Primer ensayo biográfico sobre Los Brincos

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“Los Brincos son a la música moderna hispana lo que los Beatles, los Rolling Stones, los Kinks o los Who a la anglosajona”

El periodista valenciano César Campoy llevaba años detrás de la idea de escribir un ensayo sobre Los Brincos, el considerado unánimemente mejor grupo español de los surgidos durante la década de los 60. Finalmente, el proyecto ha visto la luz bajo la editorial de EFE EME.

Para que nos introduzca en lo que supusieron Los Brincos y nos hable de su libro, Érase una vez Los Brincos y Juan & Junior, hemos charlado con César Campoy.

¿Cuándo descubriste a Los Brincos y empezaste a meterte en su mundo?
Los descubrí desde muy pequeño. Mi madre siempre ha sido una declarada “juanpardista” y crecí escuchando temas como “No me hables”. Un día descubrí que Juan Pardo tenía un pasado musical muy diferente a creaciones suyas como “Bravo por la música”. Mi pasión por los sonidos de los 60 y, más en concreto, por verdaderos héroes ibéricos como Los Sirex, Los Bravos, Los Salvajes, Los Cheyenes, Pekenikes… o valencianos como Los Huracanes, Los Pantalones Azules o Los Milos de Bruno Lomas hicieron el resto.

¿Qué es lo que más te sorprendió musicalmente del grupo?
Lo tenían casi todo: Podían cantar en castellano o en inglés; alternaban baladas y medios tiempos tiernos, con piezas de una contundencia increíble; su conjunción vocal era casi perfecta, y, pese a su juventud, instrumentalmente estaban muy preparados. Los Brincos disponían de una de las secciones rítmicas más capaces de la época. Arbex era un genio de la batería y a Manolo González nunca se le ha reconocido suficientemente su habilidad con el bajo. Sus dos primeros discos son una muestra dignísima de pop, con el tercero incorporan arreglos y variaciones magníficos (“Nadie te quiere ya”, “Big temptation”, “So good to dance”), y en el poco valorado Mundo, demonio y carne alcanzan su cenit interpretativo. Lo más sorprendente de todo es que, además, se trataba de composiciones originales.

A alguien que nunca ha escuchado a Los Brincos, ¿Cómo le describirías su música y significado?
A alguien que quiera descubrir a Los Brincos, lo primero que le diría es que eliminara cualquier tipo de prejuicio de su mente. Las cosas están cambiando, pero, mayoritariamente, existe una especie de analfabetismo cultural con respecto a la mayoría de bandas españolas de los 60. La imagen que se tiene de ellas es la de aquellos grupos que nuestras madres bailaban en los guateques y que años más tarde (desafortunadamente para ellos) se encargó de versionear La Década Prodigiosa, la de unas bandas que hacían música en una época gris de nuestra historia, y poco más. Existe un menosprecio que surge de una especie de complejo de inferioridad con respecto a los grupos anglosajones de aquella época, a los cuales se les trata con más respeto. Es necesario partir de cero y, en el caso de Los Brincos, escuchar sus discos con objetividad, analizando su potencial y su evolución, y siendo conscientes de que dieron un vuelco a una arcaica industria musical española que, a partir de entonces, inició un periodo de modernización indudable. Los Brincos no son tan sólo los de “Un sorbito de champagne” o “Lola”, grandes temas, por otra parte. Son también los de una primeriza y desgarrada “Shag it”, los de las alocadas “I try to find” o “El pasaporte”, los de “Sola”, “You know”, “I don’t know what to do”, “Emancipación” o la brillante “Érase una vez”. Con ellos, el concepto de mercadotecnia comenzó a tener sentido, y gracias a ellos, muchos de los estirados directivos de las casas discográficas comenzaron a confiar en la gran cantidad de conjuntos que llamaban a sus puertas con temas originales.

