Lori Meyers: Contra el fundamentalismo

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«Lo más fácil hubiera sido hacer ‘Cronolánea 2’ y relajarnos, pero no somos así, seguimos teniendo inquietudes, somos jóvenes y queríamos hacer un disco con el que pudiéramos bailar. ¿No hubiera sido más fácil hacer un disco fok, que es lo que hace todo el mundo? «

“Cuando el destino nos alcance”, cuarto LP de la banda de Loja (Granada) ha vuelto a liarla. Su reconversión electrónica no parece haber gustado a un buen número de sus seguidores. Eduardo Guillot se encarga de las preguntas.


Texto: EDUARDO GUILLOT.


Los granadinos Lori Meyers han cometido un crimen. No, no han matado a nadie, sino algo mucho peor. En “Cuando el destino nos alcance”, su cuarto disco, han introducido ritmos sintéticos y se han aproximado al rock bailable. Anatema. Traición. Porque el público, indie o no, sólo desea una cosa de sus grupos favoritos: Que siempre hagan lo mismo. Que no evolucionen. Que se repitan hasta la saciedad y no crezcan como artistas. Lori Meyers, con mayor o menor fortuna, lo han intentado. Y los foros de internet se han puesto a echar humo.

Quizá el auténtico problema es que a los granadinos se les encumbró a cimas demasiado altas sin verdaderos argumentos que respaldaran tan fulgurante ascensión. Y, como profetizaba aquella película protagonizada por Humphrey Bogart, “más dura será la caída”. Pero lo cierto es que ni antes eran la salvación del pop estatal ni ahora han grabado el peor LP del año. Noni, cantante y guitarrista del grupo, se explica.

Tenéis revolucionado el gallinero indie.
Siempre hemos dicho que, generacionalmente, somos de los primeros ochenta. La música electrónica y grupos como New Order, Joy Division o The Cure son parte de nuestras influencias. Con cada disco vamos a ir aprendiendo a ser mejores músicos y compositores. Vamos dando lo que tenemos dentro y lo que queremos hacer en cada momento. Con “Cronolánea” se nos quedaron algunas espinas clavadas. Canciones como ‘Alta fidelidad’, ‘Luces de neón’ o ‘La búsqueda del rol’ ya estaban pidiendo una textura diferente, ritmos más bailables, darle una vuelta de tuerca a los arreglos. No sólo grabando dieciséis guitarras, sino poniendo cada cosa en su plano, dándole a las canciones otro recubrimiento, intentando meter sintetizadores en lugar de buscar soluciones clásicas. Queríamos un disco de concepto futurista. Si haces una lista de reproducción y metes las tres canciones de “Cronolánea” que te comentaba entre las de «Cuando el destino nos alcance», se nota que todo es muy parecido. Creemos que se trata de una evolución. Lo más fácil hubiera sido hacer “Cronolánea 2” y relajarnos, pero no somos así, seguimos teniendo inquietudes, somos jóvenes y queríamos hacer un disco con el que pudiéramos bailar. ¿No hubiera sido más fácil hacer un disco fok, que es lo que hace todo el mundo? [risas] Pues nosotros, no. No podemos obligar a la gente a que le guste, y sabemos que habrá a quienes no les guste, pero es ley de vida.

¿Esperabais el inmovilismo de los fans recalcitrantes?
Son los fans comerciales. Es normal. Hay que hablar desde el conocimiento y entender la evolución. Si no te gusta, no te va a gustar nunca, pero parte de la polémica que se ha levantado se debe a los créditos del disco. Hay gente que ni siquiera ha escuchado las canciones y lo critica porque el productor ha trabajado con artistas latinos, cuando sabemos que esta industria está muy profesionalizada. Este hombre ha hecho remezclas con Pink Floyd, cosas que nadie conoce y que a la gente no le interesan, porque lo más fácil es sacar el tema de contexto y nombrar a Shakira.

