Miguel Ríos: 12 aproximaciones

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Miguel Ríos<br /> 12 aproximaciones

Hace 45 años, en 1962, Miguel Ríos grababa su primer EP, cuatro canciones bajo el atrevido nombre genérico de El Rey del Twist. Desde entonces ha llovido mucho y hemos visto a Miguel Ríos, nuestro primer rockero, el pionero, pasar por diferentes etapas, dejando atrás para siempre aquella imagen de ídolo rockero que cantaba éxitos foráneos, viajando del hippismo al rock urbano, de éste al rock de estadios, de ahí a los teatros, luego encontrándose con el blues o el jazz… Miguel Ríos es un caso excepcional en el rock español, un cantante formidable y un ejemplo para muchos. Cada día más reivindicado, la antología 45 canciones esenciales-Antología audiovisual, nos aproxima de nuevo a su dilatada carrera.
Sobre la obra de Miguel Ríos, poco analizada –y generalmente menos comprendida–, nos parecía que era donde debíamos incidir en esta ocasión. Aproximándonos a una docena de álbumes imprescindibles para aquellos que quieran conocer los hitos esenciales de su discografía. Son doce discos que pueden dar una idea cabal de la senda recorrida por Miguel Ríos desde que pudo elegir su camino.


Texto: JUAN PUCHADES.

Mira hacia ti
Hispavox, 1969

Tras foguearse desde 1962 en un buen número de singles y EPs (la mayor parte de ellos localizables en CD en los discos de Rama Lama, Mike Ríos: Sus mejores EP’s y Miguel Mike Ríos: Todos sus EP’s para Philips), Miguel Ríos se estrena en formato grande en la factoría musical Hispavox a las órdenes de ese mago de la producción que fue Rafael Trabucchelli y, detalle básico, eligiendo el repertorio e implicándose como autor: Ríos ya no es aquel joven Mike que cantaba exclusivamente adaptaciones de éxitos foráneos.
Mira hacia ti, destacado en su día por EFE EME como uno de los 100 mejores discos del pop español, respira hippismo y dejes de psicodelia, de pop con mayúscula de principio a fin: grandes arreglos y aparatosas orquestaciones debidas al talento del enorme Waldo de los Ríos, un músico argentino de formación clásica que supo aplicar sus particulares conocimientos al pop. Mira hacia ti deja algunas canciones que hay que situar entre las mejores de aquellos años: «Vuelvo a Granada» (del propio Miguel), «Yo sólo soy un hombre» (de Fernando Arbex), «No sabes cómo sufrí» (María Ostíz), «Mi vida fue» (de Miguel y Trabucchelli).
A destacar la voz de un Miguel Ríos, que pese a su inmadurez, comienza a mostrar lo que vendrá.
Un disco canónico del pop español que, inexplicablemente, no ha sido reeditado en CD.

Conciertos de rock y amor
Hispavox, 1972

Tras haber conocido el éxito mundial –sí, como suena: Mundial– con el «Himno de la alegría», haber publicado un LP para Estados Unidos en el sello A&M (A song of joy), y otros dos para España, también altamente recomendables (Despierta, 1970; y Unidos, 1971), y algunos singles –todo este material, continuista de la línea abierta en Mira hacia ti–, Miguel inicia una de las aventuras más arriesgadas de su carrera: Ofrecer una serie de shows en compañía de una gran banda (con sección de metales calientes) bajo el clarificador nombre de Conciertos de rock y amor, en los que lo audiovisual (algo nunca visto por estos pagos) forma parte esencial del espectáculo. Son conciertos de puro hippismo pacifista, con largas parrafadas en escena por parte de Miguel, con intesidad rock y soul, fundiendo algunas de sus canciones más recientes con temas clásicos del rock e himnos pacifistas anglosajones. Lógicamente, la autoridad (in) competente de la dictadura, suspende la fiesta. Pero uno de los conciertos madrileños ha quedado grabado y ve la luz en disco (lástima que no haya testimonio audiovisual de estos conciertos). El valor de este LP es, esencialmente, el de tomarle el pulso al directo de Miguel en aquella época. Al tiempo, es el primer testimonio de algo que será esencial en su carrera: Tratar de organizar espectáculos en vivo que ofrezcan algo más que sólo música en directo, que el espectador que paga una entrada tenga la sensación de haber asistido a algo único.
En España, y en esos años, no se celebrarán conciertos como estos: Miguel Ríos andaba muchos pasos por delante.