¿Fue buena la separación, tras grabar el segundo LP, de Juan & Junior para sacar adelante su propio proyecto?
Siempre he dicho que, con la salida de Juan y Junior de Los Brincos, no perdimos una gran banda, sino que ganamos dos excelentes formaciones. La fuerte personalidad de Juan Pardo y Fernando Arbex fue clave para idear un proyecto como Los Brincos, pero, tarde o temprano, esas mismas personalidades acabarían chocando irremediablemente. La situación se había deteriorado mucho y, con el nacimiento de Juan & Junior y de los llamados “Nuevos Brincos”, ambos pudieron seguir dando rienda suelta a su creatividad con mucha más libertad: Juan, desde un punto de vista más melódico y Fernando, desde un punto de vista encaminado hacia la experimentación, además, ayudado por las progresivas incorporaciones de miembros tan importantes como los hermanos Morales y Óscar Lasprilla, que aportaron nuevos aires.

¿Es compatible la música de Juan & Junior con la de Los Brincos? ¿Qué aportaron estos dos?
La historia de ambas formaciones va unida. Sin duda. Les unían vínculos profesionales (compartían sello discográfico) y personales (Ricky y Miguel eran hermanos de Junior). Aparte, la competitividad establecida se convirtió en incentivo clave a la hora de que todos ellos trataran de dar lo máximo. Juan & Junior aportaron en un periodo de tiempo brevísimo una docena de temas (los editados oficialmente) totalmente indispensables para entender el devenir de la música pop española. Con la formación del dúo, sus integrantes dieron rienda suelta a su manera, digamos más tradicional, de entender el pop. Y ahí nos dejaron verdaderos latigazos como “La caza” y “Tres días” o temas de indudable valor compositivo como “Bajo el sol”, “Para verte reír” o “En San Juan”. Además, apuntaron futuras sendas a tomar por sus componentes. Que se lo pregunten a Juan Pardo y su “Anduriña”.

¿Las aventuras internacionales del grupo fueron un espejismo o tuvieron repercusión en los países en los que se lanzaron sus discos?
No fueron los primeros en cruzar los Pirineos para tratar de curtirse musicalmente, pero sí fueron pioneros a la hora de tratar de presentar un producto musical hispano en mercados tan desarrollados como el anglosajón, el galo o el italiano. Su segundo disco lo grabaron en Milán y, al inglés, añadieron nuevas lenguas en su repertorio: el francés y el italiano. Con la salida de Juan y Junior, Arbex tomó las riendas y se obsesionó por conquistar el mercado británico. Para ello contrató los servicios de Larry Page (The Kinks, The Troggs) y Los Brincos grabaron en Londres. No obstante, la repercusión obtenida en Europa no es comparable a la que, poco tiempo después obtendrían Los Bravos. Contadísimas actuaciones en alguna televisión inglesa e italiana, varias reseñas en revistas especializadas y ediciones especiales de algunas de sus canciones es todo lo que consiguieron. Los Brincos eran muy suyos y no solían dejarse asesorar por nadie, al contrario de lo que ocurrió con Los Bravos. Por si esto fuera poco, mientras los de “Black is black” contaban con los servicios de Alain Milhaud, Arbex y los suyos nunca tuvieron mucha suerte con los innumerables managers que se encargaron de gestionar su carrera.

¿Te parece lógico que el tuyo sea el primer libro que se publica sobre ellos?
El mercado hispano de la música ha vivido, durante décadas, una situación anormal, en lo que a bibliografía en torno a artistas de los 60 y los 70 se refiere, pese a las contadas pero valiosísimas aportaciones de periodistas, músicos o coleccionistas (José Ramón Pardo, Salvador Domínguez, Vicente Font…), reflejadas en obras como La música de tu vida o Bienvenido, Mr. Rock…, ha existido una escasez de obras que centraran su atención, específicamente, en algunas de las formaciones más determinantes de la historia musical española moderna. No era muy normal que no existiera un estudio básico sobre la obra de Los Brincos, como tampoco era normal que no lo existiera sobre Los Bravos, hasta hace poco más de dos años (el desarrollado por Guzmán Alonso). Creo que las nuevas generaciones de aficionados a la música, que han descubierto a muchos de esos artistas libres de prejuicios, están jugando un papel importante a la hora de llenar un vacío importante. Sin ir más lejos, el joven periodista Fernando Díaz acaba de publicar un merecido homenaje a Los Ángeles.

