Red Hot Chili Peppers: Ocaso y reinicio

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«Pese a tratarse de una banda siempre compuesta por fuertes personalidades, el guitarrista del momento siempre ha influido en el sonido del grupo de forma mayúscula. Y no hablamos de una cuestión de estilo, sino de dirección»

Por segunda vez, John Frusciante abandona a los Red Hot Chili Peppers, lo que provocará un inevitable pequeño terremoto interno en el seno del grupo. Juanjo Ordás recuerda algunos episodios relacionados con las turbulencias internas de la banda.


Texto: JUANJO ORDÁS.


Banda puntera de universo revuelto. Los Red Hot Chilli Peppers estaban habituados a ello, pero desde hace diez años gozaban de una estabilidad que ahora se rompe con la segunda salida del grupo de John Frusciante. En su día soportaron la muerte de su guitarrista Hilell Slovak, siendo sustituido por John Frusicante. Junto a este firmaron el demoledor “Blood sugar sex magik”, disco que les catapultó hacia el éxito masivo. Poco después y en plena gira, Frusciante abandonaba el barco y era sustituido por distintos guitarristas para sacar adelante giras clave (como el festival alternativo Lollapalloza). El reemplazo definitivo llegó con Dave Navarro (Jane’s Addiction), con quien registraron el fenomenal “One hot minute”, giraron y se mantuvieron en la cresta de la ola como el grupo alternativo de moda. Pero Navarro acabó saliendo de la banda y el grupo guardó silencio durante casi cuatro años.

Desde luego, el éxito inicial de Red Hot Chili Peppers se hizo acompañar de verdaderos terremotos, presiones y adicciones. Pero toda esta debacle sería reordenada y puesta a punto. En 1998 el vocalista Anthony Kiedis superó su adicción a las drogas duras, al igual que un rehabilitado John Frusciante. Y es que, mientras los Red Hot Chilli Peppers peleaban por su vida en el mercado musical, Frusciante hacia lo mismo aunque a otro nivel. Desde que abandonara la banda en 1992, el guitarrista había estado perdiendo su cordura en compañía de los estupefacientes. Ahora, con la mente más o menos en su sitio, no dudó en aceptar la oferta de regresó por parte de sus antiguos compañeros. Era hora de volver a reinar.

Esta segunda etapa con John Frusciante de nuevo a las seis cuerdas estuvo marcada por la estabilidad y el éxito aún más masivo con Rick Rubin como productor de confianza. “Californication”, el disco de regreso, vino precedido por el single ‘Scar tissue’, un toque de atención en forma de melancólico medio tiempo. El grupo más divertido del planeta había madurado, la voz de Kiedis sonaba más grave y madura, el vitalismo del bajo de Flea y la batería de Chad Smith se contenían y Frusciante regalaba unas acústicas y un slide irresistible y evocador. Sí, “Californication” fue un disco para todos los públicos. Los arrebatos se dejaban a un lado, se profundizaba en la instrumentación, se meditaban los recursos y se ejecutaba con más corazón que nervio. Y también con cabeza: El funky de quilates se mostraba más digerible, e irrisistible-, que nunca (‘Around the world’, ‘Get on top’) y los temas más lentos eran carne de MTV (‘Other side’). Pese a su comercialidad, “Californication” era un muy buen disco, en el que cada componente contribuía con sapiencia, aunque ese interés por profundizar dentro de sí mismos buscando una salvaje espiritualidad parecía provenir de un John Frusciante que en escena no solo resultaba exultante, sino que parecía un chamán.

Y es que, pese a tratarse de una banda siempre compuesta por fuertes personalidades, el guitarrista del momento siempre ha influido en el sonido del grupo de forma mayúscula. Y no hablamos de una cuestión de estilo, sino de dirección. Con Slovak el funky, con Frusciante un desarrollo hacia un sonido híbrido entre el funk y el rock, y con Navarro el rock psicodélico y espiritista de los Jane’s Addiction. Siempre siguiendo la batuta del guitarra. Ahora el segundo advenimiento de Frusciante impondría con un barniz de aperturas musicales casi infinito.

Si “Californication” había abierto mercado y contentado parcialmente a sus seguidores de toda la vida, “By the way” creó una brecha entre la vieja y la nueva guardia. Frusciante toma el control musical y Anthony Kiedis está enamorado, lo cual implicó canciones de cuidadas texturas por parte del primero y sedosas armonías por parte de ambos. El funk se reduce a la mínima expresión, el bajo de Flea pierde protagonismo y la dictadura de la melodía se impone. “By the way” fue un nuevo éxito gracias a sus singles, pero no es precisamente un trabajo de escucha fácil. Sí, todas sus canciones son radiables, incluso las más movidas son acarameladas (‘By the way’, ‘Throw away your television’), pero escuchar el disco de un tirón puede resultar una experiencia demasiado azucarada. La única forma de encararlo es hacer parada en cada canción de forma independiente, disfrutar de las perfectas melodías ( ‘The Zhepyr song’), delicadeza (‘Universally speaking’), claroscuros (‘Don’t forget me’, ‘This is the place’) y brillo (‘By the way’) de un disco excesivamente edulcorado que puede llegar a saturar.

