Antológica actuación de Tom Petty & The Heartbreakers en Londres

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“Está simpático y, aunque no siempre suena espontáneo cuando se dirige al público, se le agradece igual. Los Heartbreakers suenan irreprochables”

 

Londres ha sido la única ciudad europea en la que han actuado este año Tom Petty & The Heartbreakers. Tito Lesende estuvo este domingo en el concierto que ofreció el músico californiano en Hyde Park, dentro del British Summer Time Festival.

 

Tom Petty & The Heartbreakers
Hyde Park, Londres
9 de julio de 2017

 

Texto y foto: TITO LESENDE.

 

“Creo que Tom Petty se quedó tocado de la cabeza. Al menos, desde la muerte de Roy Orbison. Eso dicen”. Quien así habla es el productor e ingeniero Stacy Parrish, responsable del sonido de varios discos galardonados con premios Grammy y, muy especialmente, “Raising sand” (Rounder Records, 2007), la obra maestra de Robert Plant y Alison Krauss. En la víspera del único concierto de Tom Petty and The Heartbreakers en Europa en 2017, Parrish sorbe su vino chileno en la barra del Troubadour, legendario pub londinense, y contribuye a acrecentar la mítica del rubio de Florida (EE. UU.), un artista con fama de raro y cuya fobia a los aviones, en combinación con un caché altísimo, lo mantiene alejado de los escenarios europeos. Por supuesto, Tom Petty todavía no se ha estrenado en España, a pesar de los intentos de los promotores locales; hace cuatro años, en su anterior visita al viejo continente, recibió una oferta española con muchos ceros, pero su equipo la desestimó. En este país, Petty no es una figura de calado comercial y eso aporta riesgo a cualquier operación “tan al sur”.

Este año, el músico de Florida ha interrumpido su serie de conciertos en Estados Unidos para cerrar el festival de verano en Hyde Park, Londres. Un ciclo por el que pasaron en días precedentes The Killers (los más deseados), Kings Of Leon, Justin Bieber, Green Day y Phil Collins, todos los cuales agotaron las entradas en sus respectivas jornadas auxiliados por otros nombres interesantes. El propio Tom Petty llega a este 9 de julio acompañado por su vieja amiga Stevie Nicks; pero también por The Lumineers, The Shelters, Tyler Bryant and The Shakedown o The James Hunter Six, entre otros, para dar forma a una jornada dominada por el sonido de raíz estadounidense.

En la parada de metro más cercana a Hyde Park, un músico callejero toca su adaptación de ‘Free fallin’’ a cambio de la voluntad. La reventa funciona a gritos, sin disimulo. No quedan entradas ni camisetas oficiales a media tarde. Proliferan los sombreros de copa entre el público, de una media de edad avanzada. El control de acceso es riguroso, pero extraordinariamente fluido. Ya en el interior, dos grandes robles delimitan el escenario principal. La oferta hostelera del recinto emana olores diversos a alimentos muy especiados, panceta frita, paella con chorizo, cerveza de baja graduación y menta fresca para los mojitos. La muchedumbre es, en su mayoría, civilizada: respetan colas, accesos y caminos. Se mastica el relajo.

Otra leyenda sostiene que Tom y los suyos evitan probar sonido juntos. Reservan la química para el concierto. Tanto si esto es verdad como si no, los Heartbreakers salen a la hora estipulada y aporrean sus instrumentos informalmente para comprobar que todo va bien y entonces aparece el patrón en medio de un clamor educado. ‘Rockin’ around (with you)’, ‘Mary Jane’s last dance’ y ‘You don’t know how it feels’. Tom no se sale del guion. El repertorio de esta noche es el habitual de esta gira, en el mismo orden, sin margen para la espontaneidad. Petty está más empático de lo normal en él; hace entrar en juego al público e incluso interactúa brevemente con la cámara. Tiene ante sí un monitor que le recuerda sus propias letras. El sonido es impecable; un prodigio para tratarse de un espacio tan abierto, y la ausencia de viento está de nuestra parte. Los coros de las hermanas Charley y Hattie Webb (antes con Leonard Cohen) ofrecen un colchón a la voz de Petty y la réplica de oficio en ‘Don’t come around here no more’, que brilla con el sonido de sitar en la guitarra de Mike Campbell.

 

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Petty invita a la gente a cantar y encadena ‘I won’t back down’ y ‘Free fallin’’. Aunque estos temas pertenecen a su trabajo en solitario, hoy celebramos 40 años desde el primer elepé de Tom Petty and The Heartbreakers, autotitulado y publicado en noviembre de 1976. El concierto va rodado y el líder relaja el tic que hace temblar su labio superior. Tom es una estrella en EE UU, pero no todos los días toca ante 60.000 personas. Está simpático y, aunque no siempre suena espontáneo cuando se dirige al público, se le agradece igual. Los Heartbreakers suenan irreprochables. Cuatro de los cinco elementos que grabaron aquel primer disco están hoy sobre el escenario. Han sobrevivido a sus respectivas familias. Sobresale el excelso baterista Steve Ferrone; “el mejor músico con el que he tocado y, probablemente, el único bebé negro de Brighton”, dice Tom. Está inspirado Benmont Tench, a quien Petty conoció cuando era joven porque “sabía tocar “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” con su teclado de principio a fin”.

En 1978, Tom Petty comenzó a recibir llamadas de Stevie Nicks, musa rubia de Fleetwood Mac en su momento de triunfo comercial. Juntos grabaron ‘Stop draggin’ my heart around’; esta noche, Stevie aparece en el escenario junto a Tom para rememorarla y, aunque en otras ocasiones la armonía vocal haya empastado mejor, el caso es que funciona igual y la banda sonríe.

Un trío de temas de “Wildflowers” (1994), incluyendo la pieza titular, baja el punto de intensidad del espectáculo, que roza la dispersión con los desarrollos instrumentales de ‘It’s good to be king’. Pero entonces entra ‘Learning to fly’, la gente canta y asunto arreglado. ‘I should have known it’, del enérgico “Mojo” (2010), ofrece a Campbell una plataforma de tributo a su amado Jimmy Page; con el bombo a mitad de tempo, este tema sería puro Led Zeppelin y esto hay que decirlo más. También es importante recordar que de la unión de ‘Refugee’ y ‘Stop draggin’…’ sale ‘Run to you’, de Bryan Adams. Volviendo a la labor guitarrística de Campbell, eterno escudero, Petty confesó lo siguiente: “En 1970 vi un anuncio en una tienda de música. Solo había una dirección; ningún teléfono. Fui a su casa y lo vi con una guitarra de 60 dólares. No parecía prometedor. Pero tocó el riff de ‘Johnny B. Goode’ y le dije: “Te quiero en mi banda para siempre”. Y aquí está uno de los mejores guitarristas de rock: Mike Campbell”.

El show terminó como estaba escrito: con ‘You wreck me’ y, finalmente, ‘American girl’, el tema que puso a Petty en el mapa hace cuatro décadas, una de esas historias diseñadas por y para el proletariado estadounidense del sur que, sin embargo, se han demostrado igual de eficaces a este lado del charco Atlántico. Aunque sea una vez cada varios años. Aunque nunca se sabe cuándo será la próxima.

Se pregunta uno, ante la sensación eufórica generada por el recital londinense de Petty, cuánto de este sentimiento obedece al valor intrínseco del ejercicio y cuánto al carácter exclusivo del evento o del propio artista. Pero la epidermis no miente y el vello erizado deja en evidencia al crítico más sieso: gracias, Tom, por tus canciones, y ven más a menudo, no seas mamón.

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