Obama y Bruce: dos cabalgan juntos

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COMBUSTIONES

«Más genuina, más auténtica, más interesante y desgarrada de lo que uno podría imaginar»

 

Julio Valdeón escucha con interés las primeras conversaciones que han mantenido Bruce Springsteen y Barack Obama para un podcast de Spotify titulado Renegades: Born in the U.S.A. Un jugoso mano a mano que aborda en sus siempre honestas «Combustiones».

Una sección de JULIO VALDEÓN.

 

Desde que Bruce Springsteen abrió para el entonces candidato Barack Obama, en la campaña a las elecciones de 2008, el mito de Freehold y el futuro presidente nacido en Hawái forjaron una amistad que dura ya más de una década. Convocada por Spotify, la pareja ha mantenido una serie de conversaciones delante de un micrófono. Aunque este tipo de charlas generalmente degeneran en una suerte de masaje a cuatro manos, véase por ejemplo las entrevistas de David Letterman en Netflix, lo de estos dos es otra cosa. Más genuina, más auténtica, más interesante y desgarrada de lo que uno podría imaginar. Quizá porque el interés de estos dos por la forja de América, por las cuestiones esenciales que apelan a la historia y los mitos nacionales, está íntimamente relacionada tanto con sus historias personales como con la intención y el fruto de su trabajo.

En los dos primeros capítulos, los que he podido escuchar, el rockero y el político arrancan por el principio, Nueva Jersey y Hawái, por el hijo del hombre incapaz de mantener un trabajo, en una pequeña ciudad industrial, y por el niño nacido de un matrimonio interracial. Casi inmediatamente aterrizan en el asunto de la raza. El pecado original del país y, al mismo tiempo, la semilla del melting pot. Springsteen, alumno aventajado de Smokey Robinson, Sam & Dave, James Brown y Chuck Berry, entre otros, ha cohabitado con la contradicción de que su música, tan influenciada por el rhythm and blues y el soul, no interesaba al grueso de la población afroamericana. A pesar de que la E Street Band fue, originalmente, una banda mixta al cincuenta por ciento y de que uno de sus pilares, Clarence Clemons, era un arrollador y carismático hombre negro que tocaba como un demonio y era un digno heredero de King Curtis.

En un momento dado, lo comenta Springsteen: «No podías ser un adolescente en los sesenta y no ser consciente de que la raza era el asunto fundamental del momento. En América, ya sabes, amábamos a los negros y a los morenos cuando nos entretenían, pero cuando querían vivir a nuestro lado entonces seguíamos siendo una sociedad tribal. Es parte de nuestra tragedia, que continúa, obviamente, hasta el día de hoy, y dudo que haya sido un tema más esencial que en este mismo momento (…). Para hablar de raza tienes que hablar de tus diferencias. Tienes que hablar, eh, hasta cierto punto, la … eh … de deconstruir el mito del crisol razas, que nunca ha sido fundamentalmente cierto. Tienes que admitir que gran parte de nuestra historia ha sido violenta, violena y dirigida contra la gente de color».

Resulta particularmente emocionante cuando la productora inserta extractos del histórico discurso de Obama en el aniversario de Selma. «Respetamos el pasado, pero no suspiramos por el pasado. No tememos al futuro; lo abrazamos. Estados Unidos no es algo frágil. Somos grandes y, por decirlo con palabras de Whitman, «contenemos multitudes»». Un diálogo que merece muchísimo la pena, con un reguero rojo/sangre, el de miles de víctimas machacadas por las leyes Jim Crow y el fantasma del racismo, y una fe irrompible, tan propia de los estadounidenses, en la capacidad de la república para reconocer sus fallos y aproximarse a la mejor versión de sí misma.

Anterior entrega de Combustiones: Los Metales Preciosos de Charlie Sánchez.

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