Memorias de un ser humano
Hispavox, 1974

Tras los Conciertos de rock y amor, Miguel Ríos es detenido por consumir hachís. Pasa un mes en la enfermería de la cárcel de Carabanchel y, a su salida, entiende que este país no está para bromas y él resulta una figura demasiado visible. Además, no cuenta con el apoyo de la discográfica: Se ha convertido en una artista incómodo para Hispavox. Es evidente que Miguel no quiere ser lo que ellos quieren que sea y no resulta en absoluto dócil para un sello acostumbrado a facturar éxitos sin que nadie replique demasiado.
Desaparece un tiempo y transcurren tres años sin registrar un LP de estudio, hasta que en 1974 llega la despedida de la discográfica. Y Miguel dice adiós a lo grande, grabando un disco para nada comprensible para los directivos de la época (ni mucho menos para el público). Y es que Memorias de un ser humano es, en esencia, un álbum de rock progresivo y el más claro antecedente de eso que un tiempo después conoceremos como Rock Urbano (sí, aquel que practicaban Topo o Asfalto). Un trabajo autoproducido, denso en su planteamiento, en el que se anticipa el deterioro urbano, la contaminación, la polución, la soledad del urbanita…
En el apartado musical cuenta con la colaboración de músicos como el batería Bob Thackway, los sintetizadores de Teddy Bautista, la guitarra de Johnny Galvao, la percusión de Tito Duarte… Miguel se aleja claramente de los planteamientos habituales de Hispavox y reúne un equipo con el que sintoniza. Además, compositores como José María Guzmán (de Solera y Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán. Suya es la fantástica «Desde mi venta», una de las piezas clave de este álbum) y el argentino BB Muñoz (que fue de los primeros rockeros de aquel país en instalarse en España) colaboran componiendo. Con todos estos mimbres sale un disco ambicioso, con un sonido original y novedoso. Callejero. Quizás aquí esté la semilla de lo que podríamos llamar rock de autor español. Una vez más, Miguel se adelanta a su tiempo.
Si me apuran, diría que Memorias de un ser humano es mi disco favorito de Miguel, pues aquí están todas sus constantes: producción elaborada, cuidada selección de temas, historias humanistas y urbanas desde una óptica hippy, rock, soul, pop, grandes baladas y una voz que no tiene igual, pletórica de matices, versátil, tan apta para el rock como dotada para los medios tiempos.
Memorias de un ser humano da inicio a una trilogía que, en cada entrega, se enroca más, se hace menos fácil: La huerta atómica, 1976 (una especie de ópera-rock, antinuclear, antiimperialista) y Al-Andalus, 1977 (un alegato andalucista y político, situándose ideológicamente casi al lado del PCE). Estos tres discos conforman el periodo más oscuro de su carrera, pero, precisamente por ello, resultan básicos para comprender en toda su extensión el camino andado. Y para hacerse una idea de por dónde iba Miguel Ríos en aquellos años, destaquemos que los dos últimos fueron las primeras producciones que entregó a su nueva discográfica, Polydor. No era esa, desde luego, la mejor forma de hacer amigos. Pero eso iba a cambiar con su próximo disco.
Estos tres álbumes se pueden encontrar en el doble CD del sello Rama Lama De Memorias de un ser humano a Al-Andalus. Historia de una búsqueda.

