La Ana Belén de los años setenta, en diez canciones

Autor:

Defendiendo un cancionero tan extenso y siempre en la cresta de la ola, es interesante ver cuándo y cómo se gestó la sólida carrera de Ana Belén. Para descubrir sus inicios acudimos a Luis García Gil, autor del libro Ana Belén y Víctor Manuel. Los latidos de un país, quien recupera diez de las mejores canciones que la madrileña grabó en los años 70.

 

Selección y texto: LUIS GARCÍA GIL.

 

1. “La quilla de tu navío” (Al diablo con amor, 1972)
Tenía su aquel la banda sonora de Al diablo con amor, la segunda película que Ana Belén y Víctor Manuel rodaron con Gonzalo Suárez. Al diablo con amor constituyó una curiosa fábula musical con canciones en las que fueron trabajando Víctor Manuel y el cineasta Gonzalo Suárez. Entre ellas destacaba por su ritmo cadencioso y lirismo “La quilla de tu navío”, en la que Ana Belén empezaba a ganar soltura como intérprete.

2. “Dieron las diez” (Tierra, 1973)
El primer disco de Ana Belén se tituló Tierra. Lo grabó en 1973. Ese mismo año Víctor grabó el folclorista Verde, uno de sus trabajos más redondos y desconocidos. “Dieron las diez” aunaba al talento de Juan Carlos Calderón y la lírica amorosa de Víctor. El entendimiento de las partes es perfecto. Ana canta a la soledad que la envuelve y estrangula su libertad, palabra muy presente en el momento convulso del país, en la tela de araña del tardofranquismo. El sol se duerme sobre su piel. El amor es necesario para caminar y darle cuerda al reloj que da las diez. Canción de traza melancólica y ensoñación otoñal que, en cierta manera, se erige en la primera piedra del fecundo cancionero de Ana.

3. “Lady Laura” (Tierra, 1973)
“Lady Laura” supone otro capítulo palpitante de Tierra. Retrato en clave femenina e intrahistórica con ritmo de habanera sutil y musical estribillo. Canción de largo aliento, de expresivo arreglo de Calderón y letra de Víctor Manuel. La Gran Vía, arteria urbana de Madrid, fresco de viandantes azarosos y diversos, sirve de escenario del deambular de este personaje entrañable cuya historia se remonta a tiempos de la Guerra Civil y milicianos por las calles. Dibujo decadente que termina en elegía temblorosa. La interpretación de Ana Belén salva la canción de la tentación melodramática, cosa que se agradece. No confundir con la canción del mismo título de Roberto Carlos.

4. “Quiero ser canto y rodar” (Tierra, 1973)
«Lo que no aprendo rodando/ en libros voy encontrando», canta Ana Belén en esta canción absolutamente reinvidicable que pertenece también a las sesiones de su primer disco. A la manera de un blues, Ana desgrana los versos que le escribe Víctor Manuel. Lo hace con convicción y desgarro. «Soy como un pájaro raro que canta, aunque esté enjaulado». Comparto la versión en directo durante el Primer Encuentro Internacional de la Nueva Canción Siete Días con el Pueblo que se llevó a cabo en la República Dominicana. Le acompañaron a las guitarras Quico Pi de la Serra y Luis Díaz.

5. “Calle del Oso” (Calle del Oso, 1975)
Canción grabada en 1975, fijada como autorretrato, como memoria primera de la cantante que fija esta fotografía en la calle del Oso, en los suspiros del barrio de Lavapiés. Víctor Manuel le escribe algunas de estas primeras canciones definitorias cuyos arreglos huyen de la senda marcada por algunos cantautores paradigmáticos. Hay cierto regusto pop en las melodías, la intromisión de un saxo y una acumulación de imágenes que conforman el mapa fértil de los recuerdos. Ana brilla con voz juvenil, con la canción por delante, sintiéndose más Marilyn que Agustina de Aragón: «En la calle me crié, /mi primera piel cambié; /entre brumas puedo ver / cómo éramos ayer. /En un barco de papel / de la calle me alejé, /¡Qué nostalgia mi niñez! / Por un día tan solo quiero volver».

