio, de aquellas de sacar sentimientos fuera…?
Y de dejarse las tripas…

No de escribirla voluntariamente, sino una canción de amor que te viniera, sin más, sin pretenderlo.
¿Sin pretenderlo? No lo sé. Precisamente hicimos una que se llamaba ‘Te quiero’ porque era una coña sobre las canciones que se llaman ‘Te quiero’, y la verdad es que no nos salió demasiado bien. La historia es que si quieres hacer una declaración de amor y realmente te dejas la piel en ello, incluso el humor puede funcionar, incluso la distancia puede funcionar, y solamente la persona a la que se lo estás diciendo lo puede entender. Porque hay una cantidad de chistes privados tremendos, que puedes hacer públicos y universales sin necesidad de que estés diciendo cursiladas, porque lo más importante de todo y por encima de cualquier otra consideración, y eso me lo dijo mi padre cuando yo era pequeñito, es que lo peor que se puede ser en este mundo es cursi [risas]. A partir de ahí hay que pisar con pies de plomo para no caer en la cursilería. Vamos, digo yo, no lo sé.

El humor en muchas ocasiones es un arma de tímidos.
Totalmente, yo estoy absolutamente convencido de eso. Es así. Es una manera de protección, de que lo que estás contando lo puedas contar y que haya una distancia con el tema que estés tratando. Además tiene otra validez, y es que puedas decir cosas que si las dices en serio o caes en la cursilería o te meten en la cárcel. Y ninguna de las dos cosas parece una buena opción.

Son treinta y dos años ya de Siniestro Total, y tú siempre has estado ahí, siéndole fiel. ¿Te sientes hombre de grupo, te gusta el proyecto común?
¡Esa es una buena pregunta, tú! Porque la verdad es que… ¡uf! Parece que nos hayamos aplicado la doctrina Parot a rajatabla, pero lo que sí pasa es que, unas veces por casualidad, otras por cabezonería, otras por curro y otras por cambio de gente en el grupo, el mecanismo sigue funcionando, y yo me siento relativamente cómodo. Hay días que nos tiramos todos los trastos a la cabeza y nos mandamos al quinto pino, como decía Álvarez Cascos que había que mandar al Prestige, que en realidad lo que dijo fue a tomar por culo… La historia es que si podemos reinventar cosas, no reinventar, sino directamente copiar cosas que ya han pasado, como la idea del single, o podemos hacer un trabajo como lo de Javier López de Guereña o los conciertos pueden seguir funcionando bien, pues yo creo que la opción del grupo es muy buena. Y también hay una cosa que añade un valor, por lo menos para mí es muy importante, que es que se pueda trabajar con otra gente, que Siniestro Total, lo que son los músicos, sea un poco el núcleo duro y luego se pueda trabajar con diseñadores o con fotógrafos. Es decir, que podamos hacer otras cosas con gente que entiende al grupo, haber trabajado con Óscar Mariné o con Mikel Garay o con Mikel Clemente es un lujo. El sistema por ahora es bueno. Con lo que estamos ahora es cierto que estamos pisando tierra ignota, curiosamente una cosa que viene tan de atrás como es sacar canciones cada X tiempo.

¿Confías en que la fórmula del single pueda funcionar?
Hombre, dime cuál es la vuelta atrás. La fórmula del single tampoco quiere decir que sea una fórmula cerrada, hemos sacado un single pop, de dos canciones y de tres minutos y pico cada una, con un planteamiento muy claro. ¿Que mañana tenemos un tema de ocho minutos?, pues también, porque no hay ninguna limitación de que en el vinilo suene peor meter ocho minutos que cuatro. Por otra parte, si somos conscientes de que esa vuelta atrás es imposible porque los hábitos de la gente han cambiado, pues veremos qué hacemos. Muchas veces los músicos y los que se dedican a la comunicación, vamos por detrás de los hábitos de la gente. En nuestro caso, nuestro hábito no había cambiado, ya que escuchamos la música de esa manera, la producimos de esa manera. Que la historia sea como para dar la vuelta atrás y hacer “Tommy”, bueno, de alguna manera ya lo hemos hecho, y nos podemos ir a donde nos dé la gana. Pero la producción de canciones a lo largo del año no es incompatible con nada. Una idea como “Sgt. Peppers” creo que sí está muerta desde el momento en que es una mentira, porque no era un elepé conceptual, era una colección de canciones. Se vendió como un elepé conceptual cuando no lo era, como tampoco lo era “Dark side of the Moon”, sí lo era “Thick as a bridge” o “Quadrophenia”, pero muchos de esos discos vendidos como álbumes integrales, no lo eran. ¿Por qué lo eran? Porque se juntaron cuatro tipos en un estudio de grabación durante un tiempo determinado.