Los viejos rockeros nunca mueren
Polydor, 1979

Miguel Ríos, sin obviar los argumentos de estos últimos años, da un giro a su carrera en su nueva entrega, Los viejos rockeros nunca mueren, intentando hacer más asequible su propuesta, buscando de nuevo el formato de canción estándar y el disco abierto, dejando atrás las experiencias temáticas. Esta es una nueva etapa, caracterizada por el trabajo junto al productor chileno Carlos Narea: El sonido se abre, deja más espacio aunque esos aires progresivos que han definido la trilogía maldita siguen estando ahí.
Recuerda Miguel, como tantas veces ha hecho a lo largo de su trayectoria, el rock de sus primeros días, en canciones como la titular (con letra propia y música de Juan Cánovas, de Franklin y Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán) o la demoledora versión de «Rey del rock». Además, continúa la profundización en las historias urbanas («Crónicas ciudadanas», de Miguel y un joven Javier Vargas, luego líder de la Vargas Blues Band) o ese trallazo que es «Un caballo llamado muerte» (también de Ríos y Vargas), uno de los primeros avisos en forma de canción que escuchamos alrededor de la heroína y sus consecuencias.
La oscuridad ha pasado, Miguel suena de nuevo en la radio, se pone en el punto de mira y la gente hace suya la frase que titula el álbum. Una de esas expresiones coloquiales que hoy, casi 30 años después, sigue siendo habitual en nuestro idioma. Aquel verano, Miguel vuelve a la carretera, poniendo en pie la gira La noche roja, en la que le acompañan Tequila y Triana. Por primera vez vemos en nuestro país un rayo láser en escena…
Reeditado por Universal en CD en 2005.

Rocanrol bumerang
Polydor, 1980

Un año más tarde, y asentado en el éxito de Los viejos rockeros, Miguel se permite una superproducción (de él mismo, Carlos Narea y Tato Gómez) que va a estar encabezada por una gigantesca balada escrita por el argentino Roque Narvaja (que, huyendo de la dictadura militar, se había instalado en Madrid): «Santa Lucía». Una canción hoy muy quemada de tanto que se ha escuchado, pero que sigue resultando hermosísima, aunque la historia que en ella se cuenta no sea muy comprensible. Es, sin duda, uno de los grandes clásicos del pop español.
Pero Rocanrol bumerang contenía más clásicos, de hecho, está plagado de ellos: «Nueva ola» (un guiño a los nuevos tiempos musicales y a la década recién inaugurada), «Lua Lua Lua» (tema de Miguel escrito para su hija), «La ciudad de neón» y «Rocanrol bumerang». Además, empieza a vislumbrarse una de las próximas constantes en la obra de Ríos: el cambio de milenio y unas ciertas teorías espirituales-espaciales-cósmicas que aquí dejan «El sueño espacial».
La producción de Rocanrol bumerang hoy suena excesivamente «años 80», pero en su día fue todo un hito, además del disco que catapultó a Miguel al éxito masivo, como nunca antes había conocido en nuestro país; «Himno de la alegría» al margen.
Reeditado por Universal en CD en 2005.

Rock & Ríos
Polydor, 1982

Tras haber grabado Extraños en el escaparate (1981), un álbum que sigue la senda abierta en Rocanrol bumerang, y estar en la cima, Miguel Ríos planea una nueva gira, que pueda ir a campos de fútbol, algo así como lo nunca visto en el rock español. Y para ello, lo primero que hace es registrar un doble disco en directo, que llevará el mismo título que el consiguiente tour: Rock & Ríos.
Grabado en Madrid en marzo de 1982, con el mismo equipo de los anteriores álbumes (Ríos, Narea, Gómez) y con una potentísima banda que suena como un cañón, Miguel repasa en escena los grandes momentos de su carrera, aunque incidiendo especialmente en el material de sus más recientes producciones y, detalle que le honra, abriendo la mano a músicos contemporáneos como Moris, Tequila, Leño o Topo, interpretando un set con éxitos de ellos. Los inéditos «Bienvenidos» y «Blues del autobús», un rock y una balada, son los caballos de batalla que impulsan el éxito de un disco que prácticamente cualquier joven de la época escuchó en tiempo real. Uno de esos álbumes que trasciende lo meramente discográfico para ubicarse en el terreno del fenómeno social; Rock & Ríos es uno de los hitos incuestionables de la historia de nuestro rock.
Reeditado por Universal en CD y DVD.

