“Infiltrado en el KKKlan”, de Spike Lee

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CINE

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“Un agridulce, si bien entretenido, filme policial”

 

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“Infiltrado en el KKKlan”
Spike Lee, 2018

 

Texto: ELISA HERNÁNDEZ.

 

Resulta difícil pensar en un realizador cinematográfico que haya hecho más por la representación de la población negra de EEUU en la gran pantalla que Spike Lee. Desde “Do the right thing” (1989) hasta el documental “Four little girls” (1997), pasando por el biopic de Malcolm X de 1992, pocos directores han consolidado toda una carrera en torno a atrevidos y certeros comentarios políticos sobre el racismo estadounidense. Su nueva película, “Infiltrado en el KKKlan”, se basa en las memorias de Ron Stallworth (John Davis Washington), el primer agente de color del departamento de policía de Colorado Springs, que, a finales de los años setenta, se infiltró en la división local del Ku Klux Klan con la intención de desmantelarla. Por razones obvias, Ron deberá llevar a cabo esta acción en simbiótica relación con su compañero Flip Zimmerman (Adam Driver), de origen judío: Ron habla por teléfono con el Klan, Zimmerman se hace pasar por él en persona.

En un caldeado momento como el actual, en el que el supremacismo blanco parece haber regresado a la palestra tras décadas en los márgenes del discurso oficial (a pesar de que a nivel material nunca ha dejado de tener protagonismo en el funcionamiento interno de la sociedad estadounidense), “Infiltrado en el KKKlan” parece resultar pertinente y oportuna. Haciendo uso de recursos de ruptura de la cuarta pared y con la intención de impresionar al espectador con elementos que cortan la acción (tanto visual como narrativamente), Spike Lee deja de lado la “sutilidad” visual de algunas de sus películas más recientes para retomar el activo discurso político de la obra que lo consolidó durante los años noventa. Esto sucede especialmente al final del filme, cuando una serie de imágenes contemporáneas nos recuerda la actualidad de la cuestión tratada y los problemas que, aún hoy, surgen del omnipresente racismo. Mediante la relación de Ron con Flip y el resto del departamento de policía por un lado y de Ron con Patrice (Laura Harrier), la líder del sindicato estudiantil local, por otro, el filme explora la noción de que muchas más cosas nos unen que nos separan y, a pesar del breve y contemporáneo epílogo, finaliza con la detención de los miembros del KKK y de un agente de policía cuyo racismo es durante el filme especialmente descarado, y con el protagonista dejando en ridículo a David Duke (Topher Grace), entonces “gran mago” del Klan.

Hay sin embargo algo chirriante en esta película, especialmente en torno a la representación del departamento de policía de Colorado Springs como, en última instancia, un aliado potencial del movimiento de liberación negra y, sobre todo, como discrepantes con el racismo expresado tanto por uno de sus miembros como por los (caricaturizados) miembros del KKK. Boots Riley (la cabeza pensante detrás de la brillante y excepcional “Sorry to bother you”) critica la idealización del agente policial en la lucha contra el racismo y describe el filme como propaganda, poniéndolo en relación con la propia actividad de Lee en favor de la policía local de Nueva York. Y es que aunque intente cerrar con un tono de esperanza y potencial de reforma, la propia evolución histórica de los departamentos de policía estadounidenses y su rol, todavía hoy, en la reproducción de una rampante discriminación racial hace que “Infiltrado en el KKKlan” pierda su potencial revolucionario en favor de la advocación por una mera capa de pintura superficial sobre un sistema cuyas bases y raíces están podridas, resultando así en un agridulce, si bien entretenido, filme policial.

 

 

Anterior crítica de cine: “Quién te cantará”, de Carlos Vermut.

 

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