 

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“Siniestro Total nunca ha funcionando pensando en qué bonito eran los ochenta, porque de hecho, en los ochenta tampoco participábamos de todo”

 

Muchos compañeros tuyos de generación sienten un cierto desánimo al ver que los esquemas con los que nos hemos manejado durante años se han caído: los discos que han dejado de venderse, la manera de publicar la obra, incluso el momento de crisis brutal con los conciertos bajo mínimos. ¿Tú sientes inquietud en estos momentos?
Si no la tengo ahora es porque la he tenido siempre. Creo que después del primer disco de Siniestro Total dijimos, “pensábamos que era el último, pero estamos grabando el segundo”. Claro, si partes de esa idea, cuando grabamos el tercero pensamos que fijo que ese iba a ser el último. Después de treinta y dos años dices, “este será el último”. ¿Qué pasa? Pues que ahora el último se nos acorta en el tiempo sacando singles [risas]. Pero la sensación de fracaso generacional, ni pa dios. De hecho me parece un signo de rendición y por otro lado de nostalgia de tiempos pasados en los que yo fui grande, como “Candilejas”, o “La caída de los dioses”, algo así. La nostalgia para nosotros siempre ha sido un sentimiento reaccionario, entonces no podemos tener esa nostalgia, porque Siniestro Total nunca ha funcionando pensando en qué bonito eran los ochenta, porque de hecho, en los ochenta tampoco participábamos de todo. Yo creo que no es bueno echarse las manos a la cabeza y quejarse y ser un llorica, diciendo que ya nadie espera mi elepé. No, oye, es que ya nadie espera ningún elepé, es que nadie espera una novela. Sí, acaba de salir una nueva novela de Thomas Pynchon, pero, quién la esperaba, pues cuatro. Probablemente la venderá muy bien, pero los “blockbuster”, los grandes lanzamientos son otra cosa, ya no es una espera de un público fiel, ahora depende de cómo sea el bombardeo. De lo que se trata fundamentalmente, en tu oficio y en mi oficio, que es comunicar, es, en la medida en la que se pueda, seguir comunicando. Si ves que no vas a poder seguir comunicando, entonces eso sí puede provocar una sensación de angustia. Pero tú tendrías que poder decir algo parecido.

Sí, claro, me pilla en la misma edad, los esquemas se han roto, todo se ha caído… Pero la solución me parece que es, precisamente, estar continuamente buscando soluciones a problemas reales.
Exactamente, por eso las revistas digitales con información al segundo suponen un aliciente nuevo. Por otro lado, lo que está muy claro también es que, en una velocidad como esta, lo que no puedes hacer es esperar al siguiente tren, porque te puedes quedar paralizado. Pero lo importante es no ser un llorón, y hay una cosa que aprender, que lo decía no recuerdo quién, que hay que mirar alrededor, y no solo al mundo de la música, al del espectáculo, al de la crítica musical, al de la edición literaria, hay que mirar al mundo de la política, porque todo es política al fin y al cabo. El espectáculo de la política es muy sencillo de identificar con esto: antes un político salía en la prensa de Pascuas a Ramos: cita del canciller alemán al Reino Unido, o Nixon fue a China, eso pasó una vez, buah, ¡la de Dios!, era un acontecimiento mundial y Nixon no volvía a salir, luego tuvo el Watergate, que inauguró una serie de sucesión de singles. Y ahora los políticos funcionan con esa serie de sucesión de singles. Un presidente del gobierno español, el que sea, no puede estar una semana sin salir en prensa por lo que sea, por salir o por no salir, por salir en plasma o porque le tiren tomates, da igual, pero tiene que salir en la prensa, porque sino no está. Y con la música es lo mismo.