El año del cometa
Polydor, 1986

Subido en su propia ola, en 1983 llega El rock de una noche de verano (en el que por primera vez Sabina colabora con Miguel), en la estela de lo realizado hasta ahora y con el trío productor habitual en la dirección; y en 1984, Ríos y Narea producen La encrucijada, otra buena colección de canciones (versioneando incluso a Silvio Rodríguez, Charly García y Alejandro Lerner). Son trabajos interesantes, pero, en general, aquejados de un cierto continuismo. Y es que el inquieto Miguel, muy probablemente, iba acelerado, a mil por hora, grabando un disco por año y enlazando giras, sin tiempo para grandes reflexiones. Pero en 1985, la gira Rock en el ruedo (que dio lugar a un LP recopilatorio, con el inédito que titulaba el espectáculo) tiene que suspenderse por problemas diversos, lo que da tiempo a que este superviviente de mil batallas pueda parar y, lo más importante, dar un giro de timón y reinventarse una vez más.
Miguel es culo inquieto y lleva demasiado tiempo asentado en el mismo sonido, así que recurre a un productor guiri, Tom Dowd, y busca nuevos rumbos musicales pidiendo la colaboración de creadores que, en principio, podrían parecer ajenos a él, como los hermanos Auserón, que le entregan la poderosísima «El ruido de fondo», la canción que abre este El año del cometa que también trae la extraña unión, aunque funciona perfectamente, de Antonio Vega musicando una letra de Joaquín Sabina en «Aprendiendo a vivir». Además, «Latinoamérica» deja constancia de la fascinanción habitual que los españoles sentimos al encontrarnos con aquellas tierras por vez primera y a la que Miguel no es ajeno: Ha recorrido el continente con su directo, cosechando un notable éxito en México.
Miguel celebra sus veinticinco años en la música (deja constancia de ello en «Todo se lo debo al rock and roll») y logra una vez más dar el necesario salto: No hay duda de que este es un disco plagado de programaciones ochenteras, como en entregas anteriores, pero suena más contemporáneo –aunque moviéndose siempre en patrones de rock clásico–, la elección de las canciones parece más meditada y escuchar su voz en temas como «El año del cometa» o «Latinoamérica» resulta un auténtico placer.
Reeditado en CD por Universal en 2005.

Miguel Ríos
Polydor, 1989

Miguel Ríos dedica 1987 a poner en pie la serie televisiva sobre la historia del rock español ¡Qué noche la de aquel año!, en la que se codea con casi todos los protagonistas de la misma. Se le criticó enormemente por este proyecto (en aquellos años, atacar a Miguel era de lo más habitual: En España es deporte ir a por el que triunfa. Y él arrasaba), pero hoy merecería ser editada en DVD, pues se trata de un documento único, de enorme valor. En su momento, de allí salieron dos dobles álbumes que, ay, pese a resultar fundamentales nunca se han reeditado en CD (una visita a tiendas de vinilo, quizás sirva para dar con ellos).
En 1989, Miguel, el rockero que parece no querer instalarse musicalmente demasiado tiempo en el mismo sitio, prueba sonidos, busca nuevas vías. Ahora en compañía de los productores Antonio García de Diego –viejo amigo de Miguel desde los años 70 y actual colaborador habitual de Sabina– y Luis Fernández Soria, con los que realiza su mejor disco en mucho tiempo. Un álbum titulado simplemente con su nombre, importante porque nos descubre al Miguel Ríos que vendrá años después, fascinado por el swing y las posibilidades que éste le ofrece a su voz.
Y así, a ritmo de swing con «Mientras que el cuerpo aguante», se abre un LP empapado de nocturnidad («Blues de la soledad», de Sabina y García de Diego), de rock y de blues, en el que Joaquín Sabina (con música de Sergio Castillo), rinde tributo a los Beatles en «Paul y John (John y Paul)». Incluso Miguel, en compañía de Javier Vargas, se atreve a escribir un gospel: «Señor por qué a mí», una crítica con humor a las religiones. De nuevo la heroína, que ya ha hecho estragos dejando miles de muertos, es protagonista de un tema, ahora de «El libro de la selva». Además, un par de temazos del propio Miguel – «Raquel es un burdel», y la desoladora «Corazones rotos»– muestran bien a las claras que su autor es algo más que un intérprete de la vieja escuela: Firma estupendas canciones.
Un exceso de programaciones no logra afear, sólo ensombrecer, una estupenda colección de canciones bien tratadas, bien producidas, con la voz de Miguel en primer plano, como debe ser.
Reeditado en CD por Universal en 2005.

