Libros: «Las gafas del señor Cagliostro», de Harry Steephen Keeler

Autor:

«Lo único que es necesario para enfrentarse a ‘Las gafas del señor Cagliostro’: abandonarse al puro placer del cuento y la fantasía»

Harry Steephen Keeler
«Las gafas del señor Cagliostro»
EDICIONES DEL AZAR

 

 

Texto: CÉSAR PRIETO.
 

 

Quizás al lector no le cause ningún impacto conocer que se ha reeditado una novela de Harry Steephen Keeler. Seguramente no sepa ni de quién se trata ni qué hace a este curioso personaje tan atractivo para algunos. Nacido en Chicago, ambienta todas sus novelas en esa ciudad. De padre mago, al enviudar su madre se vio obligada a convertir su hogar en una pensión que frecuentaban actores de revista. A los 20 años, y sin que se haya descubierto aún el motivo, su madre lo recluyó unos meses en un manicomio. Al salir, cursa estudios de ingeniería electrónica y trabaja en una fundición de acero y dedica todas las noches y los fines de semanas a escribir narraciones para las revistas pulp. Aunque hasta los años 30 los editores lo publican sin problema, pero al final sus alocadas tramas dejan de interesar en Estados Unidos y se ve obligado a vender sus últimas novelas a una editorial española para su traducción directa, novelas que están aún inéditas en otras lenguas.

Su suerte en España, pues, ha sido dispareja, desde la “opera omnia” que le fue publicando editorial Reus –dedicada hoy, casi como homenaje, a obras jurídicas–, pasando por el olvido que sufrió desde los años 60 hasta llegar a el intento frustrado de reeditarlo por parte del Equipo Sirius –una editorial de divulgación científica, nueva paradoja–. En 2012, Ediciones del Azar pone en circulación su obra más conocida: “Las gafas del señor Cagliostro” y el lector puede observar en ella que la obra de Keeler es trama, pura y dura trama, alocada a veces, con giros inesperados, misterios siempre y golpes de timón mareantes, aunque al final se logra anudar todos los hilos hasta dejar cosida magistralmente la novela. En esencia, se trata de la historia de una herencia, la herencia de un rico hombre de negocios que va a disfrutar su único hijo, al que había tenido recluido en Australia. La lectura del testamento, absurdo en sus instrucciones desencadena un entramado judicial, psiquiátrico y oscuro que no puede menos que dejar al lector boquiabierto a cada página. No es posible, a riesgo de reventar las sorpresas, explicar más.

De estilo básico más que sencillo, pariente literario del «Fu-Manchú» de Sax Rohmer, o de Kenneth Robeson o Maxwell Grant, hay un aspecto que al lector agudo le ha de parecer ciertamente milagroso. Su conexión, desde el nivel más popular posible, con la literatura culta, experimental y vanguardista que por esas fechas se está practicando en Europa, guiños inconscientes y azarosos que lo convierten en un escritor –a su pesar– muy europeo. El tema del doble, por ejemplo –pensemos simplemente en el «Orlando» o en Borges– es uno de los que sustentan la obra junto al de la psiquiatría; las circunstancias del protagonista recuerdan a un Kafka para el gran público y hasta en una ocasión se apunta una breve crítica literaria sobre los dadaístas. Desde luego, no son la clave de la obra estas calas, pero logran despertar una sonrisa de reconocimiento entre lo único que es necesario para enfrentarse a «Las gafas del señor Cagliostro»: abandonarse al puro placer del cuento y la fantasía.

Anterior entrega de libros: “31 noches”, de Ignacio Escolar.

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