Hombre, no me negarás que sorprende un poco que trabajéis con un productor como Sebastian Krys (Chayanne, Luis Fonsi, Eros Ramazotti, Maná, Shakira, Jennifer Lopez, Ricky Martin, Sergio Dalma) después de haberlo hecho con Mac McCaughan (Superchunk) o Ken Coomer (Uncle Tupelo/Wilco), sobre todo en un grupo que tomó el nombre de una canción de NoFX.
¡Charlie Brocco, que coprodujo “Cronolánea”, había trabajado con George Michael! Ken Coomer produjo a Chetes, un cantante comercial mexicano. Y Rick Rubin ha hecho cosas con Shakira. La gente es profesional. A los productores no se les puede criticar por eso. Te puede gustar o no el disco, pero no criticar por los créditos. Seguro que a ti te toca hacer entrevistas a gente que no te gusta y te comportas como un profesional con ellos. Hay que quitarse los prejuicios de encima.

¿Por qué lo escogisteis? ¿Fue sugerencia del sello o lo pedisteis vosotros?
Cuando empezamos a hablar con la compañía, encontramos por internet a Norman Nitzsche, un alemán que había trabajado con The Whitest Boy Alive en un disco que nos gustaba mucho. Intentamos contactar con él, pero al ver que todo se iba retrasando, la compañía nos envió algunas sugerencias. La mayoría no nos gustaron, pero un par nos hicieron gracia. Sebastian Krys era uno de ellos. Les dijimos que podíamos intentarlo con él. Sebastian se pagó un billete de su bolsillo para venir a España y grabamos un tema en Madrid. Cuando escuchamos el resultado, le dimos el visto bueno sin ningún género de duda. Él quería producir el disco, aun sabiendo que los recursos eran limitados y que no éramos el grupo más importante del sello. Se ha involucrado mucho.

No le han sentado nada bien las críticas. Incluso se ha metido a contestar en los foros.
Es muy buena gente, la verdad. No entiende las separaciones que se hacen en España. En Estados Unidos no existen divisiones entre música indie o comercial. No tienen prejuicios. Allí, Death Cab For Cutie tocan para cien personas y son guays, pero cuando llegan a un estadio de fútbol siguen siéndolo, lo único que cambia es que les conoce más gente.

Una de las cosas que más le ha molestado es que se diga que ‘Condicional hipotética’ suena a The Strokes. Pero es verdad, ¿no?
Sí, claro, pero él se defendía diciendo que, en realidad, está inspirada en ‘American girl’, de Tom Petty, que es mucho más antigua. Molesta un poco que la gente piense que sólo tienes cuatro discos en casa.

En todo caos, parecéis condenados a estar en el ojo del huracán. El trasvase de la independiente Houston Party a Universal ya fue bastante comentado.
Nos halaga que se despierte tanta polémica. Parece que la gente se preocupa mucho por nosotros.

Entre “Cronolánea” y “Cuando el destino nos alcance” se han producido algunas altas y bajas en la formación. Sergio ya no está al bajo (sustituido por Miguel López), Antonio Lomas se incorpora como miembro oficial (antes era colaborador) y además, se añade a Miguel Martín. ¿Están relacionados con el cambio de sonido?
En “Cronolánea” nos dimos cuenta de que necesitábamos más músicos. En canciones como ‘Luces de neón’, si yo me dedicaba a la guitarra acústica, nos faltaban detalles y arreglos, así que empezamos a incorporar gente para paliarlo. Las canciones que se hicieron a partir de ese momento han estado enfocadas a la banda que tenía que reproducirlas en vivo. Los discos son para investigar, y luego el grupo tiene que defenderlos en directo.

¿Qué ventajas implicaba grabar el disco en Los Ángeles?
A los tres o cuatro días de decidir que Sebastian vendría a Granada a grabar, nos llamó para decirnos que un familiar suyo estaba muy enfermo. Nos propuso ir y venir y grabar en Madrid, pero la idea no nos gustaba, así que nos decantamos por la segunda posibilidad, que era grabar en Los Ángeles. El esquema de grabación era más dinamico, porque sólo teníamos dos semanas. La parte técnica, bases y guitarras, la hicimos en Castle Oaks, y luego lo terminamos en casa de Sebastian. Yo nunca había cruzado el charco, y estar en una ciudad así, que te absorbe, nos hizo abrirnos de miras, entender otra cultura. Eso nos benefició personalmente, pero también a nivel musical. Fue una cura de humildad.