El antaño caótico Frusciante se mostraba como un músico más seguro que nunca en sí mismo, arreglando canciones con una maestría única por mucho que se le fuera la mano con el raso romanticismo. Teniendo en cuenta su espíritu artístico, se podría decir que el guitarrista se dejó llevar por la música que deseaba expresar en ese momento, por muy comercial que fuera el producto final ofrecido en bandeja de plata a las masas.

En directo el grupo sigue funcionando a la perfección, razón para grabar las tres noches que tocaron en el Hyde Park de Londres y ofrecer lo mejor de ellas enlatado en “Live in Hyde Park”, su único disco en vivo hasta la fecha, un trabajo crudo, vuelta y vuelta que mostraba el excelente estado de forma de la banda y dejaba claro cuál sería el nuevo paradigma a seguir: Centrarse en sus últimas y popularmente aclamadas obras y dejar de lado la juventud de la banda, maniobra marginal que incluía un tótem del rock alternativo como era “Blood sugar sex magik”, del cual solo se rescatan los hits singles ‘Give it away’ y ‘Under the bridge’.

“Live in Hyde Park” documenta junto a los interesantes DVD “Off the map” y “Live at Slane Castle” la nueva etapa de madurez de Red Hot Chili Peppers, etapa que sería clausurada por su siguiente disco en estudio.

El doble “Stadium arcadium” fue un trabajo ambicioso, no solo por su longitud sino por la cantidad de registros que documenta, una disparidad musical que solo la mano de Rick Rubin podría ordenar con sentido. Esta vez, los temas más lentos y dulces se dinamizaron ganando enteros (‘Tell me baby’, ‘Snow (hey, oh)’), se conservaron las melodías (‘Hard to concentrate’ era hermosa), el funk regresaba aunque domado y precocinado (‘Hump de bump’ o ‘Charlie’ eran simplemente correctas) y, de nuevo, Frusciante se erigía como amo absoluto de los arreglos, con más acierto que en “By the way” y con mucha más energía. Gracias al guitarrista, los límites se rompían una vez más (que grandes coros en la genial ‘Stadium Arcadium’). Ya no se trataba del grupo alternativo más auténtico, ciertamente la banda cedía a sonoridades más amables, pero “Stadium arcadium” concentraba momentos sublimes aunque comerciales. Por abordar, jugaban con un bastardo gospel en la profunda ‘Strip my soul’ y le atizaban con ganas al pop (‘Make you feel better’).

“Stadium arcadium” es un disco doble y largo, que rompe con el pasado para disfrute de las masas, pero se trata de un trabajo notable con momentos sobresalientes. No tiene la energía de “Blood sugar sex magik” pero tampoco se trata de la misma banda. La madurez pesa y aunque el grupo se volviera apto para todos los públicos, es justo reconocerles que con este doble alcanzaron un cenit en armonía, belleza y rock. No es un disco disfrutable desde los prejuicios, simplemente se trata de los Red Hot Chili Peppers como banda popular, cediendo en agresividad y ganando en melodía. La creatividad es una constante a lo largo de ambos CD, con un trabajo encomiable por parte del grupo para dotar a cada pieza de identidad.

No hubo DVD que documentara la gira, aunque sí se emitieron diversas actuaciones por televisión, por lo que resulta sencillo dar con conciertos registrados con muy buena calidad de sonido e imagen. Un ejemplo sería el pirata que recoge la actuación en el festival T in Park o en el Rock in Rio de 2006.

La noticia que recientemente sacudía parte de la actualidad musical es el abandono de Frusciante por segunda vez. El guitarrista lleva fuera de la banda desde hace un año, decidido a trabajar en sus proyectos en solitario. Algo que no tiene mucho sentido, sobre todo si tenemos en cuenta que desde que regresó a los Red Hot Chili Peppers el músico no ha dejado de editar discos en solitario, llegando a sumar una muy interesante discografía de diez trabajos, siete de ellos editados durante su segunda estancia en la banda (muy destacables “To record only water for ten days” y “Shadows collide with people”, por cierto).

El grupo lleva desde hace meses trabajando con el guitarrista John Klinghoffer (PJ Harvey, Perry Farrel) con la intención de editar un nuevo disco en 2010. Lo divertido es que Kilnghoffer es un habitual colaborador de Frusciante en sus escapadas en solitario, incluso tienen un grupo propio llamado Ataxia.

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