Fíjate que en el rock español se cambió el modelo, porque durante años era obligatorio sacar un elepé al año, y de ahí hemos pasado a que transcurran dos o tres años entre cada disco, como que es imprescindible dilatar el tiempo entre lanzamientos.
Eso es, de hecho a nosotros la industria nos paralizó. Grabamos un montón de discos y luego, de repente, era aquello de no, no podemos sacar otro disco porque solo llevamos dos años desde el anterior. ¡¿Cómo?! ¿Dos años? ¡Qué barbaridad!

Sí, “aguanta, que los medios no te harán caso”, se decía.
Ese era el problema fundamental. No podemos llegar con una idea hoy y con otra mañana porque cuando hagamos una hoja de promo y convoquemos a la prensa no va a venir nadie. Pero es que eso, ahora, también se puede puentear de muchas maneras. Yo creo que la industria ralentizó la salida de cosas, y tú te veías con que no podías seguir así, porque te decías, “es que voy a tirar tantas canciones a la basura”, hombre, algunas las tiro encantado de la vida, pero otras tienen que salir en un momento dado, tienen que salir en el momento en el que tienen que salir, y creo que es bueno. ¿Cuántos discos en directo tiene James Brown? Quinientos mil, y los sacaban.

El rock español no tiene discos en directo, la gente saca uno cada diez o quince años, pero con el formato de invitados o con deuvedé… que acaban por ser truños, falsos directos. Sacad directos de verdad, un “Live in Cuenca”, un “En vivo en Albacete”, joder. No sabemos cómo sonaba tu banda en 2002 o en 2008…
Y eso es un documento, para bien o para mal, no es ni bueno ni malo. ¿Qué ha pasado aquí con los discos en directo?, que se convirtieron en el “blockbuster” de los músicos españoles. El “Rock & Ríos” o el de Loquillo fueron los grandes vendedores de una generación del rock que ya parecía que estaba fuera de sitio. Y eso no es bueno. Yo no sé a cuántos fans de Siniestro Total, por no hablar de nadie más, les interesaría tener directos nuestros, porque nosotros preparamos un directo distinto cada año, incluso a lo largo del año preparamos distintos conciertos con distintos repertorios, porque nos gusta que cada noche sea distinta. Bueno, pues tal noche en tal sitio, funcionó de puta madre, pues vamos a sacar un disco con ese audio. Mira tú el “Live at Max’s Kansas City”, es un elepé emblemático, grabado con un casete y que cumplió una función casi de sacar un disco como sea de Velvet Underground. Y podríamos tener muchísimos de esos discos muy buenos, pero el disco en directo se glorificó en los años setenta con el rock sinfónico y con el heavy y parece que un disco en directo sea una especie de tótem sagrado absolutamente irrepetible.

Fíjate en el caso de los Rolling Stones.
¡Otros!

Han ido sorteando años de sequía creativa con discos en directo que, además, les permitían salir de gira.
Claro, y además son discos bastante decentes, yo creo.

Sí, y gracias a eso tenemos documentos de ese grupo en directo a lo largo del tiempo, sabemos cómo eran sus giras y cómo cambiaban repertorios.
Exactamente, nos permite saber cómo sonaban los clásicos en distintas giras y nos permite comprobar cómo eran los directos con Bill Wymann o sin Bill Wymann, o cómo sonaba una determinada sección de vientos, joder, es que está muy bien. Vale, di que cuesta dinero y que es complicado, pero ahora ya hay unos medios para grabar en directo muchísimo más sencillos. El directo, que es la base de la economía del tinglado, también debe de tener un reflejo, digamos, solidificado: Que cada directo que hagas lo hagas con invitados, duetos, con no sé qué… venga, nos pasamos. Porque no hay directos reales, es que el Max Kansas City era un bar de mierda, pero, ¿cuántos discos en directo hay grabados en La Iguana de Vigo? Pues no sé si hay alguno, solo las cosas que se ponen en Youtube.

El otro día, pensando en todo esto, hice el siguiente ejercicio, mirar la discografía de Dylan hasta sus cincuenta años, y tiene un disco por año, y entremedias hay de todo, directos o discos de versiones, con años de varios discos.
Esa es otra, los discos de versiones, es que tampoco pasa nada por grabar discos de versiones, es que ahora mismo se anuncian discos de versiones como si fueran la gran idea, y no, es que es de lo más normal.

