Orquesta Akokán, de Orquesta Akokán

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DISCOS

«Respira el encanto y la exquisitez de aquellas formaciones prestigiosas de mediados del siglo XX»

 

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Orquesta Akokán
Orquesta Akokán
DAPTONE, 2018

 

Texto: EDUARDO TÉBAR.

 

La publicidad que inundaba el primer número de la revista EFE EME, hace justo veinte años, revela que la fiebre finisecular de la música cubana rebasó lo anecdótico. Entre Buena Vista Social Club, Afro-Cuban All Stars, las Estrellas de Areito y un añoso Rubén González se despachaban unos 60.000 ejemplares por temporada en España. Eran otros tiempos, ya lejanos y borrosos: un espejismo que hoy resulta tan inverosímil como las gestas del último dipsómano en la esquina del bar. Por eso fascina un lanzamiento tan ambicioso y anacrónico como el de la Orquesta Akokán. Sin escatimar en medios, este álbum homónimo es una apuesta de la casa Daptone, garante de la mejor música negra en el mercado internacional, sobre todo si hablamos de soul. Akokán es una palabra yoruba usada por los isleños para definir lo que sale del alma, lo que emana del corazón. Así que no debe extrañar esta entrada a lo grande del sello de Brooklyn en la tradición afrocubana.

Grabado durante tres días en noviembre de 2016, en los históricos estudios Areito de La Habana, y en el mismo salón en el que registraron sus canciones Arsenio Rodríguez, Pérez Prado y Benny Moré, el disco de la Orkesta Akokán respira el encanto y la exquisitez de aquellas formaciones prestigiosas de mediados del siglo XX. Detrás del milagro está la mano del arreglista Michael Eckroth. Conectado con la comunidad de músicos latinos de Nueva York, cuando entró en la caverna de Centro Habana, con el petate lleno de partituras, se encontró un grupo de postín ensamblado por el productor Jacob Plasse (capo de Chulo Records, etiqueta latina distribuida por Daptone, y tresero para la ocasión). Un combo que incluye a las más feroces y experimentadas figuras de viento y percusión de Cuba, en diálogo con los jóvenes procedentes de los garitos neoyorquinos.

En los cuarenta y los cincuenta, una fértil contaminación rítmica sacudió el Caribe. La Orquesta Akokán bebe de aquellas aguas. Y reivindica el papel que jugó en esta sonoridad la incorporación de los metales, en especial los saxos, con una sección aquí originaria de Irakere. También hay percusionistas de NG La Banda. Y cuentan con el lujo del piano de César “Pupy” Pedroso (“Cuidado con el Tumbador”), de Los Van Van. Todos ellos reclutados y liderados por el exuberante vocalista José “Pepito” Gómez, heredero del Benny y autor de la crónica callejera que relatan maravillas como “La corbata barata”, “Un tabaco para Elegua” o “Yo soy para ti”. Abundancia de mambo, sin renunciar a rumba, la guaracha, el chachachá y el coqueteo con el jazz latino. La orquesta emplea todos los elementos que antaño apestaban a ron: el tres armonioso, el swing melódico de las congas, la explosión de trompetas… Pero introducen audacias: un saxofón tocado por montunos donde se espera un piano o una improvisación vocal típica de la salsa dura de los setenta. La Habana y Nueva York en un trabajo colosal. Nueve piezas que saben a clásico. Un cancionero que mira al pasado para guiar el futuro.

 

 

Anterior crítica de discos: Simulation theory, de Muse.

 

 

 

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