Las grandes B.S.O.: “Origen” (2010), música de Hans Zimmer

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“Zimmer consiguió componer una banda sonora devastadora y delicada al mismo tiempo”

 

Fernando Fernández analiza los aciertos de la banda sonora de “Origen”, de Hans Zimmer, que ayudó a trasladar de forma magistral los sueños que ideó Christopher Nolan.

 

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“Origen” (“Inception”)
Música de Hans Zimmer, 2010

 

Una sección de FERNANDO FERNÁNDEZ.

 

Esta semana escogemos una película moderna, esas que tienen más difícil competir con lo antiguo, porque parece que solo el tiempo dictamina su valor. Hoy día priman mucho más la ambientación y las atmósferas que las emociones y las melodías. Las técnicas, los estilos, las intenciones y los resultados en el cine y en sus bandas sonoras han cambiado mucho, pero no deberíamos despreciar los estupendos trabajos que se hacen actualmente. No podemos comparar la música de “Lo que el viento se llevó” con “Origen”, cada una pertenecen a una época y un estilo distintos, pero hoy vamos a centrarnos en las bondades de la segunda. Mucho más reciente, pero también altamente recomendable.

 

 

Detrás de “Origen” confluyen circunstancias muy especiales, entre ellos la dirección de Christopher Nolan, cineasta de Hollywood habitual de los “blockbusters” pero capaz de imprimir elementos personales muy brillantes. Tardó ocho años en poner este proyecto en circulación, a pesar de que Warner Bros le dio el visto bueno desde el primer momento. La película cuenta una historia de sueños dentro de sueños, con un componente visual y técnico tan brillante que no es fácil de llevar a cabo. Lo bueno es que la espera consiguió que tanto Nolan como Zimmer generaran una gran relación de trabajo que se ha plasmado en la trilogía de “Batman: El Caballero Oscuro” y en “Interestelar”, y que en “Origen” alcanzó una maravillosa simbiosis entre música y película.

Nolan carga la película con multitud de pequeños detalles y referencias que consiguen crear un fantástico envoltorio a una historia muy compleja, pero que no le proporciona todas las respuestas al espectador, para que saque sus propias conclusiones. La utilización de determinadas referencias visuales, números, imágenes y sonidos sirven de mapa para el desarrollo de la trama, y Zimmer no duda en utilizarlos desde la música. El principal es la manera en que se aprovecha del famosísimo tema de Édith Piaf’ ‘Non, je ne regrette rien’. Dicha canción sirve para comenzar el proceso de entrada en la mente del sujeto a investigar. Hasta tal punto es básico en la trama, que la propia duración de la película (2 horas y 28 minutos) es una referencia a la duración del tema en su grabación original (2 minutos y 28 segundos). Curiosamente, la actriz Marion Cotillard ganó un Oscar al interpretar a Piaf en la película “La vida en rosa (Edith Piaf)” (2007). Nolan siempre comentó que el uso de la canción es simplemente pura coincidencia, y que intentó cambiar la canción y así eliminar cualquier especulación sobre el tema, pero el compositor le persuadió para mantenerlo porque la canción habla de la preocupación por el efecto de los recuerdos en la psique, y específicamente el desastroso efecto que tiene no dejar marchar los recuerdos de amor despechado en el subconsciente.

 

 

Zimmer aprovecha ese elemento en la música, con ese llamativo sonido de los trombones lentos y lúgubres incluidos en el tema principal de la partitura. En realidad son una versión extremadamente lenta de las trompetas brillantes y rápidas del comienzo de la canción de Édith Piaf. Cuando alguien que está durmiendo escucha una canción, la percibe como ralentizada, y el tema principal de la banda sonora de la película suena como escucharía “Non, je ne regrette rien” una persona que esté soñando. Con este recurso temático alcanza una magistral conclusión lógica al final de los créditos finales, señalando que el público está a punto de “despertar” de la fantasía de la película.

Hay un elemento imprescindible en la banda sonora perfecta de una película: aquella que se integra tan bien en el tejido de la historia que el espectador no nota que está allí. Eso a veces se confunde con músicas ambientales y atmosféricas, y por ello en muchas ocasiones se acusa a las melódicas y emocionales de “tramposas”. Sin embargo, muchas de las mejores bandas sonoras son tan buenas y tan interesantes que son totalmente imposibles de ignorar, da igual que sean ambientales, atonales, atmosféricas, líricas, orquestales, rockeras o electrónicas. Es como decir que una puesta en escena excepcionalmente eficaz y brillante es mala. Somos conscientes de su brillantez mientras permanecemos firmemente encerrados en la trama de la película, y eso es lo que consigue el compositor con esta partitura que empezó a componer a partir del guión, sin esperar al montaje.

Zimmer construye una serie de motivos sobre los que empieza a tejer su material, el primero y más inmediato es un ritmo yámbico (corto-largo), oído en un potente crescendo en el comienzo de la partitura basado en la canción de Piaf, en el que extrae el sonido de la trompeta de la grabación original de Piaf, ralentizándola e incorporándola a su partitura. Este ritmo se convierte en el latido del corazón del segundo motivo, una secuencia de acordes de cuerda pareados. En contraste, la languidez de las cuerdas sugiere simultáneamente melancolía y una sensación nebulosa del tiempo que pasa, haciendo referencia al énfasis de la película en los estados oníricos concéntricos. El tercer motivo es una progresión de acordes repetitiva sobre la que oscila la guitarra de Johnny Marr (The Smiths). Esto se convierte en el telón de fondo minimalista de un enorme crescendo orquestal, que culmina en un clímax fortísimo que une la secuencia de acordes con la idea principal, el ritmo yámbico de la canción de Piaf. Estos motivos forman una espléndida exposición de la banda sonora en su conjunto, enfatizando los elementos básicos centrales de la partitura y de la película.

 

 

Zimmer consiguió componer una banda sonora devastadora y delicada al mismo tiempo. Su mezcla de las fuerzas orquestales con la electrónica y el bajo puede generar algún paralelismo con el maravilloso trabajo de las partituras de Don Davis para la trilogía “Matrix”, pero la banda sonora de “Origen” es sorprendentemente fresca, algo no muy habitual hoy en día. Los elementos básicos están muy bien adaptados a las imágenes, pero es imposible ignorar su presencia y su efecto. Por eso es una gran banda sonora. Un enfoque muy arriesgado, pero no convencional para una película que se encuentra también realmente muy lejos del reino de los thrillers convencionales.

 

 

Anterior entrega de Las grandes B.S.O: “La gran evasión” (1963), música de Elmer Bernstein.

 

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