Los cuatro claveles, de Pablo Cuevas

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DISCOS

«Deja algo de lado el rock para meterse en géneros como la chanson francesa, el tango, el fado, el bolero…»

 

Pablo Cuevas
Los cuatro claveles
FAMILY SPREE RECORDINGS, 2023

 

Texto: EDUARDO IZQUIERDO.

 

He manifestado en más de una ocasión que los sevillanos Los Fusiles me parecen una de las mejores bandas que ha dado este país en los últimos años —una de ellas al reseñar su disco Victoriosa en estas páginas —, y que su líder Pablo Cuevas me parece una de las voces más personales del momento y un compositor espléndido. Por eso, que se pusiera manos a la obra a grabar un disco en solitario me pareció, de entrada, una magnífica noticia. Eso sí, los fantasmas que me remueven las entrañas cuando me llegan este tipo de cosas me llevaron a pensar, una vez más, eso de «espero que no haga un disco en solitario para sonar igual que en su banda». Algo que pienso el cien por cien de las ocasiones en las que las bandas tienen escisiones temporales, como esta, o definitivas. La escucha de Los cuatro claveles ahuyentó de un plumazo todos mis miedos. Porque aquí, el sevillano deja algo de lado el rock para meterse en géneros como la chanson francesa, el tango, el fado, el bolero en un ejercicio similar, aunque diría que incluso más arriesgado que el que en su momento hizo Enrique Urquijo con el primer disco junto a Los Problemas. Además, lo hace a base de temas propios, no de versiones, y eso tiene más mérito aún.

Hablamos con Cuevas y le preguntamos algo que también me reconcome: su parecido en cuanto a concepto con los discos de Josele Santiago, aunque su ejercicio de estilo sea más evidente que el del líder de Los Enemigos. «Sí, lo dice mucha gente y será por algo. Podría protestar más diciendo que a mí no me lo parece tanto, pero es común que alguien que me escucha por primera vez lo suelte. No es tanto el timbre de voz como la dicción, supongo. También me lo dicen con Jaime Urrutia. Y yo me pongo muy contento, claro. Ambos son dos de mis preferidos cantautores nacionales de toda la vida. Y eso te influencia, claro». Es evidente que con Urrutia le sigue uniendo ese tono y ese carácter cañí de su manera de cantar, aunque estas tonadas estén más cerca de Carlos Cano o Carlos Gardel que de cualquier referencia rock.

Él, humilde, es capaz de decir que “Al mandamás” es «un jazz swing del que cantaban algunos crooners, aunque tendréis que conformaros con mi voz», o que “El Aroma perfumado”, «no es bien un tango sino un canturreo de aires porteños». No se equivoquen. Son dos canciones tremendas, como “Ginés, el de San Juan”, “El buen augurio” o “El barco de la victoria”. Temas que podrían ser, por su variedad, bandas sonoras de nuestras vidas. Por algo cita como influencias de este trabajo a «Elvis, Charles Trenet, Adriano Celentano, Amalia Rodrigues, Carlos Gardel, Edith Piaf, Django Reinhardt, Serrat o Marisol». Yo le digo, que uno tira para casa, que dónde están las rancheras. Y me confiesa que ya está componiendo una para el directo. Mientras, Los cuatro claveles, en su versión vinilo, por supuesto, da vueltas, vueltas y vueltas en mi reproductor.

Anterior crítica de discos: The portable Herman Düne, Vol. 3, de Herman Düne.

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