Las grandes B.S.O.: “Conan el Bárbaro” (1982), música de Basil Poledouris

Autor:

conan-el-barbaro-19-01-17-a

“Los ritmos eslavos, la música étnica y los coros hacen que la violencia y las peleas se conviertan en brillantes y salvajes ballets, sin importar si son el fondo de un ataque o de una orgía caníbal”

 

Fernando Fernández nos lleva hasta 1982 para conocer el trabajo musical de Basil Poledouris en “Conan El Bárbaro”, un traje a medida para el famoso héroe del taparrabos que saltó del cómic a la gran pantalla con aplomo y éxito.

 

Una sección de FERNANDO FERNÁNDEZ.

 

conan-el-barbaro-19-01-17-b

“Conan El Bárbaro” (“Conan, The Barbarian”)
Música de Basil Poledouris, 1982.

 

 

A lo largo de esta sección hemos hablado de bandas sonoras de todo tipo: con temas principales memorables, con melodías emocionantes románticas y terroríficas, sonidos electrónicos, clásicos, orquestales, folclóricos… Pero al margen de “La guerra de las galaxias” y “El señor de los anillos”, hay muy pocas que hayan incluyedo todos esos elementos, o casi todos. Quien sí lo ha hecho es nuestro protagonista de hoy, uno de los mejores compositores modernos: Basil Poledouris.

Pocas veces incluyen a Poledouris entre los grandes nombres junto a Williams, Goldsmith o Bernstein, pero casi todas sus composiciones podrían considerarse una pequeña obra maestra. Hasta su trabajo en películas menores y de clara serie B transmiten un amor y una pasión por comunicar algo más allá de las imágenes. Pero si una de sus partituras tiene un brillo especial esa es “Conan, el Bárbaro”, la adaptación de su antiguo compañero de clase John Milius del famoso cómic creado por Robert E. Howard, y un ejemplo de lo que puede conseguirse dentro y fuera de la pantalla. Con ella consiguió que unas aventuras que podían ser consideradas pasadas de moda y un protagonista inexpresivo alcanzasen unas cotas de personalidad y aventuras realmente increíbles. Y una película muy unida a nuestro país, pues casi todo el rodaje de exteriores se realizó en España.

 

 

Hubo más que discusiones sobre qué compositores podían proporcionar a la historia ese sentido épico y a la vez íntimo y personal. Ennio Morricone fue uno de los nombres más mencionados, especialmente rodándose en Europa, pero John Milius tenía claro que su amigo y compañero podía encargarse de ello sin ningún problema. Y así fue, ya que Poledouris nos regaló una de las bandas sonoras más completas de la historia de la música de cine. La solemnidad épica que el director proporcionó al material de Howard (no olvidemos que el personaje era, al fin y al cabo, un tipo en taparrabos) fue lo que permitió a Poledouris jugar descaradamente con Conan como si se tratara de un gran mito heroico, con una partitura al estilo de Prokofiev para Alexander Nevsky. Mejor aún: Milius no temía dejar en silencio largos pasajes de la búsqueda de venganza de Conan durante su viaje a través de la Edad Hiboriana, lo que dio pie a Poledouris para demostrar su capacidad al servicio de la música como narrativa pura y escuchar también la poesía dentro de la mente de un bárbaro monosilábico.

Más allá de mostrarnos cómo podía convertir las melodías exuberantes en el sonido de sangre y trueno, Poledouris también demostró que Cimmeria era el lugar de nacimiento musical de la Rusia más clásica. Los ritmos eslavos, la música étnica y los coros hacen que la violencia y las peleas se conviertan en brillantes y salvajes ballets, sin importar si son el fondo de un ataque o de una orgía caníbal. Pero además de mostrar su amor por los hitos de la música orquestal del siglo XX en sus variaciones entre lo lírico y lo primitivo, el compositor también se inspiró en el estilo clásico y templado que Miklos Rozsa infundió en “El Cid” o “Ben-Hur”. Un estilo de grandiosidad musical que es casi inimaginable hoy, y que sigue siendo inigualable.

 

 

Cuando el director y su compañero de universidad colaboraron para producir su primera película de aventura fantástica, poco sabían que estarían catapultando sus propias carreras, así como la de un emergente músculitos llamado Arnold Schwarzenegger. Cuando la película llegó a los cines en 1982, productores y directores lucharon por crear auténticas representaciones de una tierra de fantasía basada en la Edad Media con presupuestos limitados. El concepto fue recibido en la pantalla con suficiente entusiasmo para justificar una secuela (aunque espantosamente inferior) unos años más tarde.

 

Enfoques diferentes

Las bandas sonoras también estaban experimentando un renacimiento a principios de los años 80, sobre todo tras la aventura orquestal de John Williams. El productor de la cinta, Dino De Laurentiis, fue un defensor de la experimentación con las partituras pop en la fantasía épica y recomendó ese enfoque para la película. Afortunadamente, Milius y Poledouris estaban en otra onda: estaban de acuerdo en que una banda sonora de rock / pop no funcionaría para Conan, y que la música y la cinematografía debían tomar el lugar del diálogo en la película para poder representar correctamente la época del comic. Finalmente, De Laurentiis llevó sus ideas de partitura pop a “Dune”, con un resultado sorprendentemente eficaz. A toro pasado, es evidente que solo el enfoque sinfónico y coral de Poledouris funcionaría para “Conan”, con el compositor profundizando en la construcción musical de la Edad Media (abandonando las estrategias líricas modernas) para lograr una banda sonora convincente.

 

 

El resultado de los esfuerzos de Poledouris es una partitura compleja que suena sorprendentemente primitiva y brutal, con el compositor reforzando este enfoque mediante el uso del enorme poder de un gran conjunto orquestal y coral. Empleó a músicos de dos orquestas separadas y los combinó junto a un coro para una grabación de proporciones monumentales en Roma. A diferencia de otros compositores modernos, Poledouris aceptó de manera grandiosa la sugerencia de Milius de adaptar los sonidos del “Carmina Burana” de Carl Orff y el canto gregoriano del “Dies Irae”, logrando con ellos construcciones emocionales similares, pero nunca permitiendo que la partitura sonara como una imitación barata e inconclusa.

El conocimiento de Poledouris de la música folclórica antigua logró una atmósfera consistente de la Edad Media mediante el uso de poderosos grupos de metal y percusión a través de motivos memorables que hicieron fluir la música como una pieza de concierto con varias partes distintas. Casi cada pieza de la banda sonora contiene un motivo o tema de algún tipo. La partitura nunca está completamente integrada para que todos los temas se reúnan en un formato de suite en algún momento, pero Poledouris repite la mayoría de sus ideas constantemente, dibujando un lienzo musical perfecto para unos personajes e historia bastante predecibles. Toda una demostración de que nivel de magia puede alcanzarse cuando compositor y director trabajan hacia un objetivo común y un amplio alcance en mente desde el principio.

Anterior entrega de Las grandes B.S.O.: “Un tranvía llamado deseo” (1951), música de Alex North.

Artículos relacionados