La apuesta por el baile de “Cuando el destino nos alcance” no se limita a la electrónica. ‘Corazón elocuente’, por ejemplo, tiene ritmo Motown. ¿No ha sido siempre bailable el pop?
Claro. La música más bailable, de hecho. Phil Spector ya hacía temas para bailar. La Motown, el soul… Y la música electrónica parte de los años cincuenta, nosotros no somos originales en ese aspecto, como no lo es ningún grupo. Todos tienen sus influencias, desde The Beatles todo está inventado, pero a la hora de recubrir las canciones, esta vez pensamos en New Order o Joy Division.

¿Un título como ‘¿A-ha han vuelto?’ demuestra que sabéis reíros de vosotros mismos?
Exacto. Ese tema parte de un riff de guitarra, y luego fueron saliendo las partes más funkys. La canción me gustaba mucho, y a la hora de ponerle el título no lo teníamos claro. Algunos amigos ya la habían escuchado en maqueta y les habíamos dicho que le íbamos a meter sintetizadores. Un día, vi a A-ha tocar ‘Take on me’ en un festival en la tele, totalmente desafinada, y un colega mío empezó a decir que parecía nuestra canción. Al final, usamos la coña y la llamamos ‘¿A-ha han vuelto?’ Es bastante cínico, porque ya nos veíamos venir algunas críticas.

Bueno, es que ahora los modernos reivindican a A-ha. No olvidemos que Anni B. Sweet versionea, precisamente, ‘Take on me’.
¡Claro! Yo no habré escuchado más de tres canciones de A-ha, pero era un paradigma de la música de los ochenta. La gente va cambiando, gana en cultura musical, y se han convertido en influencia para mucha gente.

¿El título de “Cuando el destino nos alcance” es por la película “Soylent green” (Richard Fleischer, 1973)?
Sí, es por la película. Es como “Hostal Pimodan” (una referencia al hotel parisino donde vivió el poeta Charles Baudelaire durante la confección del libro “Los paraísos artficiales”). El disco no hablaba de Baudelaire ni estaban relacionadas con él. Lori Meyers se maneja siempre con guiños. Parte del periodo de composición de este disco lo pasamos consumiendo películas de ciencia-ficción, que también han sido mayoritarias en los viajes en la furgoneta, y creemos que el golpe retrofuturista que tiene “Soylent green” tiene mucho que ver con el disco. Es una película que, en su época, se veía muy moderna, pero hoy en día resulta muy retro. Por lógica, porque es de 1973. Nos gustó la traducción del título que se hizo en España que es, precisamente, “Cuando el destino nos alcance”. Y las letras son un poco más sociales, hay menos canciones de amor, y las que hay son más cínicas. Ya no podía estar haciendo lo mismo que antes, tenía ganas de escribir sobre otras cosas.

Es curiosa la fijación con la ciencia-ficción, una de las grandes pasiones de otro músico granadino, Antonio Arias (Lagartija Nick), de quien sois grandes amigos. ¿Ha tenido algo que ver en tu afición por el género?
Yo creo que en Granada está todo el mundo un poco flipado, porque también hay un grupo que se llama Los Planetas [risas]. Y bueno, “Multiverso”, el disco en solitario de Antonio, que está grabado en un observatorio astronómico… Al final, algo se te pega. Antonio es para nosotros el auténtico genio granadino, tiene algo más especial que nadie. Yo soy más gore, pero poco a poco me he ido pasando a la ciencia-ficción. Acabaré viendo cine de autor a los cincuenta años [risas].

¿Cómo ha cambiado el directo? ¿Habéis adaptado los temas antiguos al nuevo sonido?
Las canciones de “Cronolánea” no han cambiado, porque entonces ya éramos seis en el escenario. No hay muchos cambios. Hemos añadido un nuevo final a ‘Tokio ya no nos quiere’, por ejemplo. Y hemos adaptado cuatro o cinco temas del disco nuevo a fomato acústico con aparatos electrónicos. Incluso hemos tocado ‘Mi realidad’ en clave country. Hay que tener poca vergüenza y divertirse.


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