¿Qué se va a encontrar el lector cuando se adentre en Érase una vez Los Brincos y Juan & Junior?
Sería injusto no reconocer la labor desarrollada por profesionales, tanto en referencias bibliográficas como las antes mencionadas, como en numerosos artículos publicados en prensa o Internet, series específicas de televisión, o en los incontables espacios radiofónicos de calidad, pero en este libro, quien se quiera acercar a la figura de Los Brincos, o quien quiera refrescar su memoria, va a encontrar información suficiente como para saber cómo se gestó la banda, qué supuso su escisión, cómo evolucionó su sonido y la relación entre los miembros del conjunto, cómo se gestaron sus grabaciones y qué fue de sus componentes una vez finiquitados Los Brincos. Por primera vez, toda esa información, apoyada en declaraciones de los propios protagonistas e interesante material de hemeroteca, ha quedado reflejada en un solo volumen, acompañado de toda su discografía, concretada hasta el último detalle.

¿Cómo te planteaste la labor de investigación para escribir el libro?
Contaba con una base: un extenso artículo que escribí, hace unos años, para EFE EME. Desde entonces, mi pasión por Los Brincos ha hecho que siguiera investigando en torno a ellos y fuera acumulando nuevos datos. La contada información existente sobre el devenir del grupo pude completarla con numerosas y largas (pero fructíferas) visitas, tanto a la hemeroteca, como a mi discoteca y a la de algunos amigos sin cuya colaboración, no hubiera sido posible concretar algunos datos. Por otra parte, tuve la suerte de poder contar con el testimonio directo de varios de los integrantes del grupo. Con todos ellos pude charlar largo y tendido, además de llevarme alguna grata sorpresa al comprobar que, pese a la leyenda que siempre ha circulado en torno al hermetismo de Juan Pardo sobre Los Brincos, su disponibilidad fue absoluta. Lo mismo puedo decir de Miguel Morales y de un Manolo González cuyo testimonio se me antojaba crucial, ya que es el único miembro que permaneció en Los Brincos, desde su gestación, hasta su disolución, que permanece con vida. Su accesibilidad ha sido absoluta y su colaboración, hasta unos días antes de entregar el texto, total y definitiva. Todos ellos me ayudaron a aclarar diversas dudas e históricos rumores. Era básico contar con información de primera mano que evitara posteriores malentendidos o polémicas. Es posible que el lector no se encuentre ante un libro biográfico-musical al uso. En ese sentido, imagino que por deformación profesional, he pretendido darle un tono eminentemente periodístico, basado en datos concretos y declaraciones objetivas.

De los hechos que cuentas en Érase una vez sobre la historia de las dos formaciones, ¿cuál te parece a ti el más destacable, el más sorprendente?
Adentrarse en la historia de Los Brincos, cuando se tiene una idea predeterminada sobre ellos, ya es una sorpresa. Me quedo con la evolución profesional de Juan y Fernando, y también con la figura del “brinco” menos conocido, Manolo. Quien desconozca la última etapa del grupo disfrutará sabiendo cómo se gestó Mundo, demonio y carne y descubriendo algunas grabaciones prácticamente desconocidas como “Sol en julio”, “Apolo” (todo un logro de González) o “La fuente”. Por supuesto, recomiendo la lectura de este libro mientras se escucha, de fondo, la discografía completa del grupo. Yo lo he hecho, en más de un centenar de ocasiones en los últimos años, y todavía sigo sorprendiéndome con este arreglo o aquellos coros.

Por último, ¿qué lugar crees que ocupan en la historia del pop español tanto Los Brincos como Juan & Junior?
Conforme pasan los años, surgen nuevos artistas jóvenes que reivindican su importancia en la historia de la música española, pese a que todavía no se les ha tributado, a un nivel masivo y serio, el reconocimiento que merecen. Objetivamente, su trascendencia, como ya he explicado, es clara. Bajo mi punto de vista, teniendo en cuenta su potencial compositivo e interpretativo, su evolución, y, en resumidas cuentas, su facultad para revolucionar la anquilosada industria musical de la época, Los Brincos son a la música moderna hispana lo que los Beatles, los Rolling Stones, los Kinks o los Who a la anglosajona.

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