El siguiente paso fue ver discografías de artistas españoles hasta sus cincuenta años, y su discografía es menos de la mitad de la de Dylan a esa edad, y no parece muy normal.
Es que también tenemos que hacernos una idea de que aquí el rock nunca ha sido un proyecto mayoritario de consumo, o de entretenimiento o cultural, como queramos llamarlo, nunca lo ha sido, ha habido momentos puntuales en los que Radio Futura ha vendido un montón, que Los Sírex era un grupo conocido o que Dover pegó un pelotazo, pero eso han sido cosas puntuales. En este país la música, de entrada, en los colegios es una “maría”, cuando por ejemplo en Suiza es una asignatura obligatoria en todos los ciclos de educación y como no la apruebes te vas a tomar por el culo, y eso ya significa mucho. Pero luego, es que, además, el rock dentro del mundo de la música es lo último de lo último.

¿No crees que esos lapsos de tres años entre discos, pueden haber provocado que el público se desperdigara o en muchos casos, directamente, desapareciera?
Creo que sí, y es culpa nuestra. Yo entono el mea culpa, porque nosotros mismos nos dejábamos arrastrar por eso. Es decir, te hablan de que tienen que pasar dos o tres años, vale, sí, pero en qué momento te planteas empezar un ciclo de un disco nuevo, porque supone paralizar la maquinaria completamente. Y una central nuclear no puede paralizar la actividad, unos altos hornos no pueden apagarse, tienen que estar calientes y funcionando permanentemente. En el momento se para la estructura de unos altos hornos, es porque se paraliza todo y volverlo a poner en marcha cuesta muchísimo trabajo. Eso lo pueden hacer superestrellas, a AC/DC no le cuesta ningún trabajo volver a poner la máquina en marcha, pero a nosotros sí, a los grupos españoles, sí, y a nosotros más, que somos lo último de lo último. Pero hasta los que más triunfan no se pueden permitir lujos, porque España es un país muy mediocre en aspectos del rock. Pero no quiero ser catastrofista. Pero, bueno, tú con el artículo del cedé del otro día fuiste bastante catastrofista.

No pretendía serlo, pero el rumor de que en cinco años dejan de fabricarse es cierto, y que la mayoría de ordenadores salen sin bandeja de cedés es un hecho.
Eso era muy bueno porque, leyendo tu artículo decía, claro, qué tontería, es cierto, ya no hay bandejas para cedés, lo que quiere decir que ni siquiera los piratean.

Es triste, porque sí me parece que el hecho de tener la música en la mano, agrupada en un formato, aunque fuera el cedé, pequeñito y feo, te hacía darle un valor sentimental a eso, era como los libros.
El otro día, se vinieron aquí mis sobrinos, que han crecido, y de repente ven la colección de vinilos y flipan, y se hicieron fotos para subirlas a Facebook y Whatsapp, y los amigos les decían, “hala, ¡pero eso es el paraíso!”, que yo tampoco tengo tantos discos, tengo unos cuantos, yo recuerdo la casa de Manrique, y aquello era la de dios, pero tengo unos cuantos. Y decían el paraíso, pero si todo esto que está aquí lo tienes en Youtube, pero sí que es verdad que al perder el formato físico, se pierde. En casa, cuando se quiere escuchar música en condiciones, es coger un vinilo, salvo que haya que buscar algo que no tengas y hay que buscarlo en la red.

Es el signo de los tiempos, y hay que asumirlo.
Sí, y yo tampoco me pondría triste.

No, si fíjate, en momentos de optimismo pienso que, bueno, si puedo escuchar discos en una tableta y a la vez puedo ir pasando las páginas de un libreto digital bonito y a un buen tamaño, pues tampoco me parecería mal.
Por ejemplo. Eso sería lo ideal. Todo esto remite a una cosa que decía Hardy, que además de productor es un maestro, y decía que todo esto de los formatos tiene que ver con las drogas, no la música en sí, sino los formatos: el elepé servía para tirar encima la marihuana y liarte un joint de puta madre, y los cedés servían para hacerse rayas de cocaína. Bien, pues ahora a lo que vamos, que es la nada, servirá para meterse pastillas, porque, joder, ¡no queda otra! ¡La industria es responsable de mucha drogadicción!

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