6. “Desde la noche a la raíz” (Calle del Oso, 1975)
Para Calle del Oso Víctor entrega a Ana una serie de canciones más arriesgadas y audaces que las contenidas en el primer disco. Destaca el sonido, imbuido del espíritu progresivo del momento, y al que contribuyen los músicos convocados a la grabación. Entre ellos, Iñaki Egaña, que había estado en formaciones como Alacrán o Barrabás. Egaña firma la música de la extraordinaria “Desde la noche a la raíz”, una de las grandes canciones de Ana Belén en los setenta. Eléctrica e impetuosa, contiene un texto vertiginoso que parece agrupar en sus ráfagas cantadas todo ese tiempo de incierta espera, de inquietud, de búsqueda que tenía que ver con el febril 1975. Cantaba Ana Belén, desatada y perenne: «La muerte y el perdón/ nublaron la razón / el hacha y el temor a un Dios. / Violaron la canción/ perdimos la ilusión/ entre vulgares dioses de cartón».

7. “La muralla” (La paloma del vuelo popular, 1976)
La paloma del vuelo popular fue un disco importante, en el que Ana Belén se encontró con la poesía del cubano Nicolás Guillén, poesía que venía del pueblo e iba hacia el pueblo. Los versos de Guillén se podían leer como canción y ella los recorre con la intensidad requerida. De aquel disco doble, editado en 1976, alcanzó especial resonancia “La muralla”, con música del grupo chileno Quilapayún, que ya hicieron de ella una pegadiza pieza de resistencia. Pero Ana, con el refuerzo de Víctor, hará de “La muralla” un himno apegado al propio latir de la transición democrática. Para hacer una muralla, como escribió Guillén, se necesitan todas las manos, blancas y negras. Lo mismo podría decirse para la democracia recién conquistada que debía convertirse en un sueño colectivo. Habrá versiones rotundas de “La muralla” como esta de 1980, cantada delante del propio Nicolás Guillén en una visita a la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba) que había fundado el propio poeta.

8. “De paso” (De paso, 1977)
En su tercer disco, grabado en 1977, Ana Belén graba esta enorme canción de Luis Eduardo Aute, que se la llevará un año después a su disco Albanta. El mensaje es claro: el pensamiento no puede tomar asiento y vivir es un accidente. El pensamiento es estar de paso. Todo se torna efímero y la vida es un ahora fulminante, carente de sentido. Ana firma una interpretación llena de matices de esta sugestiva pieza filosófica, tan consustancial al propio universo desplegado por Aute en su extraordinario cancionero.

9. “Desde mi libertad” (Ana, 1979)
Los setenta agonizan y Ana, con un pie en el estribo de los ochenta, graba esta enorme canción, otro espejo que le pone delante Víctor Manuel, conocedor de su mundo más íntimo. Y es ese mundo el que Ana Belén recorre en esta bellísima balada de corte indudablemente feminista. «No llevaré ninguna imagen de aquí/ me iré desnuda igual que nací/ debo empezar a ser yo misma y saber/ que soy capaz y que ando por mi piel…». Ana Belén canta desde su libertad y se siente fuerte porque es volcán y ha de emprender vuelo. De nuevo la metáfora del ave y de la libertad muy presente en la poética de la canción de aquellos años. Y la capacidad de Víctor de dibujar con exactitud y emoción el propio momento vital de la artista.

10. “Agapimú” (Ana, 1979)
Y, de repente, “Agapimú” (o “Amor mío”) y la reminiscencia griega del buzuki. Ana, grabado en 1979, era un disco que tenía que ver más con la década inminente (los ochenta) que con la década que se clausuraba (los setenta). La propia evolución musical de Víctor Manuel en aquellos años es la de Ana, con Danilo Vaona como persona musical de referencia. “Agapimú” es una canción exultante, de deseo amoroso encarnado en la naturaleza, que alcanzará una enorme popularidad. Canción original de Giorgio Conte, Mia Martini y Dario Baldan Bembo, en feliz adaptación al castellano de Luis Gómez Escolar. “Agapimú” lo ha soportado todo, hasta esta versión de confinamiento que Ana Belén grabó con Ojete Calor.

Artículos relacionados