Operación rescate: «Contrabando», de Los Brincos

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«Presenta al grupo en plena evolución, más endurecidos musicalmente que en la etapa anterior y coqueteando con la psicodelia musical»

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Los Brincos
«Contrabando»
NOVOLA/ZAFIRO, 1968

 

Texto: JUAN PUCHADES.

 

¡¿Los Brincos?! ¡¿Quién coño son Los Brincos?! Se preguntará el lector más joven, el más desmemoriado o el que no conozca la historia del pop español. Para ellos, decir, de forma sucinta, que fue el único grupo español que por canciones, actitud y sonido pudo tutearse durante unos años con los Beatles. Tutearse, sí. ¿Que no? Créanme. O, mejor, escuchen los discos originales, en orden cronológico y situándolos en la escena internacional del momento.

En 1967, y tras dos álbumes, Los Brincos se rompieron, Juan Pardo y Junior Morales abandonaron el barco para formar el dúo Juan & Junior, que solo dejaría un elepé (¡pero qué disco!). Al frente de la nave, y tratando de evitar el naufragio, siguieron el bajista Manuel González y, esencialmente, Fernardo Arbex, batería, vocalista y compositor erigido en líder absoluto y decidido a, desde el puente de mando, presentar batalla a la carismática pareja que había huido. Reclutó a nuevos músicos (entre ellos, ¡dos hermanos del fugado Junior!) y se lanzó a grabar: montones de singles y dos elepés, «Contrabando» (1968) y «Mundo, demonio y carne» (1970). El último, por aquello de ser álbum conceptual y avanzado del progresismo local, ha sido levemente mitificado, mientras que «Contrabando» ha quedado como emparedado entre las dos etapas del grupo, algo ensombrecido. Y no lo merece.

Y no lo merece porque «Contrabando» presenta al grupo en plena evolución, más endurecidos musicalmente que en la etapa anterior y coqueteando con la psicodelia, aspectos en los que, muy probablemente, tuvo bastante que ver Larry Page, productor de los Kinks y los Troggs, que en los londinenses estudios del sello Pye les dio nuevas alas.

Contemporáneo del «Álbum blanco» de los Beatles, aquí nadie podía permitirse tales desfases y había que moderarse, especialmente en los textos: los asuntos lisérgicos quedaban para el ámbito privado y bastante es que Los Brincos pudieran colar en este elepé ese ‘Pequeño pájaro’ que tiene que hablar de libertad y de un mundo mejor. Por ese lado, y mientras los Beatles evolucionaban y crecían hasta lo inimaginable, los madrileños iban perdiendo la partida de la igualdad: jugaban con desventaja en ese páramo para la inteligencia y la cultura pop que era nuestro país.

De aquellas sesiones londinenses, saldrían gemas pop como ‘Lola’, que fue un hit en su momento; la inconmensurable ‘Un mundo diferente’, en la que prueban nuevas sonoridades y una letra más compleja de lo habitual, con su cuota de idealismo utópico incluido; una pieza instrumental como ‘Contrabando’, que es todo un ejercicio de estilo; ese acelerado ‘El pasaporte’, relato de amor imposible con una menor, con un insistente y duro riff de guitarra que se torna psicodélico en el solo; o la pequeña epopeya sonora que es ‘Nadie te quiere ya’; sin olvidar la gran ‘Soy como quiero’. Por el lado de los temas en inglés, ya que era habitual que Los Brincos incluyeran canciones en ese idioma, destaca la prodigiosa ‘Soo good to dance’.

Es «Contrabando» un disco bien armado, compacto, no la obra maestra que algunos han querido ver (¿quién está dispuesto a renunciar a los dos primeros elepés? ¡Yo no!), pero sí la gran obra de la segunda etapa, antes de que Arbex desparramara con «Mundo, demonio y carne» y se reinventara como cerebro en la sombra de Barrabás (su primer álbum también merece una «Operación rescate»).

 

Anterior entrega de Operación rescate: “El Baile de la desesperación”, de 091.

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