Hablo tu idioma pero no lo entiendo, de Litus

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DISCOS

«Parece llegado de otro tiempo y otro lugar, donde el reloj transcurre más despacio y donde la belleza y la inteligencia lo inundan todo»

  

Litus
Hablo tu idioma pero no lo entiendo
U98 MUSIC, 2019

 

Texto: JUAN PUCHADES.

 

Con el fascinante El sur del cielo Litus inició en 2006 una carrera que ha transitado esas carreteras secundarias que únicamente saben apreciar los buscadores de sonidos al margen de los grandes lanzamientos, o de lo que programa la radio guay o seleccionan las revistas musicales empeñadas en descubrir una nueva rueda cada poco. Litus, que sabe que la rueda se inventó hace mucho, no juega a eso, ni en esas ligas. Tampoco tiene edad de ello. Lo suyo es disfrutar del gran pop y apostarlo todo a la canción como unidad de media, como pequeña obra de arte que debe funcionar por ella misma como una piedra preciosa engarzada con destreza en oro. Una escuela que tiene grandes maestros, de Paul McCartney, Brian Wilson o Ray Davies a Stevie Wonder, Jeff Lynne o Elvis Costello, por citar nombres rutilantes que todos conocemos. Pero también podríamos mencionar, mirando a nuestro entorno, a José María Guzmán o Coque Malla. Compositores e intérpretes que son como arquitectos pop empeñados en edificar canciones que perduren, que aspiren a ser eternas. Tan eternas como fugaces somos nosotros mismos.

Para ello recurren a materias primas nobles y conocidas, de las que no defraudan, pero que en sus manos, en las de Litus (yendo a quien nos trae aquí), se transforman en algo nuevo con sabor clásico, inspirado por el pop de los años sesenta y setenta pero oscilando sin miedo hacia otras corrientes: vodevil, folk, sonidos latinos, funk… La suya es una paleta amplia, panorámica. Pero es que no hay fronteras para un músico formado en los bares y que parece educado en la mejor tradición, la de machacar discos hasta desgastarlos, hasta descubrir los secretos que encierra cada pieza. «Creer más en Lennon que en Cristo», canta en “Sóc Zulú British”, y con ello lo dice todo. Además, a una aparente facilidad melódica se une una voz cálida y dúctil, que sale airosa de enfrentarse a registros variados. Ese es el mundo sonoro de Litus, y en él continúa en esta quinta entrega, Hablo tu idioma pero no lo entiendo.

Un álbum que llega en su momento de máxima popularidad, pero popularidad adquirida al estar cada noche, de lunes a jueves, encargándose del micrófono y la guitarra en la increíble banda de Late Motiv, el programa televisivo de Andreu Buenafuente (quien diseña la cubierta del álbum). Popularidad, por tanto, sobrevenida, no como consecuencia de su propia obra. Pero así es la vida, y uno cree que a Litus le tocará seguir siendo ese gran conocido-desconocido que graba discos inmensos y emocionantes pero que, ¡ay!, solo es secreto para connoisseurs. Aunque intuyo que tampoco le pesa demasiado, que lo ha asimilado. Y desde luego al oyente le importa poco, porque se trata de disfrutar de la música, y aquí quedan cortes tan deslumbrantes como “Adam Worth”, “Hamish Stuart”, “Erno Rubik” (con sus aires funky, suavemente bailongos), “Hablo tu idioma pero no lo entiendo”, el tremendo y acongojante “Rev Levinson”, “Sóc Zulú British”, “Margaret King” o “Gaston Julia”. Por destacar algunos en una obra en la que no sobra nada y en la que sus vaporosas pero a ratos punzantes canciones se visten con delicados arreglos de cuerdas y certeros coros. Además, Litus cuida los textos hasta el detalle, y en ellos reflexiona sobre la vida, sobre los sinsabores y las insatisfacciones cotidianas. Y, como quien no quiere la cosa, deja dos de los más impactantes versos del pop español en 2019: «Envejecer es habitar tierra extranjera, / donde las reglas del país natal ya no valen» (“Rav Levinson”). ¡Uf!

Cierto que no ayuda mucho en la difusión la extraña y disparatada decisión de que la mayor parte de las canciones tengan título con nombre y apellido de personas (conocidas). Quizá sea una buena manera de llamar la atención, pero dificulta enormemente el recordarlas, y obliga a hacer un esfuerzo innecesario. Detalle menor, en cualquier caso, en un disco actual (merecidamente destacado en Efe Eme entre los mejores del año que acaba de concluir) que parece llegado de otro tiempo y otro lugar, donde el reloj transcurre más despacio y donde la belleza y la inteligencia lo inundan todo. Un mundo, en suma, mucho mejor.

Anterior crítica de discos: Gimnasia menor, de Chaqueta de Chandal.

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