Directo al corazón
Polydor, 1991

Último disco para Polydor, grabado con dos equipos distintos de productores (vuelve Tato Gómez y se suma Chucho Merchán) y que, en un claro homenaje al rock argentino –del que Ríos es un declarado admirador–, se abre con un tema de Charly García y Miguel Ríos (la popera «Hay chicas») y se cierra (en la versión CD) con otro de Fito Páez (una lectura de «El chico de la tapa»). Entre medias, canciones sobre perdedores, con la emigración sobrevolando muchos cortes, relatos de huidas buscando una vida mejor que no suele acabar bien. Un disco que respira desolación, bien elaborado (¡pese a las jodidas secuencias programadas!), mejor cantado y con algunos temas enormes: «La luna turca», «Libres (en medio de la noche)» (una canción que, musicalmente, nos retrotrae en el estribillo a la etapa de Hispavox), «Directo al corazón» (de nuevo, aires de swing), «Al sur, al sur (persona non grata)» (una ranchera rock), «El cielo esperará», «Hay chicas»…
Para escuchar de noche, con la ciudad de fondo, o en un vuelo nocturno, mientras los demás pasajeros duermen. Así es el espíritu de este LP.
Reeditado en CD por Universal en 2005.

Como si fuera la primera vez
Virgin, 1996

Seis años sin grabar nuevo disco, nunca en 34 años de trayectoria ha transcurrido tanto tiempo. Pero la espera merece la pena: Miguel vuelve a reclutar a Carlos Narea para una producción luminosa –sin programaciones aparentes; aquí hasta los metales son de verdad– para ser escuchada, de nuevo, en la oscuridad. Y se renuevan los músicos, entrando gente tan solvente como Marcelo Fuentes, Tito Dávila o Pedro Barceló, que se unen a los, más o menos, habituales John Parsons y Antonio García de Diego.
Este disco es, sin duda, el de «la voz», abriendo una nueva etapa en la que Miguel parece disfrutar de su oficio de cantante. Ahora hace alarde de su poderío vocal sin el menor rubor. Y hace bien, porque escucharle cantar a capella el bolero «Ansiedad» es una experiencia sublime, por la que merece la pena pagar el precio de este disco. Además, como para recrearse mejor y concentrarse en su garganta, suma un buen número de versiones: dos de Jorge Drexler («Cerca del mar» y «Tu voyeur»), una del brasileño Ivan Lins (adaptada por Drexler: «¿Qué quieres de mí?»), otra del habitual Charly García (un «No voy en tren» que le sienta a Miguel como un guante), o esa toma en castellano del estándar jazzístico «Stormy weather» (aquí llamada «La tormenta»). Incluso John Parsons y Paco Spinola le escriben a su medida la titular «Como si fuera la primera vez», otro tema con blues de fondo y con la voz de Miguel yéndose hacia el swing… Nacho Béjar contribuye con la hermosa «Nudos y lazos». Y sabina y De Diego firman la excelsa «Como unos viejos calcetines».
Miguel, el rockero por excelencia, ya está de vueltas de todo y no necesita reafirmarse en el rock directo de los 80, quiere disfrutar con la música que le gusta y que se adapte a su voz. Sólo se echa en falta al letrista comprometido de los 70, pero Miguel ahora está buscando la excelencia musical. Está, una vez más, intentando no quedarse en el mismo sitio, avanzar, evolucionar, ser consecuente consigo mismo. Siempre ha sido así.
Este mismo 1996, Miguel Ríos se embarca en la exitosa gira El gusto es nuestro, junto a Joan Manuel Serrat, Víctor Manuel y Ana Belén, que también deja como testimonio un doble álbum.

