“Going blank again”, de Ride

Autor:

OPERACIÓN RESCATE

 

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“Además de un gran deseo por dejar atrás etiquetas, convivían en continua tensión dos formas de entender la composición que se alejaban cada vez más”

 

Fernando Ballesteros nos transporta a 1993 para celebrar el segundo disco de Ride, el cuarteto de Oxford que despuntó dentro del movimiento shoegaze de los 90.

 

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Ride
“Going blank again”
SIRE, 1992

 

Texto: FERNANDO BALLESTEROS.

 

En la segunda mitad de la década de los ochenta el término shoegaze hizo fortuna en el pop británico. Aquel sonido en el que las melodías luchaban con una distorsión abundante y que situaron en el mapa My Bloody Valentine, Slowdive o Sweverdrive entre otros aumentaba el número de adeptos, y más grupos se iban subiendo al carro. Todos habían escuchado a The Jesus and Mary Chain, aunque ninguno era capaz de plasmar todo aquello en píldoras melódicas de tres minutos como los hermanos Jim y William Reid. Algunos tampoco lo pretendían.

En ese contexto apareció Ride, un cuarteto que venía de Oxford y que enamoró a Alan McGee, el capo de Creation, quien terminó haciéndose con sus servicios y ejerciendo las labores de mánager. Alan vio a cuatro tíos que apenas llegaban a los veinte y que manejaban con maestría las influencias de grupos como los propios Valentine o House of Love, pero con un descaro juvenil y una frescura que le cautivaron.

Volviendo al dichoso Shoegaze, a comienzos de los noventa la etiqueta tenía una cierta carga peyorativa. Al fin y al cabo procedía de la costumbre de estos grupos de tocar sin apenas establecer contacto con su público y con la mirada perdida apuntando al suelo, allá por las inmediaciones de sus zapatillas. Tal vez porque no se sentían cómodos en el saco, o porque en su ADN estaba el gusto por otras melodías, estructuras y sonido más clásicos, pero Ride decidieron trascender el shoegaze para su segundo elepé, el siempre difícil segundo disco. Y para ser justos, hay que afirmar que su salida del pelotón se consumó por la puerta grande.

Con el grupo y el reputado Alan Moulder encargándose de la producción, “Going Blank Again” no suponía una ruptura total con el sonido de sus primeros singles y su puesta de largo con “Nowhere”, pero sí ampliaba de forma notable el catálogo. Mark Gardener, Andy Bell, Laurence Colbert y Steve Queralt querían ir más allá, y vaya si lo hicieron. Y eso a pesar de que los ocho primeros minutos del disco, los de ‘Leave them all Behind’ con ese muro de sonido que abraza una melodía hipnótica que termina atrapando, podían hacer pensar en una continuación de sus anteriores grabaciones.

 

 

Pero no era así. Entre otras cosas, por ‘Twisterella’, la segunda canción del disco. Simplemente un tema de pop pluscuamperfecto con sus guitarras limpitas, de esos que no te cansas de escuchar jamás. Pero aquello quedaba muy lejos de sus orígenes y se acercaba mucho más a lo que tantos seguíamos esperando –y seguiríamos haciéndolo unos cuantos años más– de los mismísimos The Stone Roses.

 

 

Conviene aclarar que en Ride, además de un gran deseo por dejar atrás etiquetas, en el peor de los casos para abrazar otras, convivían en continua tensión dos formas de entender la composición que se alejaban cada vez más. Andy Bell, que más tarde militaría en Oasis y Beady Eye, estaba más orientado a la búsqueda de la canción pop redonda, mientras que Mark Gardener tiraba hacia el otro lado, el del Feedback y la distorsión, el de la experimentación que asoma la cabeze en canciones como ‘Mouse Trap’.

Con todo, la mejor canción no ya del lote sino de toda la carrera de Ride es, probablemente, la que cierra el disco y lo es precisamente porque auna lo mejor de una y otra escuela. Sí, amigos: ‘0X4’, la síntesis perfecta de lo que era el grupo en 1992, es magia desde el primer hasta el último segundo de sus más de siete minutos. Voces que envuelven y un ritmo que engancha en su repetición constante, al servicio de un tema inmortal.

 

 

Con estos mimbres y un grupo que vivía su mejor momento, el disco funcionó en el apartado comercial y terminó vendiendo más de 100.000 copias, conquistando el oro. Una lástima que las tensiones entre sus principales creadores comenzaran a dinamitarlo todo desde dentro. Por el camino dejaron una continuación más que digna con «Carnival of Light» para desaparecer del mapa antes de que «Tarantula», su triste final y decididamente su disco más flojo, viera la luz.

Como ocurre tantas veces, fue un cierre en falso y aún había cuentas pendientes. Quizá por eso, el año pasado volvieron a los escenarios, una posibilidad que sus cuatro miembros sometían a votación en una reunión anual en la que lo habían ido descartando una vez tras otra, hasta que decidieron que había llegado el momento. Hace pocos días se anunciaba que en la primera mitad de 2017 habrá nuevo disco de Ride. Y yo, que tengo mucha fe, creo que los de Oxford aún nos pueden hacer pasar buenos momentos. Pronto saldremos de dudas.

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