Big Band Ríos
Rock & Ríos, 1998

Más cambios: Harto de la industria del disco, decide crear su propia discográfica y el primer trabajo con ella es este nuevo directo, recogiendo el sonido de la gira que hizo en compañía de una… ¡Big band! Y es que se veía venir, el swing corría por las venas de Miguel desde hacía varios discos y con la complicidad de una marca comercial pone en escena este lujo de espectáculo, en el que recrea temas propios («Mientras que el cuerpo aguante», «Como si fuera la primera vez», «Rocanrol Bumerang», «No estás sola», «Raquel es un burdel», «Santa Lucía», «El blues del autobús»…) y ajenos («Penélope», «Fever», «Todo a pulmón», «No voy en tren»…), con su voz pirotécnica como protagonista central. En todo caso, las guitarras eléctricas y su colección de canciones ponen rock a un álbum de sonido tan fabuloso como contagioso.
Otro trabajo que constata la importancia que Miguel le da al directo y al buscar nuevas fórmulas con las que salir a la carretera. También incluye una versión de «Mackie el navaja», de Bertold Brecht y Kurt Weill. Precisamente, a Kurt Weill le dedicará su próximo espectáculo en escena, en compañía de Ana Belén y de la Orquesta Ciudad de Granada dirigida por Josep Pons. De ahí saldrá el disco en directo Ana Belén y Miguel Ríos cantan a Kurt Weill (BMG, 1999). Un trabajo quizás demasiado ortodoxo y en el que Miguel y Ana Belén se reparten democráticamente las canciones. El problema es que si no soportas la voz de Ana Belén (mi caso), estás vendido…

60 mp3
Rock & Ríos, 2004

Finalmente, el milenio llegó y no fue tan esperanzador como Miguel cantaba en los 80. Él lo recibe con el disco Miguel Ríos y las estrellas del rock latino, un álbum en el que, junto a algunas canciones nuevas, interpreta temas de Sabina, Rosendo, Manolo García, Maná, El Tri, Aterciopelados, Fito Páez, Charly García y La Ley, en compañía de sus propios autores. Pero, el verdadero disco de Miguel Ríos en el nuevo siglo lleva por nombre 60 mp3, referencia a su edad y al nuevo sistema de reproducción musical.
Un horrible diseño (el peor de toda su discografía, sólo comparable al de Despierta) da paso a un trabajo con producción de John Parsons en el que éste hace alarde guitarrístico, tanto de acústicas como de eléctricas y la voz de Miguel se deja mecer en su álbum más blusero y en el que es fundamental el trabajo del poeta granadino Luis García Montero en las letras, solo o en compañía de Miguel.
Un disco tranquilo, por momentos muy sobrio que, una vez más, tiende a la nocturnidad, a buscar el sonido de club; con el blues como amigo deja algunas muy buenas canciones: «60 razones», «Mi vida y mi cruz», «Los reyes del mambo», «Sin ti (vuelven los fantasmas)», «Estos labios», esa despedida y homenaje a Madrid que es «Cosas que debo a Madrid» o el final de la obra, donde, con letra de Montero, sale el Ríos pacifista en «Oración». Por en medio, alguna diversión como «BB, qué bebes?», en compañía de Raimundo Amador.
Este CD constata que Miguel sigue en forma, pero no es el gran disco que esperamos de él. Para colmo, se prodiga poco: Hace tres años que no saca álbum nuevo. Venga, Miguel, danos pronto una alegría.

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